— summary: you celebrate bucky’s birthday with him and try to make him feel special because his day should be a good one and in the process, discover a lot more about your boyfriend.
— a/n: it’s his day <3 since july 19th is technically buck’s bday on the screens (seb wished him a happy name day too and i’m emotional) so let’s all pretend it’s march 10th and the world’s grumpiest ex-assassin is turning a hundred and seven. happy name day to bucky bear!
— word count: 1.1k.
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part of you had to admit: you thanked the gods that bucky’s friends and family now consisted in so much diversity.
you wouldn’t know what to do if celebrating his birthday equaled cookouts with a bunch of white folks.
probably dry, bland food and generic music, but you’d endure it for him. you loved him and that would’ve extended to the rest of the barnes group—all irony aside, they were probably great women and you would’ve loved to meet them. he was a product of his home, you believed.
“you’re thanking god right now that this cookout ain’t happening in the forties, aren’t you?” sam joked behind you, almost giving you a heart attack.
his stealth had gotten way better since becoming captain and coming out of the shadows like he did now often left you in this position—with a hand over your heart and one holding the nearest surface.
“i’m putting a fucking bell on you, i swear on god—”, you started. sam laughed at you brightly, and moved closer to clap you in the back.
“sorry y/n, i’m too used with that one now and i forget to announce myself,” sam said, pointing outside of the boat to where bucky was arriving with the cake.
you could see through the window bucky averting the swings and fake jabs from sarah’s kids—this was old routine, sam told you once, and they were getting better with it each time. more intense fighting choreographies that show how much good capoeira is doing to the boys.
bucky pretends to be hit by one of the punches and balances the cake perfectly on his metal hand, and you feel laughter bubbling in your chest.
“please tell me you got the number candles,” you asked, turning to sam.
he answered with a pointed look and finger at you, that wicked wilson smile on his face.
“this is why i love you, girl.” sam ruffled around a bag and took out a 1, 0 and 7 candle sticks from it. “here you go. get that cake ready and in the fridge.”
you carefully placed the candles in the cake you had baked. sam opened the fridge for you to slide the cake inside and just as you two closed it, bucky entered the kitchen, taking his sunglasses off.
“i came!” bucky announces brightly, smiling at the two of us.
you and sam exchange pleased looks, then nod at him.
“thanks for coming to your own birthday party, man,” sam answered, buttering his tone in sass.
“yeah, i’m proud of you for that,” you joke too. bucky frowns at sam’s direction and then turns to you to pout, and you can’t help but laugh at him. “you’re too much. come here,” you open your arms and make a come hither in bucky’s direction, but sam cuts in.
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Llevo muchos meses sin subir nada, los ánimos, los estudios y general, la vida no me permitían hacerlo. Tengo algunos escritos ya terminados y varias ideas rondándome por la cabeza. El caso, es que es muy probable, que dentro de dos semanas o así, cuando casi esté terminando el curso, volveré a subir contenido.
¿Qué era lo que destacaba en ella y provocaba aquel extraño sentimiento en él? ¿era aquel vestido que llevaba? ¿el peinado que se había hecho? ¿o era la sonrisa tan amplia que tenía mientras se acercaba a él? Ese era él detalle, era esa sonrisa tan sincera y feliz que le estaba dedicando en aquel momento, Namjoon pensó como de afortunado era en aquel momento.
—Hola… —saludó el chico con una sonrisa, contagiado por la de ella— estás muy guapa —susurró, casi de una manera imperceptible, siendo atormentado por la vergüenza.
—¿Tú crees? —la chica dio unas vueltas mientras se agarraba la falda— tu también te has puesto muy guapo —rió y le dedicó una mirada complice— ¿tanto te emociona esta salida?
—¿Eh? —el chico rió con un poco de nerviosismo, apartó la mirada unos segundos para coger el valor que necesitaba— Si, me emociona mucho —la volvió a mirar y volvió a sonreír con sinceridad, mirando los ojos de la chica, queriendo descifrar lo que se le pasaba por la mente para tener una mirada tan brillante— sé perfectamente que te va a gustar…
Hicieron el resto del camino juntos, sentados como siempre en aquel vagón de metro; ella junto a la ventana mientras miraba a través de ella, mientras él sentado justo delante la admiraba de vez en cuando, sin poder evitar que saliera alguna que otra sonrisa boba. Cuando llegaron al lugar, Namjoon compró las entradas y cogió una guía del parque.
—¡Hoy, seré tu guía! —exclamó divertido, cruzándose justo delante de la chica mientras caminaban por los senderos de aquel enorme parque, en dirección al mariposario— Voy a ser un experto en las mariposas y te voy a explicar todo sobre cada una.
—¡Muy bien! Quiero ver cuánto de experto tienes —rió la chica mientras se enganchaba del brazo de Namjoon.
El chico la miró, la quiso llevar por todos los caminos que tenía aquel inmenso parque, quería pasear con ella eternamente por aquel lugar tan bonito que casi parecía sacado de cuento; pero lo importante era otra cosa. Cuando llegaron a las puertas del mariposario, estaba enfrente de un gran edificio de cristal, a pesar de esto era imposible ver alguna mariposa volando de la cantidad de vegetación que había dentro.
—Hemos tenido suerte, no hay mucha gente, así que vamos a poder disfrutar mejor de las mariposas.
–¡Qué emoción! —exclamó la chica mirando el edificio con curiosidad y emoción, a Namjoon le pareció tierno aquel gesto.
Entraron, una gran cantidad de vegetación los esperaban dentro, dispuesta a sumergirles en aquel momento; plantas altísimas y cientos de flores los rodeaban a los dos convirtiendo aquel momento en pura magia.
—Anda, Joonie… ¡es increíble!
La chica sintió que se quedó sin palabras cuando se percató de la cantidad de mariposas que revoloteaban a su alrededor, de distintos tamaños y colores, creando un arcoíris vivo. Namjoon también estaba impresionado por aquella imagen tan hermosa, las mariposas eran increíblemente bonitas, levantó la vista para ver aquellas que estaban en los más alto y se asustó un poco cuando unas pequeñas pasó muy cerca de su cara. Definitivamente, ir al mariposario había sido una idea grandiosa.
—Joonie… —lo llamó la chica
Cuando este se giró vio cómo ella le enseñaba una gran mariposa monarca posada en su mano, el chico sorprendido se acercó a ella con una gran sonrisa.
