las cosas parecían marchar diferente entre sofía y ella. lo cierto es que no estaba segura de si era algo bueno o malo pero, al igual que las drogas, se sentía jodidamente bien teniéndola a su lado y más ahora que parecían haber estrechado lazos sin apenas darse cuenta. con la pista recuperada y las pilas puestas, quería enseñarle a la mexicana su estudio y ya de paso, darle un regalo muy especial: la única obra que había producido mientras estaba invidente. cuando el timbre de la puerta sonó, llevaba pintura del color IKB hasta los codos y tenía dos grandes lienzos en el suelo: uno roto en medio y otro intacto por debajo. “está abierto.” bramó al tiempo que se inclinaba y mojaba una vieja tela en disolvente para limpiarse las manos. “bienvenida a la batcueva.” bromeó, acercándose a ella y, de forma estúpidamente instintiva, dándole un beso en forma de saludo.