(...) Sigue picando en esta vena y verás lo que pasa: las madejas rojas se partirán en dos como lo hace la calceta. Se acanala en mi palma, como el latido, baqueteando para irse, como si compartiera el conocimiento de un reyezuelo en otra parte, más allá del mundo anillado en su ojo, estación y zona, en el iris radial, la mirada fija, apuntada, apuntando.
Derek Walcott













