La enfermera, el perro, el ébola y el cuñadismo.
Que España es un lugar esperpéntico lo llevamos viendo desde que empezó la crisis, al menos. Pero lo que sucedió ayer ya supera los límites para preguntarse, seriamente, si no vivimos en una película de los Monty Python. Porque lo de este país no es normal. La cantidad de idiotas que hay en este país no es normal.
Todo comienza con la comparecencia de la ministra Ana Mato hace dos días. Que la señora es una inepta lo saben hasta en Mongolandia. Tenía que haber dimitido hace tiempo, por Gürtel, pero aún está por ver cuánta responsabilidad tiene en el asunto del ébola. Creo que las cosas llevan su tiempo y que ahora es momento de resolver la crisis sanitaria, no de cambiar ministros. El resto ya vendrá después. Y ya, ya sé que ella pidió la dimisión de Chacón en 2009 por un brote de gripe A, pero eso solo demuestra su incoherencia, no una razón para dimitir.
El caso es que la inepta dio una rueda de prensa vergonzosa en la que elevó la alarma social en vez de rebajarla. En cambio, sí hizo una cosa bien: dejar hablar a los expertos (que tampoco tenían mucha idea del tema y así fue). Pues nada, ruge la fiera tuitera: "Queremos a un experto como Ministro de Sanidad". Ah, ahora la tecnocracia mola. Para el Ministerio de Economía no, ahí que gobierne el pueblo, pero para Sanidad sí. Bien. Hubo algún periodista que se quejaba de lo mierda que es España porque no ponen al frente de Sanidad a una experta. El día en que se entere de que el ministro noruego de Sanidad es abogado, el sueco es sociólogo, el inglés estudió política y economía y el francés igual, lo mismo le da un infarto.
Otro llegó a decir que a Ana Mato habría que aplicarle el Código Penal por violar las normas de prevención de riesgos laborales. Y peor fue otra señora, que acusaba a la ministra de asesinato "con premeditación y alevosía". Ahí queda eso.
Ayer por la mañana el esperpento continuaba, siendo la máxima exponente Ada Colau, que acusaba a la ministra de urdir un malvado plan para "exterminar" a gente. Hubo más. Un tipo decía que hay que "decretar el estado de alarma y distribuir mascarillas en el transporte público". Creo que dormirá mucho más tranquilo cuando se entere que el ébola no se transmite por el aire. Otro más preguntaba: "¿Y si un brote de ébola en España permitiera declarar un beneficioso estado de alarma ante el desafío catalán?". Cada tonto con su tema.
No obstante, no fue hasta la tarde cuando empezó el mayor brote de cuñadismo y gilipollez de la historia reciente.
El cuñadismo es un modo de vida y de opinión que consiste en dar argumentos simplistas, erróneos y falaces y hacerlos pasar como serios, sensatos y de sentido común. Se llama cuñadismo porque su fuente de poder suele encontrarse en la figura de los cuñados (o tíos, en su caso), que se dedican las cenas de Nochebuena a arreglar España en dos horas.
Ayer el brote empezó con un perro. Se llama Excalibur y es el perro de la auxiliar infectada de ébola. Resulta que las autoridades madrileñas quieren sacrificar a Excalibur porque puede estar infectado y ser transmisor a humanos del virus. El marido de la auxiliar infectada hizo un llamamiento para que le "ayuden a salvar al perro". Porque, claro, qué puede haber más importante en ese momento que el perro. ¿Una mujer? ¿Su mujer? No sé. El resultado fue que las hordas tuiteras acudieron al rescate del pobre Excalibur. Primero abrieron una petición en Change para salvarlo, lo cual se suma a otras peticiones exitosas como "Firma por la paz mundial" que han cambiado el mundo. Segundo, acudieron al piso de la auxiliar (que a saber cómo consiguieron la dirección) para plantarse en la puerta y evitar que las autoridades se llevaran al perro. Creo que aun están en ello y que incluso un abogado ha entrado en la casa. Todo muy normal.
Mientras tanto, los periodistas se quejaban de que la Policía no les dejaba entrar en el piso donde residía la infectada (qué vergüenza, no dejarles entrar en propiedad privada y además foco de una enfermedad mortal) y publicaban en las webs fotos de la pobre mujer (el derecho a la intimidad ya tal). Además entrevistaban a una vecina que seguía los protocolos de seguridad a la perfección: se tapaba el dedo con la manga para tocar el botón del ascensor, no fuera a ser que se contagiara al tocarlo. Otra vecina se quejaba de que la puerta del domicilio está cerrada pero no precintada, como si el precinto impidiera que el ébola pudiera salir de ahí o algo.
En las redes la situación era para mear y no echar gota. Uno: "A la que habría que sacrificar es a la ministra". Otro: "Y todo esto por culpa de los putos curas". En este sentido, otro llegó a decir que el ébola era culpa de "la religión". Porque salvar a perros sí, pero lo de salvar a misioneros como que mejor no. Curiosas prioridades las de esta gente.
Una señora se preguntaba indignada que dónde están los derechos humanos del perro y otro buen hombre decía que lo que había que hacer es llevar al perro a un hospital... un hospital para humanos.
Incluso hay algunos que se quejan de que ese sacrificio no cuenta con el permiso del dueño.
No quiero imaginarme qué pasará cuando esta gente sepa que salvar al perro va a implicar experimentar con él. El argumento definitivo lo leí por decenas: "Es que es inocente". Claro, los infectados por ébola son culpables de estar así y tal. La mejor propuesta que leí (ojo, este es el nivel) fue que lo que hay que hacer es llevar al perro a casa de la ministra, "a ver si la contagia". Pues llévalo, pero con cuidado de no dejarlo en el garaje, que la ministra tenía aparcado un Jaguar de procedencia dudosamente lícita y afirma que ni se enteró. Lo mismo llevas al perro allí y se muere antes de que Mato se percate de su presencia.
En fin, que ayer por la noche lo relevante era el futuro del pobre perro y no el de la auxiliar enferma. Y no se me confundan, que yo no apoyo la muerte del animal (antes habría que mirar cualquier otra alternativa menos drástica, empezando por comprobar si está infectado), pero tampoco la descarto si es necesario hacerlo como si fuera el mayor drama que tiene este país. Que he visto más apoyo al perro que a los, hasta ahora, 3 españoles infectados de ébola. Insisto en la idea: miles de muertos en África por la pandemia y aquí preocupados por un perro. Estamos enfermos pero de otra cosa.
Y se pueden dar muchos buenos argumentos para culpar a la inepta ministra y para salvar al pobre Excalibur, pero no, en este país preferimos el circo y hacer el payaso. Hay días, como ayer, en los que el ébola es poco para lo que nos merecemos. Una lluvia de napalm, por ejemplo. Mañana por la mañana, al despertar, napalm para todos y a la mierda España.