Sola
sola bajo el agua que cae y cae.
Los ruidos se agrisan, termina la tarde,
y siento que añoro o deseo algo,
quizĂĄs una lĂĄgrima que rueda y que cae.
Sola bajo el agua que cae y cae,
sola frente a todo lo gris de la tarde
pensando que añoro o deseo algo,
quizĂĄs una lĂĄgrima color de la tarde.
Sola bajo el agua,
sola frente al duelo sin luz de la tarde,
sola sobre el mundo, sola bajo el aire.
Sola,
sola y triste, lejos de todas las almas,
de todo lo tierno, de todo lo suave.
Silencio, tristeza, la muerte mĂĄs cerca
en el marco triste y sin luz de la tarde.
(1937 a los diecisiete años)
No sé qué hay en lo noche, en la luz, en el alma,
no sĂ© si fue esa mĂșsica dolorosa y fantĂĄstica
o si este silencio perfumado y oscuro
o esta luz de crepĂșsculo perfumada y callada.
Me faltan tantas cosas que me duelen las manos
que se alargan dolientes, pĂĄlidas y vacĂas.
Da hasta miedo seguir
si con tan pocos años pesa tanto la vida.
Nunca tan cerca de la vida. Nunca.
Nunca tan grande como hoy la muerte,
sobre todo, ante todo, al fin de todo,
y yo, sintiéndome ir trågicamente.
La tarde que se muere se agiganta.
Yo me siento perdida.
Da hasta miedo seguir
si con tan pocos años pesa tanto la vida.
(1939 a los diecinueve años)
Mis manos
estas manos queridas
ya no saben
a qué cosa aferrarse
CreĂa haber llegado.
Ser.
Dije que eso era todo.
Y lo es.
Pero
habĂa olvidado algo
o renunciado
tranquilamente
a ello.
Y ahora
me pregunto
si en mis noches vacĂas
no anhelaré la estrella.
(1940 a los veinte años)
Ya en desnudez total
extraña ausencia
de procesos y fórmulas y métodos
flor a flor,
ser a ser.
aĂșn conciencia
y un caer en silencio y sin objeto.
La angustia ha devenido
apenas un sabor,
el dolor ya no cabe,
la tristeza no alcanza.
Una forma durando sin sentido,
un color,
un estar por estar
y una espera insensata.
Ya en desnudez total
sabidurĂa
definitiva, Ășnica y helada.
Luz a luz,
ser a ser,
casi amiba,
forma, sed, duraciĂłn.
luz rechazada.
(1941 a los veintiĂșn años)
CuĂĄndo ya noches mĂas
ignoradas e intactas,
sin roces.
CuĂĄndo aromas sin mezclas
inviolados.
CuĂĄndo yo estrella frĂa
y no flor en un ramo de colores.
Y cuĂĄndo ya mi vida,
mi ardua vida,
en soledad
como una lenta gota
queriendo caer siempre
y siempre sostenida
cargĂĄndose, llenĂĄndose
de sĂ misma, temblando,
apurando su brillo
y su retorno al rĂo.
Ya sin temblor ni luz
cayendo oscuramente.
Ahora soy una mano,
una mano tendida,
una mano vacĂa,
abierta, azul y helada.
Para qué las violetas
y para qué la vida.
Para nada.
Ahora soy unos ojos,
unos ojos sin llamas
que se alargan vacĂos
en la luz desolada.
Para qué los jazmines
y para qué la vida.
Para nada.
ÂżY las claras estrellas
y las hojas caĂdas
y los libros azules
y las cuerdas del arpa
y los brazos en alto
y las manos transidas
y los gritos del cuerpo
y los gritos del alma?
Ah, no sé, ya no sé.
He quemado mi frente,
he quemado
los candores mĂĄs Ăntimos,
la mĂĄs alta esperanza,
he quemado mis panes
y he quemado mis trigos,
he quemado mi tierra
y he quemado mi agua.
Y ahora qué.
Ah, los ojos,
estos ojos sin nada.
Hoy tengo el corazĂłn frĂo y azul,
los ojos de neblina
y las manos heladas.
Ah, madre,
qué cansada estoy,
qué cansada.
Si ya no puedo mĂĄs con este fardo
este fardo sombrĂo
que me he echado en la espalda.
Y estos que van conmigo
y que me escuchan
se miran y preguntan
¿De qué fardo nos habla?
Ah, madre,
no sabes cĂłmo estoy
de cansada.
Poemas primeros de Idea Vilariño (Montevideo, Uruguay, 1920-2009), fue poeta, crĂtica literaria, compositora de canciones, traductora y educadora.
Fuente: Idea Vilariño â PoesĂa completa â Editorial Lumen â 2016.