—¿Cómo lo has hecho?
—No lo sé, simplemente se posó en mi mano —rió la chica— es enorme.
Namjoon dejó de fijarse en la mariposa que tenía en su mano para fijarse en algo mucho más importante; su cara. Ver aquella sonrisa sincera de pura felicidad, cómo emanaba emoción y alegría de su ser consiguió derretir el corazón del chico, sentía la devastadora necesidad de abrazarla, de tenerla entre sus brazos y estrecharla con fuerza. La chica miraba con curiosidad aquella mariposa, sin percatarse de que otra más de la misma familia se quería unir a la reunión posándose en el pelo de ella.
—Tienes otra en la cabeza —rió Namjoon.
—¿Otra? —exclamó sorprendida la chica
—Ouh… espera… viene otra —rió aun más cuando esa se le posó en el pelo— dicen que las mariposas solo se acercan a las personas buenas…
—¿Y por qué no se acercan a ti entonces? —sonrió la chica mientras sentía otra más en su brazo— Me estoy llenando de mariposas.
El chico veía la escena con diversión, sacó el móvil y le sacó varias fotos; quería tener recuerdos sobre ese gran día. Se acercó a ella y poco a poco fue espantando con cuidado todas las mariposas, enredando sus dedos en el pelo de ella para echar las que estaban en su cabeza. Ambos miraron como se echaban a volar anonadados, enamorados de aquella belleza tan delicada. Cuando sus miradas volvieron a cruzarse, él seguía con sus dedos entre su pelo. Ambos estaban absortos con el otro, fue la chica quien sonrió levemente mirándole y admirándole.
Los nudillos de Hoseok estaban blanco por la falta de sangre que había dejado de correr por esa zona de lo fuerte que apretaba el volante. Creía que estaba preparado, pero ni de lejos lo estaba; no estaba listo para enfrentarse a esa situación. Había puesto muchas excusas mientras iban a salir, de repente, mientras su novia lo miraba con desesperación desde el marco de la puerta, él veía cosas descolocadas o ropa sucia que sentía la necesidad de ordenar justo en aquel momento; alargando así el tiempo que le quedaba para enfrentarse a los padres de su novia. No entendía muy bien porqué eso le producía tanto pánico, al fin y al cabo, son los padres de su novia; no unos monstruos que lo iban a comer. Pero es cierto que era la primera vez que vivía esa experiencia, nunca había tenido una novia, por lo tanto, nunca había tenido la oportunidad de dar aquel paso. Y estaba tan feliz como aterrado.
—Tranquilo, cariño… —susurró la chica a su lado en el coche, posando su mano con delicadeza en la rodilla de su novio, acariciándole con cariño mientras le sonreía.
—Lo sé, son tus padres y no me van a comer… pero es algo que me pone demasiado nervioso, es un paso muy grande que nunca había dado antes.
Cuando el coche por fin se paró en el aparcamiento, la chica se quitó el cinturón y se giró a su novio. Lo miraba con adoración y en aquellos momentos, viendo el esfuerzo que estaba haciendo por no dejarse vencer por sus temores, también veía que más allá de la capa de miedo había felicidad y emoción por lo que iba a suceder, ella veía que en el fondo tomar ese paso consolidaría aun más la relación, haciéndola aun más indestructible.
Agarró con decisión las manos de su novio, llamando su atención para que sus ojos se centraran en ella y sus sentidos en lo que tenía que decir.
—Llevamos muchos meses de relación, he hablado de ti muchas veces con mi familia, créeme que es normal que estés nervioso, vas a conocer a las personas más importantes de mi vida. Pero escúchame, cuando entres en ese restaurante y los veas ese nerviosismos y ese miedo que tienes desaparecerá, porque ellos te van a tratar como uno más de la familia, van a preocuparse para que estés cómodo… —besó sus nudillos y Hoseok sintió que se derretía por segundos a causa de aquel delicado acto— puede que mi padre te haga alguna broma serio para ponerte nervioso, pero simplemente es eso, una broma… además, mi padre no dura mucho haciéndose el duro —la chica rió y esta vez le dio un beso en los labios.
—Tienes razón… gracias por decirme esto, eres maravillosa —fue Hoseok el que la besó esta vez— siempre me apoyas, me animas y tienes las palabras adecuadas para hacerme sentir mejor —decía entre besos y sonrisas, mostrando su amor y gratitud en aquellos delicados roces entre sus labios.
—¿Estás listo?, ¿prometes no desmayarte? —bromeó su novia mientras verificaba que tenía todo en su bolso.
—Esa es una promesa difícil de mantener, pero te lo prometo —rieron y bajaron del coche.
Cuando entraron de la mano y dijeron sus nombres, la recepcionista guió a la pareja hasta un reservado donde podrían tener toda la intimidad que quisieran. Dentro, la familia de la chica los esperaban entre bromas y risas cómplices entre ellos, casi no se percataron de que la pareja habían llegado.
–¡Mamá! –exclamó la chica soltando la mano de su novio y corriendo a los brazos de su madre.
—Tu padre y tu hermano también existen, cariño —bromeó el padre, mirando aquel abrazo entre madre e hija, con la vista un poco empañada de la emoción de volver a ver a su hija.
Hoseok no se había movido ni un pelo, admirando aquella escena tan intima y familiar que estaban compartiendo. Estaba sonriendo ampliamente por ver tan feliz a su novia, se tuvo que secar un par de lagrimas que disimuló rápidamente.
—Entonces, ¿este es tu novio? —preguntó su hermano al percatarse de la figura rígida que permanecía en la entrada— acércate y siéntate con nosotros, queremos conocerte.
Hoseok los miró y sonrió aun más pero de manera forzada, solo bastó unas palabras y unos gestos para que volviera a sentirse tan nervioso como antes. Se sentó al lado de su novia, sin percatarse de cómo ella lo miraba con un orgullo desbordante.
—Jhope ¿no? —preguntó el padre.
—Papá, ese es su nombre artístico —rió su novia, contagiando a los demás. Hablaban en español, así que Hoseok solo se quedó sonriendo hasta que su novia le explicó en coreano.
