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4.04 | 4.05 | 4.08
[ butchfemme carmilla ] “Let us look again for a moment; it is the last time, perhaps, I shall see the moonlight with you.”
Tag Team At The Teeth: The Misty Ascent/Beyond The Shroud

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Blackpaper
Es un lujo poder detenerse a sanar. La mayoría trata de continuar la vida con el alma rota.
Cosas de Laura.
La verdad que nadie quiere decirte es esta. Puedes vaciarte entero y no va a alcanzar. Puedes dar hasta que te duelan las manos de tanto sostener a alguien que ni siquiera nota el peso que cargas por él, y aun así, cuando levantes la vista buscando algo, no gratitud, ni siquiera eso, solo un gesto que confirme que exististe en su vida de alguna forma, vas a encontrar la misma cara vacía, la misma indiferencia bien entrenada de quien nunca ha tenido que ganarse nada porque siempre hubo alguien como tú dispuesto a regalárselo.
Y ahí está la trampa que nadie te enseña a ver a tiempo. Uno cree que la ingratitud es un error de cálculo. Que si diste mal, o poco, o de la forma equivocada. Entonces das más. Te reinventas en función del otro, ajustas tu bondad como quien afina un instrumento, pensando que el problema está en la nota y no en el oído sordo que la recibe. Pero no. La persona ingrata no es una ecuación mal resuelta. Es una ausencia. Un hueco donde debería haber capacidad de reconocer, y no la hay, y no la va a haber, y no importa cuánto fuego le arrimes a un cuerpo que no sabe sentir calor.
Lo más duro no es que no te agradezcan. Lo más duro es darte cuenta de que estuviste mendigando una respuesta que ese lugar simplemente no tiene la arquitectura para darte. Como pedirle profundidad al espejo. Como esperar que el eco te devuelva una voz distinta a la tuya.
Y quizás lo que hay que enterrar no es la generosidad esa no se toca, esa es tuya y es sagrada sino la expectativa. Ese hilito necio que te ata a esperar algo de quien ya demostró, con hechos y con silencios, que no tiene nada para darte de vuelta. Porque mientras sigas esperando, sigues siendo rehén de su vacío. Y tu bondad, que debería ser un río, se convierte en un pozo seco de tanto dársela a quien nunca tuvo sed de verdad, solo hambre de lo que tú tienes y él no.