Ella está rota, quiere sanar
Me siento muy vacía por dentro. La apatía me corroe. Y la tristeza se arrastra por todo mi ser ahogándome poco a poco hasta dejarme sin respirar.
Hoy volví a tener un episodio. ¿Sabes de esos episodios de los llamados "locos" que lloran y gritan, se desgarran la garganta y autolesionan, y se tiran de los pelos hasta que ya no pueden más? ¿Sabes a qué me refiero? Pues bueno, esta vez no fue tan así, aunque por desgracia también los he sufrido. Soy un caso roto, ya ves.
Esta vez fue un sollozo silencioso. Ojos llorosos que entelan la visión. Y un corazón encogido. La sensación del estómago pesado, revuelto y turbio. La mirada perdida. Y el cuerpo inmóvil. Y escuchaba los gritos y el llanto de mi hermana que me gritaba, y se enfadaba, con razón, por mis acciones. Harta del maltrato verbal y de mis estúpidas miradas acusativas. Lloraba de rabia e impotencia. Sabiendo de sus errores pasados y pidiendo perdón y explicaciones a mi persona. Y yo seguía ahí, inmóvil, sin reaccionar.
La tensión en mi cuerpo era palpable. Rígida. Mirada en un punto fijo. Corazón prieto y un nudo en la garganta imposible de deshacer. El palpitar de la sién y el calor me recorría el cuerpo. Y yo inmóvil, quieta como una estatúa. Incapaz de reaccionar. Aturdida por la incesante plegaria. Inútil. Y ciertamente, estúpida por dejar que mis emociones más enfermas se apoderasen de mi una y otra vez.
Me quiero corregir y dejar de sentirme así. Quiero ser libre de esta presión que me altera y debilita mis puntos fuertes. Quiero ser capaz de vivir y gozar de la vida en todos sus sentidos. Dejar de sentirme atada, enjaulada, y volar. No quiero volar muy lejos. Eso no, no me interesa. Pero quiero vivir. Y experimentar. Y probar. No tener miedo a errar. Y ser fuerte. Y ser feliz. Y conseguir que mi alrededor sea bonito. Y vivo. Y rico. Y libre.
Quiero verte feliz, hermanita. De verdad lo quiero. Estoy enferma. Siempre lo he estado. Y cada vez voy a peor. Ya soy mayor para estas cosas y pierdo fe en corregirme. Cuando te pasó a ti, yo ya estaba enferma. Pero en silencio. Empeoré más, sí. Y te mentí. Muchas. Demasiadas veces. Y tú me has pillado. Y aún así he seguido. Mintiendo.
Creo que me volví inmune al sentir culpabilidad y por eso creo que estoy rota. Alejo el sentimiento de culpa y lo intento dejar atrás, enterrarlo profundo. Pero eso también es mentira. Luego vuelve, y muy fuerte, y me atormenta. Mucho.
Vivo con miedo. De muchas cosas. Y me arrepiento de tantas. Sobretodo del daño que os causo a todos.
No soy feliz. Es fácil verlo. Quiero cambiar.
Estoy muy enferma. Recaigo fácil y cada vez es más intenso. Más alejada de la cura. Y más cerca del vacío. La nada.
La noche es oscura y fría. Muda. Un silencio ensordecedor que deja al descubierto esos miedos que despiertan con fuerza y me carcomen por dentro. Y me aterra.
Ayer lloré. Tenía un nudo en la garganta y emociones contenidas. Probablemente hoy llore también, impotente al recodar mis errores y repasar los constantes disgustos que no dejo de daros.
Apenas puedo hablarte. Mi voz sale entrecortada y rota. Y muy floja, casi inaudible. Y me da rabia. Y tú no me escuchas. Y nadie me escucha. Y no puedo alzar más la voz porque enseguida lloro, y entonces para evitarlo me encierro en mi misma, y me callo. Silencio mudo. Así ha sido siempre. Y creo un problema. Una nube que no hace más que agrandarse hasta que estalla en una gran tormenta de la que es imposible encontrar refugio y escapar. En la que te empapas sin buscarlo. Con truenos ensordecedores y temibles.