—Mi nombre es Jung Hoseok —se presentó en español, como tanto había practicado con ella. Quería impresionar a sus padres y demostrar que quería una relación buena e intima con ellos; quería que lo aceptaran. La familia de ella se quedó bastante sorprendida y sonrieron.
—¡Vaya, encantados! —exclamó la madre con una sonrisa.
A su lado, su novia lo miraba sonriendo orgullosa, conteniéndose por no comérselo a besos en esos momentos. Así que, simplemente buscó su mano debajo de la mesa y la agarró; llamando la atención de este. Cuando la miró con una interrogante en sus ojos, ella simplemente le sonrió.
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Yoongi miró por la pantalla del televisor, asustado y con mucha curiosidad de lo que estaba viendo. Cerró con fuerza los ojos durante unos segundos, creyendo que así, cuando los volviera a abrir, el televisor volvería a su normalidad. Pero no fue así, la imagen de ella tan nítida y real seguía allí, mirándole con los ojos llenos de lágrimas, con la mirada cargada de un dolor tan real y profundo que le perforó su pecho, hiriéndolo de la misma forma que lo estaba ella. Sentía su pesar, su dolor y su melancolía, le dolía saber que él había sido el culpable de que ella estuviese sufriendo en aquel momento.
–Yoongi… –volvió a llamarlo con un susurro lastimero, tocando aquel frío cristal esperando que se acercara. Pero él tenía miedo, tenía miedo de que ocurriera algo que le causara daño de nuevo.
–Te estoy viendo…
–¿Qué?
–Te estoy viendo… estoy viendo perfectamente tu cara… –dio dos pasos acercándose.
–Dios, se abrió otra ventana… pero no sabía que ibas a poder verme…
–No quise ver ninguna foto tuya sabiendo lo que sabía, pero ahora que te veo… no sé como sentirme al respecto, ¿estás bien?
–Entiendo, la verdad… es que siento un dolor tan real ahora mismo en mi pecho, no puedo dejar de llorar, no puedo dejar de pensar que todo fue culpa mía, que iba muy rápido, no puedo dejar de pensar en mi familia, dios… mi mente ahora mismo va tan rápido…
El chico dio unos pasos más, casi sentía que podría romper aquel cristal y reunirse con ella. Tocarla y poder abrazarla para consolarla, poder decirle algo que fuera capaz de quitarle todo ese daño. No se dio cuenta que se había sentado frente aquella caja antigua, hasta que se le ocurrió posar su mano donde estaba la de ella. La chica al otro lado, bastante sorprendida cogió aire y lo aguantó mientras Yoongi la miraba con atención; quería con todo su ser poder agarrar la mano del chico y apretarla contra su pecho.
–Siento haberte dicho eso no sabía que pasaría todo esto…
–Gracias a ti, sé quien soy… fui –se corrigió soltando una risita triste– gracias a ti sé que tenemos mucho en común…
–Ya teníamos en común
–Pero solo de lo que había visto de ti, ahora, sé cuales fueron mis gustos, cuales eran mis pasatiempos… cuales eran mis metas en la vida.
–¿Te gustaría contármelas? –Yoongi le sonrió con ternura y sinceridad. De verdad quería saber sobre ella, quería conocerla por fin– me encantaría saber sobre ti.
–¿De verdad?
El chico asintió lentamente y ella sintió que aquella tortura que sentía en su ser, aquel dolor que no la dejaba pensar con claridad se disipaba por un segundo, dejándola respirar de una vez por todas. Entonces comenzó a contarle todo, de dónde era y cuantos años tenía, hablaron de música durante horas, de futuros proyectos que jamás se llevarían a cabo, de ideas, aventuras y desventuras. Hablaron sin parar durante horas que lamentablemente pasaban a una velocidad vertiginosa, pasaban sin piedad, sabiendo que el reloj de arena de su relación estaba agotándose. Mientras Yoongi, bastante despreocupado escuchaba con atención cada palabra que salía de su boca, pensando que si la hubiera conocido antes hubiera sido maravilloso y menos doloroso. Le dolía pensar en todas esas metas que ya no podría cumplir, todos esos sueños e ilusiones que se desvanecieron en su muerte. La veía relajada, aquellos ojos verdes había dejado de estar nublados por el dolor cuando había comenzado a contarle cantidad de datos sobre ella, ahora los veía brillantes y grandes. En su opinión, eran los ojos más bonitos que había visto en su vida.
–Yoongi… tengo que darte las gracias… –la chica comenzaba a sentir algo extraño en su pecho, algo tan fuerte como una despedida; sabía que el tiempo con él se había acabado, y aunque días atrás hubiera suplicado por unos minutos más con él, pudiendo ver su cara, y admirar su talento; ahora sentía que estaba lista para despedirse.
–Dime… –el chico miró la hora– ¡Dios mío!, es super tarde, espera voy a prepararme algo de cenar y a ducharme.
–Espera… es solo un momento.
–No tardo nada, media hora
La chica sentía el tirón en su piel, algo que jalaba de ella hacia algún lugar. No sabría describir muy bien que era, pero sabía que era muy fuerte que no quería irse sin despedirse bien de él.
–Llevo enamorada de ti mucho tiempo, Yoongi… –confesó provocando que el chico se parara– siempre fantaseaba con poder salir de aquí y conocerte… cuando me dijiste que realmente soy un fantasma, quería desaparecer de una vez por todas y no verte más… pero conseguiste que me relajara y te contara todo, que viera que aun teniendo un cristal entre los dos, podía ganarme algo parecido a una amistad, ojalá… ojalá mi destino no hubiera sido tan cruel y hubiese podido conocerte cuando aun esta viva, creo que hubiésemos sido muy amigos… gracias por no huir de mi…
–Esto suena una despedida… –Yoongi se acercó al televisor con preocupación y apoyó la mano en el cristal.
–Es una despedida…
–¿Por qué?, no… no te vayas… –le dolía tanto la idea de que se fuera, de que desapareciera de su vida tras un periodo tan corto de tiempo en el que pudieron conocerse, le dolía saber que cuando ella se fuera, se quedaría solo y esa casa ya no volvería a ser como antes; le dolía saber que la persona con la que más había conectado ya no estaría más a su lado.
