Izcalli del CCM
Mientras viajo tengo mil excusas para no leer. Que tengo que romper mi récord de buscaminas (147 segundos, a mucha honra), que la música se disfruta más sin distracciones, que tengo que mirar por la ventana del camión para irme familiarizando con el rumbo. Hoy no hubo excusa y con una lista de reproducción que he escuchado mil veces tomé el mismo camión que siempre tomo cuando voy a la antigua casa de mi abuela en Izcalli del Valle, en compañía de un libro que tras más de 8 meses de haberlo empezado simplemente no lo logro concluir. Qué decepción, haber concluido el viaje a 5 páginas del final. Puedo decir que el viaje valió la pena, pues vi a algunos familiares. Aquí para ver a la familia debe haber un buen, qué digo buen, un motivo excepcional. Quién sabe, contrasta tanto con la otra mitad de mi familia que me parece extraño que la gente no se busque, no se hable, ni siquiera se lleve bien a veces. ¿Y quién soy yo para tratar de unificar a los hijos de mi abuela, en paz descanse? Ella les enseñó, pero no estoy seguro que hayan aprendido mucho del perdón, la comunicación, la fraternidad. Dicen que sobre cada generación recae el deber de mejorar a la anterior, y por ahí va la cosa. Cualquiera que me conozca sabe que no soy el que inicia la conversación, ni el que conoce a todos o el que se gana la confianza rápidamente. Y no hay nada de malo en ser como soy, pero quizás erro en desear una familia que actúe diferente.
*Sutil transición a un tema sin relación pero acerca del día de hoy*
Allá en la delegación Gustavo Adolfo Madero existió una preparatoria mormona llamada Benemérito de las Américas, la cual hace no mucho fue transformada en un Centro de Capacitación Misional, una escuela con diferentes alumnos. Allí van constantemente misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días para ser, vaya, capacitados y aprender español, si aplica. Hoy me conocieron (porque ellos no me dieron sus nombres a mí) un grupo de unos 25 de ellos, todos americanos y muy seguramente sin una pizca de conocimiento del idioma español. Fui para una actividad de simulación, como que yo no era Mormón y allí me enseñaban sobre la doctrina de la religión. Fue muy emocionante ponerme en un papel que si bien fue actuado no fue del todo falso, pues traté de responder las preguntas que me hacían con mi forma de pensar, que no es ni religiosa ni atea. También las preguntas que tuve que formular a los misioneros fueron cosas que de la religión no me cuadran del todo, hasta la fecha. No veo una mejor forma de prepararme para el papel que voy a cumplir por dos años.








