Día 8
Estos días han sido tan difíciles que ni siquiera he tenido ánimo para escribir pero hay tantas cosas que quiero decirte.
Después de tantos meses de estar contigo, regresé a mi casa junto con mi mamá y mis hermanas. Estar en tu casa me hacía echarte más de menos y de alguna forma me hacía creer que tú volverías, que estabas en el hospital y que mejorarías. Pero la realidad es que ya no estás aquí y ya nunca te volveré a ver. El último día que estuve en Delicias, dormí en tu cama y sentí que tu me abrazabas y estabas ahí conmigo. En ese cuarto oré por ti, por mi y por la familia. Te dije todo lo que sentía en ese momento y de cierta forma me sentí mejor. Tus sábanas y tus cobijas tenían tu esencia y todos esos recuerdos.
Antes de irme, me despedí de mis tíos y primos, porque la verdad en estos momentos el estar todos juntos me fue de mucha ayuda porque todos comprendían un poco mi dolor. Y al despedirme de Ale, Armandito y mis tíos, me solté llorando porque ellos estuvieron muy presentes cuando te enfermaste y todo lo que ocurrió después. Entre todos hicimos lo mejor que pudimos para que te sintieras bien y espero que haya sido suficiente. Pasé tanto tiempo conviviendo con ellos y me acostumbré a su presencia. Y al decir adiós, me dolía tanto el corazón. Pero Ale me dijo algo que nunca se me va a olvidar y que me ablandó el corazón. DIjo: ´´Sé que siempre que te ibas a ir, mi abuelita lloraba porque te iba a echar mucho de menos pero ahora que ella no está, yo soy la que va a llorar por ti cuando te vayas´´. Y ya sabes como es Ale, es una persona tan hermosa y tan llena de amor. Sin ella, este proceso sería más complicado pero gracias a Dios que pudimos estar juntas este tiempo. Otra persona a la que extrañaré mucho, es a mi tía, ella y yo fuimos las que nos desvelábamos cuidándote. Ella fue la que te llevaba al doctor, te traía los medicamentos y se preocupaba por lo que tú y yo íbamos a comer. No sólo vio por ti, si no por mi también y es algo que siempre le voy a agradecer.
Ahora que estoy lejos, me siento un poco más tranquila pero aquí en mi casa también hay recuerdos contigo. En estas fechas, tú solías venir para Acción de Gracias; mi mamá y tú se encargaban de la cena y yo les ayudaba. Siempre que venías yo me sentía tan dichosa porque odiaba estar lejos de ti. Odiaba las circunstancias que nos separaban y la distancia. Los días que te quedabas, todos éramos más felices porque eras bien ocurrente y siempre estabas dispuesta a ayudar aunque no te lo pidiéramos.
Yo estaba tan acostumbrada a ti, a hablar contigo y a contarte cómo iba mi día. A veces me sentía tan triste y te llamaba, y me dabas palabras de aliento como solamente tú sabías hacerlo. ¿Y ahora a quién le llamaré? ¿Y ahora quién va a ser mi confidente? ¿Y ahora a quién le voy a preguntar qué hacer con ciertas situaciones? ¿Y ahora quién me va a dejar besos marcados en la mejilla? ¿Quién hará todo eso?
Ay abuelita, me haces tanta falta y estos ocho días sin ti han sido terribles. Te amo y te extraño tanto, mi hermosa campamocha.