–Supongo que ahora que ya sé que me pasó ya puedo descansar en paz… siento que solo quedan unos pocos minutos juntos…
–Pero…
–A mi también me cuesta… pero como ya dije, el destino ha sido muy cruel, solamente te pido una cosa, Yoongi… –la chica se acercó a la pantalla y apoyó la palma de su mano donde estaba la de él– tócame esa pieza de piano que siempre tocas y que tanto me gusta…
Yoongi asintió con lentitud y corrió a su piano, cuando miró la teclas tuvo que hacer un sobreesfuerzo en no permitir que la pena cayera sobre él como un bloque gigante de hormigón y comenzó a tocar aquella melodía que tanta paz le transmitía a ella. Ella sonrió mirándole con orgullo, en cierta medida, estaba feliz. No dijo nada, no quería pronunciar aquella última palabra, simplemente se alejó y se dejó guiar por aquel tirón que de repente se había hecho demasiado fuerte como para luchar contra él.
Yoongi dejó de tocar cuando dejó de sentirla, dejó tocar y sus lagrimas comenzaron a caer en sus manos en las teclas, dejó escapar el dolor que supuraba de la herida que con el tiempo conseguiría curar. Sabía que ya no estaba, porque el televisor y el espejo habían vuelto a la normalidad; pero sobretodo porque la casa, ahora metida en una oscuridad lúgubre, se sentía totalmente vacía.
Pasaron tantos días desde que se conocieron por fin, que no se dieron cuenta de que se había convertido en una hermosa y dura monotonía para ambos. Cuando Yoongi volvía de trabajar la saludaba, le preguntaba cómo estaba y ella a su vez le preguntaba por su día, a lo que él siempre le contaba con lujo de detalles aquello importante que había vivido. Casi pareciese que el hecho de que vivían en dos realidades distintas ya no tenía importancia, pero sí que la tenía y mucho. Cuando las semanas fueron pasando la chica solitaria que vivía al otro lado de la realidad, caía cada vez más en un pozo de amor hacía él, poco a poco se iba acercando al agua de donde no podría salir y terminaría ahogándose en la realidad; de que por mucho que quisiera nunca podría estar con él de la manera que quería.
Esos pensamientos fueron borrados cuando Yoongi comenzó a tocar el piano para ella, dejando su mente en blanco para poder concentrarse en la melodía que tanto conocía. Cerrando los ojos durante unos segundos, se dejó guiar por el sonido; pero cuando los abrió y lo vio a través del espejo, su corazón latió tan fuerte que le dolió. Observando cómo levemente fruncía el ceño en algunas partes de la pieza, como su concentración era imperturbable y gracias a eso conseguía crear esa magia. Volvió a la realidad cuando se dio cuenta que la música se había parado muy bruscamente, la habitación se había quedado en silencio y cuando lo miró, este seguía mirando sus manos.
–Tengo que comentarte algo… –dijo al fin.
En aquellas semanas, Yoongi no había podido dejar de pensar en la situación que estaba viviendo, no dejaba de pensar en ella y la razón de que estuviera encerrada en esa realidad paralela. Quería saber sobre ella, quería conocerla y descubrir todos los secretos y misterios que parecían rodearla. Así que cada vez que estaba fuera de casa buscaba cualquier información, utilizando el único dato que tenía; su nombre. No fue difícil encontrar esa información, lo que fue difícil fue comprender la realidad y prepararse para decirla en voz alta.
–¿Pasa algo malo?
–Sí… bueno, pasó… –la chica se estaba poniendo nerviosa con tanto enigma, por el tono de la voz de Yoongi sabía que le costaba soltar lo que tenía que decir, así que sabía que era algo muy malo.
–Descubriste algo sobre mí, ¿verdad? –suspiró pesadamente, llevándose las manos al pelo– No sé si quiero saberlo… me gustaba el momento que estábamos teniendo ahora mismo.
–Pero es algo que no puedo seguir callando…
–Vale –cruzó los brazos y lo miró con cara de fastidio, sabiendo que él no podía verla.
–He estado investigando sobre ti… no fue difícil descubrir quién eres… o fuiste, ya que con solo poner tu nombre me salieron muchos artículos sobre ti… hablando de lo mismo.
–¿Sobre qué?
–Sobre tu muerte… –Yoongi apretó los puños con tanta fuerza que casi pensó que se partiría los dedos, la rabia por aquella situación tan frustrante se había apoderado de su delgado cuerpo.
–Mi muerte… –repitió lentamente aquellas palabras pensando, sin asimilar del todo lo que significaban aquellas palabras.
–Fue hace cinco años, un accidente de coche…
–Por favor… –Yoongi calló.
La chica intentó ordenar sus pensamientos, recordando poco a poco lo sucedido; recuperando los pedazos de su vida que le faltaban. Comenzó a llorar mientras se agarraba la cabeza, delante de sus ojos imágenes de momentos de su vida pasaban a gran velocidad, mareándola. Sintió ganas de vomitar, las arcadas estaban presente cuando comenzó a revivir aquellos desalentadores recuerdos de su accidente de coche. De repente, aquella oscuridad en la que vivía se transformó en un escenario completamente distinto. Ella iba dentro de su coche con una persona a su lado riendo sin saber el motivo, sabía que iba a mucha velocidad y que el tiempo fuera era bastante peligroso con aquella lluvia; en su mente se repetía miles de veces que fuera más despacio. La música iba demasiado alta para su gusto, le echaba la culpa a aquella canción por no dejarle oír lo que su subconsciente le estaba advirtiendo y miró la radio para poder bajarla. Entonces las risas se apagaron, el fogonazo que desprendió los faros del coche que venía de frente se apagó súbitamente y con ella su vida.
Yoongi estaba asustado, no escuchaba nada al otro lado desde que le había confesado eso. Tenía la horrible necesidad de saber qué estaba pasando al otro lado, se acercó al espejo con la esperanza de poder ver a través de aquella cortina de oscuridad. Cerró los ojos y su cuerpo se sobresaltó cuando la pantalla de su televisor se encendió de golpe, mostrando únicamente una estática bastante ruidosa.
