yeunki
Como si fuera libro motivacional, la frase: “no hay peor enemigo como tú mismo”, aparece en su mente. Recuerda haberla leído alguna vez en la sección de horóscopos de una revista luego de terminar el sudoku con el que compartía página. Y ahora como saquito lleno de fichas de scrabble, las palabras de pronto parecen tener peso real, como si fueran éstas las que le impulsaban desde la espalda hacia abajo y no el cuerpo de Yuri. ¿Lo peor? ¡Ni siquiera eran para su signo! Tonto, tonto Eunki. De todos los lugares en la escuela, ¿por qué tenía que haber acabado en el gimnasio? ¿por qué su subconsciente lo odiaba tanto para llevarlo de una situación mala a otra peor? Y como si los cielos (o infiernos porque tal vez Violeta seguía cerca) lo hubieran escuchado, escucha las voces de ultratumba y las risas demoníacas. Está jadeando en busca de aire, pero no sabe si es por culpa de la carrera o porque está sufriendo un ataque de pánico. Con las manos en las rodillas y la cabeza gacha, escucha el coro de insultos y alarmas, de burlas y silbidos, y siente que se hace chiquito. Espera que sigan su camino, pero parece que Violeta está bastante empeñada en usar su poder diabólico porque el nuevo sonido proviene de ellos y, de pronto, se hace el silencio. Escucha la voz de Yuri, pero sus palabras no le llegan. El latido de su corazón es tan ruidoso y exasperante que el pelirrojo está tentado a presionar con fuerza las palmas contra sus orejas. Si sintió la vibración en el bolsillo de su pantalón, no hace ademán de buscar su teléfono, porque otro sonido se deja oír sobre todo lo demás, fuerte y claro: «¿Eunki?» y con su nombre se elevan sonidos de sorpresa, de reconocimiento, de confusión cuando por fin levanta un poquito la cabeza solo para ver una masa con decena de ojos fijos en él. «sí es eunki», «¿quién?», «¿el del equipo de fútbol?». Eunki, Eunki, Eunki. Su nombre le quema en los oídos colorados. Reconoce rostros y nombres, porque hasta hace dos meses Eunki era uno de ellos. Y siente el estómago en las rodillas y los pulmones en la garganta cuando se eleva todo lo que le permite su estatura. Un amistoso: «¿dónde estabas, hermano?», pronto se convierte en un «¿y ese?» porque de pronto parecen notar a Yuri en el lamentable cuadro. «¿ya te juntas con niñitas? ¿o qué? ¿es tu novio?» risas, empujones discretos. «¿también eres uno de esos?» más burlas. Y se da cuenta que no ha dicho nada en todo ese tiempo porque no puede, la boca le sabe a arena. Es ahí cuando nota un par de ojos especialmente pesados y desea no haber volteado nunca, porque ahí está él, Jung Hyuk, el capitán del equipo de básquetbol, con sus ojos dorados que parecen juzgarlo en silencio y listos para dictar sentencia en cualquier momento. Y así es, porque cuando eleva la voz y demanda, todos callan de nuevo: «¿quién les hizo sonar las alarmas?» la pregunta parece hacer eco por todo el patio. Las manos empiezan a moverse, a revisar móviles o a negar, porque nadie va a confesar. Hay otro momento de silencio prolongado que se interrumpe. Y Eunki sabe que está jodido porque, por supuesto, no pudo encontrar mejor momento que aquel, cuando tiene atención de sobra, para hacer sonar la alarma de Hyuk, de nuevo.
Estaba listo para pasar su brazo por los hombros de Eunki y llevárselo de ahí a cualquier cafetería y comprarle su sándwich con papitas y... ¿qué más le pidió? ¿Té dietético? Pero su suerte es horrible y el día no le va a dejar rendir luto tranquilo, aparentemente. Voltea el rostro, sorprendido, hacia el grupo que le han pasado. ¿Conocen a Eunki? ¿Por qué un montón de atletas van a conocer a un otaku como Eunki? ¿Será acaso el hermanito pequeño de uno de ellos? No tiene oportunidad de experimentar el asombro de descubrirlo atleta, o ex atleta, como sea, porque Yuri siempre ha sido muy sensible y ya está sintiendo otra cosa, además, no es como si la manada se la estuviese poniendo difícil tampoco. Ugh, no hay nada que le cabreé más que un grupo de jocks creyendo que le pueden insultar con remarcaciones, honestamente, infantiles. Por suerte Yuri es ingenioso y su mente trabaja rápido, aunque no lo demuestre. "Tengo pene" contesta con voz monocorde y rostro de aburrimiento. "¿Quieres revisar o algo? Podríamos incluso irnos a los camarines y jugar a la guerra de espadas o al helicóptero, como quieran" propone, mohín jocoso. Está satisfecho cuando parece que les ha hecho callar, pero el silencio por parte de Eunki, más que hacerles parecer que tienen la ventaja, los hunde más. Va a voltear a verle, preguntarle qué cuál es el problema, pero no haya razón para hacerlo cuando se da cuenta del tipo de situación que se está desencadenando. Y todo es tan familiar que casi le dan náuseas. Vuelven a él recuerdos nítidos de su escuela all-boys en donde era casi un ritual de inicio de semana encontrar a alguien para plantarle la etiqueta de gay enamorado de x chico popular y acosarle hasta que se movieran al siguiente. Yuri hacía vista gorda cada que aquello ocurría durante los recreos al final del salón aunque tuviese la autoridad de ser presidente de la clase y miembro del consejo escolar por miedo de que se dieran cuenta que él debería estar en el lugar del pobre inadaptado que era molestado por algo que no era. Es por eso que, como si quisiera redimirse y pedirle perdón a cada uno de aquellos niños que no pudo defender, ahora se entromete en cada situación similar. "Yo las hice sonar" luego de lanzar un suspiro hastiado, le responde a quién parece ser el capitán. "¿Por qué te interesa? ¿Celoso por no recibir una?" Y es porque tiene muy mala suerte que la alarma del susodicho se enciende en aquél preciso momento. Yuri rompe en carcajadas junto a los demás jugadores y se acuclilla porque su estómago duele mucho porque ay, Eunki, qué desgraciado eres. "Bueno, quien no llora no mama, ¿no? Ahí tienes una alarma. Qué lío, en serio. Aprende a lidiar con esto porque el día en que a tu equipo se les olvide bloquear la alarma y el camerino comience a sonar como endemoniado te va a dar un paro cardíaco". El silencio vuelve a ser sepulcral porque Yuri tiene un punto. Y él lo sabe, así que se incorpora y alza sus hombros en un claro gesto de te lo dije. Enlaza entonces su bazo al de Eunki y le toma la mano también porque ahora que todos saben que también batea para ese lado, al menos que no sea un marica soltero, ¿no? “Ahora, si nos disculpan…” tengo que alejar a Eunki de este lugar antes de que le dé un ataque de PTSD.


















