Alma desnuda.
Suelo recordar cuando mi cuerpo lo único que buscaba era calor corporal en una lucha interminable de no querer sentir más eso llamado amor.
¡Te encontré!
Tu tan completa he independiente sin necesidad de amar...
Un día extendiste tu brazo y mi rostros se reposo en el, sintiendo como mi corazón se aceleraba, mi cuerpo temblaba y mi piel se erizaba, tratando de recordar cómo se respira, si, así me sentí, tan afortunado de poder ser quien se regocigara entre tus brazos en una bella obscura y fría noche de madrugada, tu qué puedes estar con quién desees, ese breve instante me elegiste a mi.
Momentos que desearía durarán más que una eternidad...
Cómo explicarte que realmente me enseñaste a amar, si tu qué te jacta de no tener corazón, si tu, me mostraste que es sentir placer de poder dormir a tu lado, más que un vago deseo de satisfacer una necesidad básica.
No pude haberme sentido tan feliz como el echo de que tus huellas latentes siguiesen en mi rostro, como el indicio de un sentimiento mutuo.
Sin esperarlo, ni pensar que tú alma se desnudara ante mi, noté un mensaje de ti el cual leí durante repetidas ocasiones, tratando de hacerme a la idea que decía: *Te amo*.