El cristal del espejo, donde la lógica decía que debería ver su reflejo estaba extrañamente frío, casi congelado y le dolió cuando posó las palmas de sus manos; justo donde las otras estaban. Sintió aquella corriente eléctrica que cruza tus nervios cuando tocas algo demasiado frío; y eso provocó que las quitara con brusquedad y dolor. Yoongi estaba desorientado, su mente quería encontrar la razón lógica de todo aquello, quería encontrar una respuesta clara que le ayudara a comprender todo lo que hasta ahora no había conseguido hacerlo; pero no podía. Su mente estaba tan dispersa en cuestiones distintas, en pensamientos y teorías, que era imposible ponerlas en orden. Seguía mirando aquel espejo, que dejó de cumplir con su objetivo para transformarse en una ventana que lo llevaba a dios sabe qué.
Al otro lado se encontraba ella, igual de sorprendida y desorientada. Había visto estallar en pedazos la mancha negra que la rodeaba, abriéndose paso la luz poco a poco entre las grietas de aquella nueva ventana. No sabía qué había hecho para provocar aquello, solamente sabía que ahora él también podía verla; aunque no fuera con tanta nitidez como ella, lo sabía por la sorpresa reflejada en el rostro de Yoongi.
–¿Puedes verme? –preguntó ella, con tanto miedo en su cuerpo que no sabía a ciencia cierta si su voz había salido realmente de su boca, o si simplemente exhaló un suspiro en vez de palabras.
–Hay una gran… cortina de oscuridad, pero he podido ver las palmas de tus manos pegadas al espejo…
–¿Espejo?
–Te veo a través de el… –el chico estaba sorprendido por guardar la calma de aquella manera, a su ves, se sentía tonto por hablarle al espejo. Quizás sí que se había vuelto loco de verdad y todo aquello eran simples imaginaciones suyas.
–No sabía que era un espejo…
El chico se apoyó en la ventana, se le notaba que la tensión que tenía en su cuerpo se había borrado al menos un poco. Seguía serio, con confusión, pero no parecía tan asustado como antes.
–¿Qué… qué eres?
–Una chica… –rió sin gracia.
–¿Tienes nombre?
–Es lo único que recuerdo…
Hubo unos minutos de silencio, el chico miraba el piso como pensativo, mientras que ella sentada justo enfrente de la ventana, lo observaba con atención, fijándose en detalles dolorosamente hermosos de él. Se suponía que estaba haciendo lo que había soñado hacer desde que lo había visto por primera vez, pero en ese momento, delante de él y charlando. Se sentía expuesta a una tormenta de dolor y sufrimiento acercándose, una que terminaría por acabar con ella. Pronunció su nombre, con lentitud y paciencia, queriendo así que él pudiera recordarlo para el resto de sus días; queriendo así formar su propio hueco en los recuerdos de Yoongi. Él se sentó justo delante del espejo, se abrazó las rodillas y miró a este como si estuviese esperando algo.
–Es un nombre bonito… –comentó a los segundos, buscando de alguna manera hacer sentir un poquito mejor a lo que fuera que estuviera al otro lado, aquel ser o ente que tan triste parecía.
–¿No te suena?
–No… nunca lo había escuchado antes… ¿de verdad que no recuerdas nada?
–Solo mi nombre, ni siquiera recuerdo cómo llegué aquí… simplemente un día me desperté en medio de toda esta oscuridad.
–¿Estás muerta? –tosió– quiero decir… lo siento, pero a lo mejor eres un espíritu atrapado…
–No lo se… –contestó simplemente mientras miraba cómo el chico se quedaba pensando en algo con mucha concentración.
–¿Te sientes sola?
–Bastante… solo… solo te tengo a ti.
–Vaya…
Volvió a instalarse un silencio entre ambos, la chica se había dado cuenta de que Yoongi simplemente hacía preguntas por pura curiosidad sobre ella, sobre un espíritu en otra dimensión que podía comunicarse con él. No recordaba muchas cosas, pero sí sabía que le encantaba la música, el sonido del piano y más cuando él lo tocaba; no quería seguir hablando de su solitaria inexistencia en otra dimensión; quería descubrirlo a él.
–Me gusta la música
–¿Qué tipo de música? –preguntó levantando la cabeza y mirando el espejo, estaba relajado y se notaba a miles de kilómetros.
–Me gusta cuando tocas el piano… –no sabía porqué, pero cuando dijo aquella frase sintió un algo similar a una opresión en el pecho y un nerviosismo en la boca del estomago.
–¿Te gustaría que tocase?
–Sí, me encantaría… –se controló para no gritar y emocionarse, estaba teniendo una conversación de verdad con él y lo mejor de todo; iba a tocar el piano para ella.
Cuando las notas comenzaron a sonar, en una melodía bastante conocida para ella se agarró sus manos con emoción y se las llevó a su pecho. Escuchó cada nota musical salida del piano, con los ojos cerrados y una sonrisa en sus labios. Nunca había sentido una felicidad tan abrumadora como aquella, nunca había sentido una felicidad tan efímera como aquella.
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El silencio para ella era una tortura, desde que él se había marchado de aquella manera y la casa de había quedado totalmente en silencio, se había transformado en una daga que la cortaba en su punto vital. Se había dado cuenta tarde, de que ella había sido la culpable de todo mal del chico, que sus mejores intensiones, sus ansias de cuidarle y quererle habían conseguido un efecto totalmente opuesto al que esperaba. «¿Qué sentido tenía que estuviera ahí?», esa era la pregunta que llevaba rondándole en la cabeza a cada segundo qué pasaba, buscando una explicación que pudiera ayudarla a comprender esa y más incógnitas que volaban sobre su hermosa y triste mente. Desde la ventana había visto como se hacía de día y anochecía varías veces, ni siquiera se paró a contar cuántos días habían pasado desde su marcha. Tampoco había contado los días en los que había estado en aquel vacío inseguro, en aquella penumbra silenciosa, aquel universo sádico que la hería de mil formas distintas; y el no saber cuanto tiempo llevaba de condena le había empezado a crear ansiedad, ¿acaso ese iba a ser su castigo divino?.