Perdóname. Te quiero mucho. A todos os quiero mucho. Y me da miedo perderos. Pero actúo raro. Mal. Errática. Sin sentido. No me sé expresar bien. Me da vergüenza e inseguridad el verme vulnerable. Es evidente, ¿a qué si? Y me hago la "fuerte" fingiendo indiferencia. Creyéndome que es así. Y creo que ya lo empiezo a conseguir, el ser indiferente, y eso me aterra.
Y aunque ya no pueda sentir casi, lo siento mucho. Te lo pongo muy difícil a ti. Lo sé. Soy una dictadora. Un ser malvado que te pone obstáculos constantemente y no te deja avanzar. Progresaste mucho. Y lo valoro, y me sorprende mucho el cambio que has hecho. Eres muy fuerte. Y yo soy y siempre seré esa cobarde que se esconde detrás de ti. Perdonáme por ser tan estúpida. Lo siento. Me cuesta decírtelo a la cara. Pero de verdad, te deseo lo mejor. El rencor y la rabia que te tengo son un reflejo claro de mis inseguridades y miedos internos. Tú no mereces eso. Nunca, pero menos ahora.
Tú me has dado muchas oportunidades y yo las he perdido todas. Y sigues dándome más. No las merezco. Te volveré a hacer daño. Y volverás a llorar y a enfadarte por mi actitud. Mi apatía. Y mi falta de reacción. Y no quiero eso.
Estoy enferma. Y no me sé expresar muy bien. Necesito ayuda para curar mi yo interior, sanar esas heridas internas para ser un ser funcional, vivo y aunque me cueste, feliz. Feliz de estar contigo y compartir esta vida juntas. Como buenas hermanas.
No puedo prometer que estos episodios no se repitan sin antes buscar ayuda. Decir que lucharé por intentar evitar las recaídas es otra de las muchas mentiras que te he dicho. Esto es un bucle y nunca parece acabarse.
Me da miedo volver a caer. ¿Caeré en breve? Seguro que sí. Soy un ser decepcionante. Y camino con un sentido errático por la vida. Soy de lo peor.
Siempre me sentí diferente a una edad temprana. Diferente y distante a los demás y sus conductas. Tú y yo somos iguales, y me entiendes cuando digo estas palabras. La relación con mi entorno siempre ha sido huidiza. Nunca aspiré a conectar con nadie. Nunca tuve interés.
Los ojos y la consciencia del tiempo hacen que contemple las cosas con una perspectiva diferente y vea lo rara y triste que es esa situación.
Ahora no me queda nadie más que tú y aún así me aseguro de hacerte la vida imposible. Sí, lo pasé mal por tu culpa pero intentas sanar y seguir adelante. Lo hiciste fatal y me amargaste la vida por muchos años. Y yo decidí arruinarte la tuya más cruda y fríamente. Y mi salud mental en riesgo del colapso. Bueno, más bien debería decir ya colapsada y en caída abismal.
Me cuesta perdonar y dejar atrás. No se me da bien y nunca he progresado.
Pedir perdón tampoco sirve. Las palabras son vacías, y en mi caso, carecen del significado que ellas acarrean.
Demostrar progreso y sanar es un acto de voluntad traducido en acciones reales, no meras palabras que se las lleva el viento.
Si no pongo empeño en ello, y comienzo a notar cambios positivos nada más podrá curarme. Lo tengo claro. El deterioro mental es cada vez mayor y en cuestión de poco tiempo mi mente es cada vez más débil y sucumbe fácilmente. No soy fuerte. Nunca lo he sido. La constancia era una de mis aptitudes más bien valoradas y sin embargo es la que ahora menos practico.
No haré promesas vacías. No te diré palabras bonitas sobre un cambio radical. Eso no funciona. Pequeñas acciones conscientes de progreso, esos serán mis pequeños aportes para sanar nuestra relación, y poco a poco avanzar a ser mejor persona. Contigo y conmigo misma. Con el entorno. Con todos. No quiero desaparecer. Quiero seguir y exprimir al máximo que pueda esta vida que me ha sido otorgada y valorarla como debo. Demostrar madurez y responsabilidad en mis acciones. Y ser constante en el camino hacia una mente sana y estable.
Seré fuerte y venceré esta enfermedad.