La vida y la muerte son lÃneas que se unen. No lÃmites absolutos que separan de forma también absoluta dos rostros opuestos. Y en ese juego de indeterminaciones que aparenta distanciar lo orgánico y lo inorgánico, lo móvil de lo inerte, lo vital de lo mecánico, es la materia la que recorre, como la sangre, las venas de la vida y las arterias de la muerte.