Abrazaba sus rodillas sentada al lado de la pequeña ventana, mirando sus pies con el poco reflejo de luz que tenía. Su cuerpo tiritaba y no sabía si era de frío o de miedo, ya no sabía nada desde aquel momento. Entonces volvió a escuchar aquel sonido tan característico que producía la puerta a la hora de abrirse, aquella velocidad en la que se abría le resultaba bastante familiar y le produjo un miedo descontrolado dentro de su ser. No quería y sabía que no debía mirar, pero sus ansias por saber de él eran mucho más fuertes que su sentido común. Cuando posó la mirada al otro lado no consiguió verle, solo un ligero atisbo en una esquina, solo bastó eso para que su corazón inexistente se desbocara como un caballo encabritado. Apoyó las palmas de sus manos con cierta fuerza en aquel cristal, en un intento desesperado de acercarse mas. Aquellos sentimientos que estaban luchando entre ellos se volvían tan fuertes dentro de ella, que temblaba y lloraba cuando escuchaba como Yoongi entraba con cautelo en su casa, como sonaban sus pasos en el suelo; pero sobretodo cuando lo vio con total claridad.
Aquel miedo que había visto reflejado en sus ojos ya no existía, ya no había ni un atisbo de cansancio y tristeza. Se le veía mejorado, más saludable y eso, en cierta manera, le dio algo de felicidad dentro de su deprimente inexistencia. Sonrió instintivamente, sonrió mientras sus lagrimas corrían una carrera por su rostro, sonrió a pesar de que recordaba que ella era su mal aunque no quisiese, sonrió porque lo quería tanto que verlo feliz le hacía feliz a ella; da igual si fuera lejos. El chico paseó por su casa algo atemorizado pero al ver qué aquellas sensaciones y aquellos ruidos que había escuchado días atrás ya no estaban, su pecho pudo respirar de verdad después de tanto tiempo. Su cuerpo podía sentir la paz que tanto anhelaba, por fin se sentía en casa, por fin sentía que no se iba a volver loco.
Ella vio cómo se volvía acomodar, cómo seguía con su vida sin siquiera recordarla a ella, o pensar si seguiría ahí.
–¿Cómo va a pensar en mi si yo era su pesadilla…? –se dijo a sí misma, con odio hacia su persona, con desprecio y repudio. Sus palabras estaban teñidas de sentimientos demasiado malos para llevarlos solo una persona.
Sus lágrimas se convirtieron en grandes cascadas de un llanto tan doloroso que se podía percibir a kilómetros. El dolor y la desesperación emanaban de ella como el humo, sin darse cuenta se vio dando golpes al único foco de luz y esperanza que poseía, sin darse cuenta gritaba de rabia. Entonces en otro lado, a muchos pasos de distancia pudo ver cómo se rompía la negrura y se abría otra ventana, esta vez mucho más grande.
Al otro lado, el chico se quedó petrificado cuando escuchó aquel grito y sintió aquello que fuese lo que fuese aquello que vivía con él estaba sintiendo. Sin saber el motivo, comenzó a llorar, grandes gotas emanaban de sus ojos sin un control; sin una explicación. Comenzó a buscar por toda la casa algo que no sabía qué estaba buscando. Sabía que era todo por aquellos sentimientos que habían azotado su pecho de la nada, aquellos sentimientos tan fuertes que lo dejaron sin respiración casi; sabía, que algo tenía que encontrar.
Entonces, lo vio y por primera vez, veía algo que confirmaba que no estaba solo en aquel piso y lejos de sentir miedo por lo desconocido, sintió una verdadera pena. Pena, por ver aquellas manos apoyadas en el cristal buscando claramente una ayuda y una salida.
Había vuelto, el ruido metálico que hacía la puerta cuando se desbloqueaba, el pequeño y ligero chirrido que hacía cuando se abría; pero sobretodo, fue aquel suspiro pesado y cargado de cansancio lo que la alertó. Se acercó a la superficie lisa lo máximo que pudo, con una desesperación por pode tocarlo, acariciarlo y cuidarlo. Sintiendo una felicidad extrema por verlo de nuevo. Se dio cuenta unos segundos más tarde, el precario aspecto que tenía el chico, su piel cenicienta casi pedía a gritos un poco de luz de sol; su pelo revuelto y enredado; aquella cara con ojeras moradas tan oscuras como la noche y una expresión de cansancio. Ver aquello la preocupó, instaló un sentimiento nuevo en aquel pecho incorpóreo que hizo que se pegara más a la superficie lisa.
–¿Qué te pasa…? –preguntó, pero como siempre nunca obtenía respuesta– Yoongi, tienes que descansar y comer más… estás demasiado débil…
Sabía que hablaba sola, que era imposible que él la pudiera oír a través de aquel muro transparente. Pero la consolaba pensar que de cierta manera sí la escuchaba, si podía oír en su voz aquella preocupación que sentía y no sentirse solo en aquella casa tan oscura. El chico se quitó los zapatos con una lentitud extrema, casi pareciendo que no poseía fuerza en su cuerpo, el cual pedía gritos el tacto de la cama. Era demasiado doloroso ver aquello para ella, sin poder hacer nada, encerrada en una dimensión totalmente distinta a la de él. No recordaba cómo había llegado ahí, pero cada día recordaba que aquello era como una tortura diseñadas por el mismísimo lucifer.
Yoongi se fue a otra habitación y dejó de verle, la chica suspiró con dolor y anhelo, alejándose de aquella ventana de tortura que lo acercaba a él un poco más. Aquella ventana que le daba lo que ansiaba pero que a su vez no se lo daba en su totalidad. Aquella pequeña pantalla en la que en algún momento, sin saber cuándo, apareció para admirar aquello que se convertiría en lo más hermoso que existía en su universo. Ella sabía que tenía que haber alguna forma de llamar su atención, que existía otras ventanas iguales donde podría acercarse más a él. Guardaba la esperanza, de que si conseguía salir de aquel lugar plagado de oscuridad y vacía, significaba que podría llegar a ser algo que existiría de verdad, pudiendo así, darle el apoyo y cariño que se merecía Yoongi.
Ruidos algo distorsionados se escucharon de nuevo, sabía que era él, al fin y al cabo era él único que en ese momento estaba ahí. No quiso mirar, bueno, una parte de ella no quería mirar, aquella que suelen llamara racional. Pero la emocional y más fuerte si quería, a veces, pensaba que le gustaba el dolor, sufrir de aquella manera simplemente para ver como él tenía una vida que ella jamás tendría. Se volvió a acercar al cristal, el chico se había tumbado en el sillón con ropa cómoda y el mando en su mano. En su rostro se podía ver aquel rastro de cansancio, pero parecía como si quisiese matar el tiempo haciendo otra cosa que no fuera dormir.
