Últimamente no le entiendo nada a la vida. Aunque, siendo sincera, nunca la he entendido del todo. Siempre he dicho que parezco estar destinada a vivir con alguna tristeza, como si cuando una se va, otra encontrara la manera de ocupar su lugar.
Y no entiendo por qué.
No entiendo cómo veo a otras personas construir sus vidas mientras yo sigo aquí, detenida entre puertas que no terminan de abrirse, buscando oportunidades que parecen existir para todos menos para mí. No entiendo por qué hay tanto dolor innecesario en mi historia, por qué algunas heridas parecen empeñadas en repetirse una y otra vez.
Tampoco entiendo por qué, posiblemente, estoy viendo desarrollarse una historia tan parecida a la que mi mamá vivió con su mejor amigo. Como si ciertas tragedias se heredaran en silencio y encontraran nuevas formas de regresar.
No entiendo qué está pasando. No entiendo qué va a pasar conmigo.
A veces miro hacia adelante y el futuro se siente como una habitación oscura: sé que existe, sé que tengo que entrar, pero no puedo ver absolutamente nada de lo que me espera ahí dentro.
Y quizá eso es lo que más me duele. No la tristeza, no el miedo, no la incertidumbre. Sino la sensación de estar viviendo una vida para la que nunca recibí instrucciones, intentando encontrar sentido en cosas que parecen no tenerlo.
Simplemente no entiendo. Y por primera vez, siento que estoy cansada de intentar hacerlo.












