Mi refugio es el silencio cuando las palabras ya no me alcanzan. En soledad y mero pensamiento, aferrada a cuánto recuerdo tengo y soltar requiere de una voluntad que no termino de encontrar ni en los mejores consejos.
En mi corazón hay un tumulto que no soy capaz de confesar y mucho de lo que no escribo, arde en mis manos. Mucho de lo que no escribo se convierte en ceniza, en el perfume de lo que pudo ser y no fue.
La nostalgia es una casa a la que siempre vuelvo aunque ya no tenga puertas. Entro a través de las grietas, para luego sentarme sobre el suelo lleno de aquel polvo de aquello que fuimos, y lloro sin saber bien si es de tristeza o de gratitud.
La melancolía para mí no es dolor, es algo más paciente, es el color del atardecer cuando está a punto de irse y solo puedes pedirle que espere un poco más.
Es amar lo que ya sucedió. Es vivir con las manos abiertas sobre lo que se fue.
Soy prisionera de haber amado, de haber perdido, de seguir aquí, una vez más soy capaz de amar, una vez más tengo fuerzas.
- Laura S. Rodas.














