No voy a negar que los recuerdos a veces ocasionan la nostalgia de querer devolver el tiempo o de salir a buscar a quien soltamos, preguntarle cómo le va y si quiere un abrazo. Hay que ser demasiado fuerte desde el corazón y no del rencor, porque costó demasiado tener que despedir personas porque todo giró hacia un peligro en el que íbamos a perder. Perder la fe y nuestro amor propio, la dirección y control de nuestro tren de sueños, la seguridad de irnos a dormir a la cama sin tener que pensar qué pasará mañana.
Dicen que cuando la soledad gana espacio y le cedes el terreno, te consume y no entiendo porqué en la oportunidad de encontrarte, así sea a solas tienen que dibujarle un monstruo con garras como si fuese a destrozarte. He aprendido, por supuesto que sí, por ejemplo a tener más empatía conmigo y soltar ese sentimiento de culpa pero también de apego cuando todo ha cambiado y nada es igual, ni como antes, ni como cuando uno se sentaba y todo estaba en paz.
¿Sabes querido yo? Nos dirán Estupidos y tontos cuando nos alejemos de todo eso, sucede que algunos adoran vivir en la tierra de la hipocresía, donde todos dicen apoyarse pero se apuñalan con la lengua, se traicionan con todo eso que piensan y no se dicen, se abrazan y se juran lealtad cuando la verdad, nada es cierto. Gana más el interés y el status que una amistad sincera. Nos liberamos de eso, nos liberamos de ellos y la rabia estará ahí persiguiéndote, el pasado acidándote pero el presente y tú ahora, te sonreirán para recordarte que tomaste la decisión correcta, que nada malo pasará y si pasa, tú podrás.
Muchas noches te fuiste a dormir lleno de rabia, la impotencia te hablaba, desde la rabia y tu cama te defendías y ahora estás aquí, en una realidad donde todo es tranquilo, nada está roto, tú estás a salvo, te has reconciliado contigo y te diste cuenta la primera semana que dormiste y despertaste sin esa pesadez en el alma. Las grietas que quedaron se abarrotaron de esperanza, la ansiedad cedió y se durmió para siempre en esa última carta de despedida.
-Alejandro Sequera
Libro: Querido yo, vamos a estar bien .














