FAILS, LA RACIĂN ANTIDEPRE DE LOS DOMINGOS POR LA TARDE.
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FAILS, LA RACIĂN ANTIDEPRE DE LOS DOMINGOS POR LA TARDE.

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C-c-c-combo breaker!!
âïžDonde el fuego y el frĂo se tocan
Parte 2: Otra despedida mĂĄs
El sonido de las sirenas retumba en el suelo y en los bigotes de mi compañera, que se retuerce mientras se oculta entre mis piernas. Ese sonido desesperante que intenta llegar rĂĄpido y evitar lo inevitable.Â
Mientras los paramĂ©dicos hacen lo suyo, yo sostengo la mano de esta mujer. Al principio se asustĂł al verme pero en cuanto la toquĂ©, parece que la realidad chocĂł en su consciencia. Un momento de ira surcĂł sus ojos, luego tristeza y ahora se observa pacĂfica, sosteniĂ©ndose tambiĂ©n de mi mano.Â
âÂżYa es hora, no? âpregunta en un susurro que traga un suspiro ÂżO es un sollozo?.Â
âYa es hora. ÂżEstĂĄs lista? âdigo con una voz ronca y plana, casi aburrida.Â
âNo⊠¿Me dejarĂas despedirme de alguien?
âPuedes, pero solo en sueños, o un susurro. A algunos les gusta poseer algĂșn ave o mariposa por algunos segundos para hacerlo. Y los mĂĄs tercos tiran algĂșn jarrĂłn o rompen algo antes de irse. Aunque eso Ășltimo no te lo recomiendo, manipular objetos a veces te deja atrapado en ellos. ârespondo con el mismo tono. Es un discurso que he dado tantas veces que sale en forma automĂĄtica.
La acompaño a un jardĂn infantil, y como una brisa le susurra algo a una niña de unos 4 años que se encontraba jugando en los columpios. La niña rĂe inocente con la mirada perdida en la direcciĂłn de la mujer, sin verla del todo, pero igual, algo parecĂa notar.Â
Una vez que se despidiĂł, estĂĄbamos listos para continuar.Â
Llamo a mi compañera que salta a mi mano con esa agilidad felina tan suya, cambiando de forma a unas tijeras, frĂas pero palpitantes, y con un movimiento simple y ligero, el hilo dorado la conectaba aĂșn a su cuerpo y al mundo terrenal fue cortado. DeshaciĂ©ndose en lo que parecĂa una brisa que arrastraba algunas semillas de dientes de leĂłn cercanas. No muy lejos de la niña.Â
Antes no habrĂa sido tan amable. No tomaba manos ni preguntaba deseos. Pero alguien me enseñó la paz que se puede compartir con ese simple gesto.Â
Hace mucho tiempo.
đLink parte 3
đŹ 2  đ 0  â€ïž 3 · Donde el fuego y el frĂo se tocan: đ„Parte 3 No estoy segura de cuĂĄnto tiempo he estado aquĂ. Simplemente exploro estas

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El accidente
Una tarde de invierno me encontraba agobiada por las voces. No sabĂa lo que eran y no me dejaban en paz, tenĂa que escapar pero no sabĂa cĂłmo. Lo Ășnico que se me ocurrĂa era la muerte, suceso que adoraba pero no tenĂa el valor para concretar.Â
DecidĂ salir a dar una vuelta en bicicleta para calmarme, llevĂ© algo de marihuana conmigo, quizĂĄs eso me podrĂa relajar.Â
LleguĂ© a una plaza que daba al mar y en el pasto me dispuse a calmarme un poco, sin embargo las voces insistĂan con su presencia, me perturbaban de tal forma que solo pensaba en evadirme.Â
Le dĂ un par de pitadas al cigarrillo para ver si el efecto de la droga me calmaba un poco, fue peor. Las voces fueron mĂĄs molestas. âQue se mateâ decĂan, me negaba a ello, pero perdĂ la discusiĂłn. âSi quieren que lo haga entonces lo voy a hacerâ, pensĂ© mientras tomaba la bicicleta poniĂ©ndome los auriculares con la mĂșsica a todo volumen para no escuchar las voces que me quitaban la calma. Convencida de lo que iba a hacer sin saber cĂłmo, me encaminĂ© a mi casa por las calles vacĂas del barrio.Â