–Yoongi…
No sabía porqué lo llamaba, obviamente no la iba a escuchar. Pero le encantaba pronunciar su nombre, era fuerte y bonito. Volvió a pronunciarlo y se sorprendió al ver cómo el chico había reaccionado un segundo, en un descuido rompiendo con aquella expresión neutral que siempre tenía. La chica se extrañó y se fijo en la expresión de su cara, había vuelto a la normalidad o eso aparentaba, porque parecía que en sus ojos había aparecido un miedo irracional a dios sabe qué.
–Yoongi… ¿me escuchas?
El chico intentó con todas fuerzas no reaccionar ante aquello, pero no pudo evitar abrir mucho los ojos. Debía ser el cansancio, el estrés que le proporcionaba el trabajo, esas eran las razones por las que pensaba que se volvía loco. Aquellos ruidos, aquellos suspiros y a veces esa voz femenina llamándole. No podía encontrarle una explicación razonable a lo que estaba viviendo desde hacía semanas, era imposible encontrar una porque no la había. Lo mejor que se le había ocurrido era hacer como que no escuchaba, ni veía, ni sentía nada, intentar vivir como hasta ahora había hecho. Pero nunca la había oído tan clara y fue en ese instante cuando se dio cuenta de que era real, el pánico se apoderó de todo su cuerpo dejándolo inmóvil, escuchando como aquella voz se había vuelto muy real de repente.
–Yoongi…
Él no lo pudo soportar más y se levantó gritando, se agarró el pelo y a gritos pidió que lo dejara en paz, que necesitaba dormir, que terminaría volviéndose loco si eso no acababa. Salió corriendo de la casa cuando agarró todas las cosas que necesitaba, y allí, sola en su oscuridad la dejó con lagrimas irreales surcando su rostro, con un dolor fantasmal en su ser incorpóreo. Ella era la razón de su cansancio, de su tristeza y de su aspecto tan deplorable, debería haberlo imaginado, al fin y al cabo, ella solo existe a través del espejo.
Hello hello, bueno quería comunicar que a partir de ahora solamente voy a publicar una o dos veces a la semana. Ya que empiezo mi segundo año de carrera y creo que ya con eso se entiende. El siguiente relato se publicará el viernes.
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La pareja yacía en la enorme cama del hotel, juntos; encajados perfectamente en un abrazo. La mejilla del chico se apoyaba en el pecho de ella, con una pequeña sonrisa en sus labios, muy profundo en su mente, en la parte donde las historias imaginarías cobran vida; Jimin tenía un sueño con la persona que tenía a su lado de lo más amoroso. Fue ella la que se despertó primero, extrañándose de ver a su novio al lado suyo en ese abrazo tan apretado; hasta que recordó como la había despertado en la noche, tocándole en la puerta. No pudo evitar sonreír levemente y mirar aquella cara, aquella belleza que estaba descansando en sus brazos; en aquel momento parecía algo divino, algo angelical.
Su mano acarició su pelo, suavemente y siguió con su espalda. Deleitándose de la increíble sensación que le provocaba el roce de su piel en la palma de su mano. No se dio cuenta de que esa misma sensación la sentía él, despertándolo de aquel increíble sueño. Jimin no abrió los ojos, porque sabía que si su novia se daba cuenta de que se había despertado entonces dejaría de darle esas caricias que le volvían loco; aunque fuera inconscientemente. Así que ambos se quedaron en aquella posición durante un largo rato.
–Jimin, ¿durante cuanto tiempo seguirás fingiendo que estás dormido? –preguntó con una sonrisa burlona en su cara, riendo por la expresión de sorpresa que tenía el chico a pesar de seguir con los ojos cerrados.
–Me acabo de despertar… –disimuló mientras bostezaba exageradamente, intentando hacer creíble aquella mentira.
La chica rió por la ocurrencia del chico, hizo que levantara un poco el mentón y le dio un pequeño pero significativo beso en la punta de la nariz, luego en la mejilla, en la otra mejilla, pasando por toda la frente; haciendo un largo camino a la boca del chico quien esperaba desesperadamente que aquel encuentro se produjera. Pero nunca llegó, en su lugar una risa contagiosa comenzó a sonar, cuando el chico abrió los ojos la vio riéndose como si no hubiera un mañana.
–Me encantó tu cara, cariño –comentó entre risas mientras el chico ponía una cara de fastidio y lo ojos en blanco.
–Vaya novia tengo…
–Una perfecta –le sacó la lengua con diversión.
Jimin la abrazó por la cintura, pegándola mucho más a él; si eso podía ser posible. La miró directamente a los ojos y sonrió. Sonrió solo como él sabía hacer, enseñando sus dientes y escondiendo sus ojos. Era una sonrisa tierna, cariñosa; pero sobretodo cargada de felicidad por aquel momento.
–Me despertaste en medio de un sueño…
–¿A sí?
–Sí, bueno… más que sueño era un recuerdo de un día especial.
–Cuéntamelo
El chico comenzó narrando su sueño, como si fuera una historia. Le contó como empezaba con ellos paseando en primavera por aquel inmenso parque lleno de vegetación en el centro de Seúl. Llevaban bastantes meses juntos pero se habían visto poco; por la apretada agenda de su carrera musical. Así que ahí estaban, disfrutando del buen tiempo, con un helado en cada mano y unas sonrisas amplias en sus rostros. No se dieron cuenta de que el tiempo había pasado volando hasta que se fijaron en que la única iluminación que tenían era el tenue resplandor amarillento de las faroles.
–¡Entonces tu me invitaste a tu casa!
–Si –rió el chico– pensé que podría aprovechar que los chicos no estaban y no nos molestarían con sus comentarios tontos.
–Además, me querías cocinar –sonrió– aunque al final terminásemos comiendo pizza.
Jimin siguió narrando el camino hasta su casa y como el desastroso intento de cocinar que en la vida real había quedado en comer pizza en el sillón, ahí había sido completamente distinto y el chico pudo demostrar sus artes culinarias en un sueño. Le narró toda la cena, la cantidad de bromas que dijo para hacerla reír porque verla de esa forma, le daba como diez años más de vida y si la razón de su sonrisa era él, entonces ya podría considerarse realizado.
–¡Me acuerdo perfectamente que intentaste decir algunos chistes de Seokjin!
–Ya… bueno, en el sueño te reíste.
