Apu, Cletus y por qué Trump ganó las elecciones
A finales del año pasado se estrenó en EEUU un documental de 50 minutos llamado “The Problem with Apu”. En él, el cómico de origen indio Hari Kondabolu ponía el foco en un personaje de Los Simpson: Apu Nahasaapemapetilon, el simpático dependiente del Badulaque. Kondabolu veía en él un perjuicio racial, un estereotipo alimentado durante los 28 años que la serie lleva en antena. Apu es de origen indio, con un fuerte acento extranjero y licenciado universitario pero condenado a trabajar 23 horas al día en una tienda. Para colmo, a Apu le pone voz Hank Azaria, un hombre blanco que fuerza el acento, que para Kondabolu es como si “un hombre blanco imitara el acento de otro hombre blanco burlándose de mi abuelo”. El estereotipo de Apu, afirma Kondabolu, ha hecho que él y otros estadounidenses de origen indio se hayan visto constantemente asociados al personaje y al estereotipo que representa. Hasta tal punto ha llegado la polémica que la serie ha tenido que pronunciarse y el propio Matt Groening ha declarado que “vivimos en una época en la que a la gente le encanta fingir sentirse ofendida”. Los Simpson es una serie basada en estereotipos. Los italianos son mafiosos o chefs de comida italiana, los escoceses visten con falda y tienen carácter desagradable, los hispanos son actores de medio pelo, los policías son imbéciles y vagos, los ricos son malvados y avariciosos y el Partido Republicano tiene su sede en el sótano de un castillo similar al de Drácula. ¿Por qué quejarse del estereotipo de Apu y no del del Sr. Burns? Kondabolu responde que el Sr. Burns representa al poder y que, por tanto, el estereotipo está permitido, pero no con Apu, que es un inmigrante que se mata a trabajar. Bien, puede ser aceptable en el caso del Sr. Burns. Incluso puede serlo en el caso de todos los hombres blancos (amarillos) que aparecen en la serie y que gozan de un estilo privilegiado de vida respecto al del pobre Apu. De todos menos uno. Esta polémica me ha hecho recordar un personaje blanco (amarillo) igual de maltratado (o quizá más) que Apu y que nadie presta demasiada atención: Cletus Spuckler. Cletus es un hombre, granjero y pobre. Es prácticamente analfabeto, zoofílico y pro-armas. Vive con Brandine, que es su esposa y probablemente familiar cercano, con la que tiene 30 hijos. Cletus representa el estereotipo del redneck. En 1997, un tipo llamado Jim Goad escribió “Manifiesto Redneck”, un libro que ahora está de moda porque explica las causas del ascenso de Trump con un anticipo de 20 años. Un redneck es un estereotipo de trabajador blanco de renta baja y entorno rural, que pasa los días trabajando bajo el sol (y dejando el cuello rojo del calor). Durante décadas se ha considerado un término despectivo, equivalente a llamar paleto a alguien, pero actualmente muchos trabajadores (sureños sobretodo) lo usan con orgullo. Los redneck son, en su inmensa mayoría, descendientes de inmigrantes europeos en los primeros años de las colonias, que fueron usados en el mejor de los casos como siervos ( y en el peor como esclavos, al igual que los negros) por otros hombres blancos. Goad es un personaje polémico, violento y ultra, pero al parecer dio en el clavo al afirmar que lo peor de América no es el racismo sino un tema casi tabú (lo que el llama “el secreto más sucio”): el clasismo: la discriminación por clase, de una élite blanca a negros y blancos pobres por igual. Que hay más distancia entre un blanco pobre y un blanco rico que entre un blanco pobre y un negro pobre. Para ocultar las desigualdades de clase, las élites conservadoras azuzaron el conflicto racial, evitando la solidaridad entre trabajadores de cualquier raza. El Partido Demócrata, otrora defensor de los trabajadores, se centró en las políticas de identidad de las minorias y en la clase media blanca urbanita, universitaria y cosmopolita y se olvidó del trabajador blanco rural, al que señaló con el dedo como culpable de no quererse integrar en un sueño americano que en realidad nunca estuvo a su alcance. Con cada vez más precariedad laboral en un mundo globalizado y sin perspectiva de futuro, los redneck fueron abandonados a su suerte y estigmatizados por los blancos intelectuales desde sus púlpitos urbanos. En tiempos del multiculturalismo, los redneck son prácticamente el único colectivo que puede recibir insultos racistas (les llaman “whitetrash”, basura blanca) sin ningún tipo de reproche social. Hoy día la historia de los redneck incluye desestructuración familiar, paro, pobreza, un indice bajo de estudios, drogadicción y suicidios. Y entonces llegó Trump y les habló. Trump no es un redneck, es millonario, pero sí es un outsider, alguien a la contra incluso en el Partido Republicano. Trump les prometió “devolverles su país”, poner fin a la globalización haciendo regresar a las empresas y los empleos, limitar la inmigración y aceptar su estilo de vida, sus creencias y costumbres. Mientras Hillary Clinton, el establishment blanco hecho persona, se dedicaba a calificar de “cesta de deplorables” a los partidarios de Trump, este se encargaba de ganárselos. Y así fue. La noche electoral, Trump ganó el voto del trabajador blanco por más de 40 puntos frente a Hillary. El redneck prototípico, blanco, conservador y rural se convirtió en el gran votante de Trump. La victoria de Trump fue su respuesta de años de cabreo. Mientras en Nueva York y Washington, en ambientes cosmopolitas, medios liberales y círculos universitarios se preguntaban qué habia podido pasar y seguían mirando por encima del hombro al votante, la respuesta siempre estuvo en que vivían en una burbuja sin comprender (quizá sin querer hacerlo) la realidad del interior del país, que había toda una masa de gente con el agua al cuello a los que ni el establishment republicano ni mucho menos el Partido Demócrata prestaban atención. Volviendo a Los Simpson, en el famoso capítulo de la proposición 24 (¡No a la 24!) que buscaba expulsar a los inmigrantes ilegales del país, el pueblo entero (salvo Marge y Lisa, que son siempre el punto liberal de la serie) apoya la proposición. Cuando Homer descubre que Apu va a ser expulsado intenta ayudarle a pasar el examen de ciudadanía para después apoyar el No a la 24. Apu puede tener un falso acento indio o vivir para trabajar eternamente en el Badulaque, pero está perfectamente integrado en Springfield. Si alguien usa al personaje como arma racista contra la comunidad india no es porque esté mal diseñado. Aun así, Hank Azaria ha dicho que esta dispuesto a abandonar el personaje de Apu o a reformularlo para que no resulte ofensivo. Da la casualidad de que Azaria también es quién pone voz a Cletus, pero su parodia del redneck no sufrirá variaciones, por muchas ofensas que provoque. Porque Los Simpson son un reflejo satírico de la sociedad americana y esa sociedad reflejada, clasista desde su fundación, ha dado la espalda a una parte de la misma. Por eso Trump ganó las elecciones y por eso Cletus seguirá siendo votante suyo.