Ese dĂa decidĂ tomar un camino distinto solo para despejar la mente.Â
DoblĂ© a la derecha y a mitad de cuadra decidĂ tomar rumbo a la izquierda en la siguiente esquina. Sin mirar atrĂĄs comencĂ© a virar. âViene un autoâ dijeron las voces. Inmediatamente vislumbro una camioneta que me topa por el costado a mediana velocidad pero lo suficiente para enganchar el espejo retrovisor con el manubrio de mi bicicleta y llevarme puesta. Apenas la vĂ soltĂ© el manillar. âYa fueâ pensĂ©, creyendo que no volverĂa a ver la luz del dĂa.Â
Inmediatamente todo puso negro, no sentĂa nada, hasta que empecĂ© a ver sucesivamente todo blanco y luego negro una y otra vez.Â
Estaba nublado y el resplandor del sol cubrĂa la tarde. Me dĂ cuenta de que estaba rodando por el piso. De alguna forma decidĂ parar: âtĂĄâ pensĂ© cuando puse las manos en el asfalto.Â
Inmediatamente empecĂ© a llorar desconsoladamente. Las voces se detuvieron.Â
MirĂ© a mi alrededor y vi a una mujer corriendo hacia mĂ. Me quiso levantar para sacarme del medio de la calle. No la dejĂ©, asĂ que decidĂ ir gateando hasta el cordĂłn de la vereda. Mientras me desplazaba veĂa las gotas de sangre caer de mi frente. No llevaba casco, solo la capucha de la campera.Â
SabĂa que tenĂa una herida en la cabeza, por lo cual me tenĂa que mantener despierta, tenĂa que distraerme hablando, asĂ que le di charla a la muchacha.
Ella manejaba la camioneta y estaba con los hijos, habĂa ido a buscarlos al colegio.Â
LlamĂ© a mis padres y les avisĂ© que habĂa chocado. Inmediatamente llamĂ© a la ambulancia que tardĂł bastante en llegar. Antes llegaron el marido y el padre de la conductora de la camioneta. Luego llegaron mis padres y finalmente la ambulancia.Â
Mi padre se llevĂł la bicicleta -que solo tenĂa el manubrio girado- y mi madre decidiĂł acompañarme en la ambulancia.Â
Me pusieron un collarĂn y me tuve que sentar en una silla de ruedas para subir a la ambulancia. En el viaje me dieron morfina mientras hablĂĄbamos con el paramĂ©dico y mi madre. âÂĄDescuidĂ© mi vida!â le dije consternada a mi madre, âTe rebasĂł a menos de un metro de distanciaâ me dijo el paramĂ©dico, âes su responsabilidadâ.Â
Mientras todo esto sucedĂa se activaron las voces, hablaban de todos los planes que tenĂa, era como si le estuvieran contando a los paramĂ©dicos toda mi vida. No sabĂa si era real o no, por las dudas no decĂa nada.Â
âViajaste con JesĂșsâ dijeron las voces al llegar al hospital.Â
Me dieron cinco puntos en la cabeza, la semana siguiente logrĂ© ver los moretones del accidente. Â
No sĂ© si tuve suerte o no, tampoco sĂ© como las voces sabĂan que venĂa un auto justo cuando iba a doblar. Durante los años que tuve alucinaciones tanto auditivas como visuales muchas cosas que me decĂan coincidĂan con la realidad.Â
Supongo que soy una persona intuitiva y que eso se manifestĂł a travĂ©s de esos sucesos. Tampoco me voy a poner a escarbar en eso, ya no tengo alucinaciones. Lo que sĂ sĂ© es que choquĂ© en medio de un brote psicĂłtico y que quizĂĄs la morfina pudo haber agudizado las alucinaciones de forma temporal.Â
Si alguien sabe quĂ© efecto puede tener dicho fĂĄrmaco en personas que tienen este tipo de condiciones estarĂa muy agradecida de que me lo hicieran saber.
Majazo