Siguió contando, como la botella de vino iba bajando progresivamente mientras las horas pasaban, como las risas cada vez eran más fáciles de sacar, las caricias aparecían sin darse cuenta; primero por la mano, caricias en la mejilla que bajaban al cuello despacio. El ambiente se fue tornando más cálido, ambos sentían que sus pieles ardían cuando se tocaban.
–¡No lo cuentes así! –rió la chica.
–Cariño, ha sido mi sueño, tengo que contarlo de forma épica.
–¡Pero si eso pasó realmente!
–Shhh
Los chicos siguieron un camino tormentoso de besos fieros por todo el pasillo, la habitación de Jimin era la más alejada y en aquel momento parecía eterno el camino. Los besos ardientes pasaban por la boca de ambos, siguiendo un recorrido por la mandíbula de ambos y el cuello. Besos desesperados que eran la muestra de unas hormonas revolucionadas que necesitaban ser calmadas. Cayeron en la cama y no tardaron en quitarse todo el estorbo que tenían como ropa.
–Y entonces…
–Sucedió la magia…
–Para ser tu primera vez, lo hiciste muy bien –sonrío
El chico rió y comenzó a acariciar la espalda de la chica, lentamente metió las manos por la camiseta de esta y cerró los ojos ante ese tacto.
–Definitivamente… fue increíble vivir ese momento en mis sueños… –la miró– fue un placer verte en mis sueños.
Habían pasado simplemente dos meses desde que la chica le había pedido una cita. Desde ese momento, cada día en el metro se sentaban juntos, hablaban de lo que habían hecho en el día, de las cosas interesantes que habían aprendido. Aquel día, ella dibujaba pegada en la ventana como siempre, cuando Namjoon entró y la vio, fue a sentarse a su lado pero otra chica se le adelantó y le robó el sitio. Así que no le quedó más remedio que agarrarse de la barra de acero que tenía justo encima de su cabeza y esperar a que la desconocida que tenía al lado se marchara. Pero no ocurrió, cuando se quiso dar cuenta, ambas hablaban y fueron pasando las paradas, pero no se iba. Así que cuando la chica se bajó vio con desilusión como su oportunidad de hablarle aquel día se había esfumado. Volvió a casa algo alicaído, no se había dado cuenta de la rutina que había creado a la vuelta de las clases, romper aquello hizo que se diera cuenta de que le gustaba demasiado hablar con ella. Su teléfono sonó.
“Siento que no hayamos hablado hoy…”
“No te preocupes”, le contestó, ya que no sabía que más poner. Pensó que escribirle contándole que tenía muchas ganas de hablar con ella, porque se había dado cuenta de que había pasado a ser una maravillosa rutina para él; sería demasiado intenso.
“¿Qué tal ha ido tu día?”, con ese mensaje, el chico sonrió ampliamente. Se la imaginó acostada en la cama, tras comer; deseando acabar lo más rápido posible para hablar con él. Le contó por mensaje como había sido su día, manteniendo la misma conversación que hubiesen tenido en el vagón del metro. La chica, a su ves le contó como había ido su día.
“¿Qué estabas dibujando en el vagón?”
“Una mariposa monarca”, la chica le envió una foto de su dibujo acabado; perfectamente detallado y con colores. El chico se sorprendió al descubrir esa gran habilidad que ella poseía, amplió la imagen en distintos puntos para ver cada detalle del insecto, su cuerpo, sus alas y sus colores. Entonces una bombilla se le encendió, y de la nada una euforia por la idea que se le acababa de ocurrí lo invadió, azotándolo de una alegría sin explicación. Tal fue la excitación que no se dio cuenta de que la estaba llamando, por primera vez y sin avisar.
–Namjoon… –su voz fue lo que provocó que se diera cuenta de lo que había hecho. Miró el teléfono algo asustado y en cuestión de segundos por su cabeza apareciera un debate, si le colgaba iba a ser muy maleducado pero por otro lado no se sentía preparado para hablar con ella por teléfono, aunque la conociera en persona.
–Lo siento, no me di cuenta de que te estaba llamando –rió con nerviosismo– el caso es que se me ocurrió una idea, ¿te gustan las mariposas?
–Me encantan… –la chica rió levemente al otro lado de la linea, Namjoon no supo porqué; pero se sintió genial escucharla.
–Pues… hay un mariposario al sur de la ciudad… podría ir a buscarte… e ir… –por cada palabra que iba diciendo Namjoon, sus mejillas se iban tornando un poco rosadas y su voz temblaba. Ella siempre había sido la que proponía algún plan y él aceptaba gustoso porque significaba pasar tiempo con ella, no sabía porqué, pero de repente su plan ya no le parecía tan interesante.
–¡Sí! –exclamó la chica claramente emocionada por el auricular, Namjoon volvió a sonreír al ver la emoción de ella y su inseguridad se desvaneció.
–Nos vemos en la estación en la que te bajas dentro de una hora y vamos juntos en el siguiente metro.
–¡Vale!, voy a prepararme ya, quiero estar presentable –hubo unos segundos de silencio en los que la chica esperó a que él comentara cualquier cosa– Nos vemos después, Joonie.
Y colgó, Namjoon no pudo reaccionar al pitido porque en su mente pasaba varias veces el sonido de su voz y aquel apodo cariñoso que le había dicho por primera vez. Sonrió sin saber realmente cual era el verdadero motivo y bloqueó el móvil. Tenía una hora para ducharse, ponerse lo más presentable posible sin parecer alguien que estaba nervioso y quería impresionar; por primera vez en su vida tuvo problema con la ropa y lo que se iba a poner, pasando mucho rato eligiendo el conjunto. Cuando se quiso dar cuenta, ya era hora de marcharse, así que simplemente cogió el dinero y las llaves, saliendo a toda prisa de su casa.
Una vez estuvo sentado en el metro, miró el asiento donde ella se suele poner siempre, decidió respetarlo y mirando por la ventana vio el pasar el camino hasta su parada. Le escribió a ella cuando había llegado, informándola de donde estaba. A cada minuto que pasaba sus nervios florecían en su piel y le hacían suda, se maldijo por todo el desodorante y la colonia que se había echado.
–Namjoon –le llamó a su espalda.
Cuando se giró y la vio, fue cuando se dio cuenta.