{ Casual m e e t i n g }
Con el frío abrasando su nariz, avanzó hacia las concurridas calles abastecidas por adornos navideños, a medida que dejaba atrás a charlas alegres pertenecientes a jovencitas que intentaban decidir qué regalar a los chicos que les gustaban durante la navidad, o chicos emocionados que pensaban acerca de lo genial que sería el poder realizar alguna fiesta con mucha música y comida.
Por supuesto, incluso si no lo exteriorizaba del todo (generalmente a causa del frío, y porque en esos instantes estaba solo), él mismo se hallaba inmerso en la alegría que manaba con la cercanía de la citada fecha.
Mentalmente se cuestionaba qué sería lo correcto regalar a sus compañeros de equipo, pero luego de que un estornudo huyese de sus labios, notó que la temperatura comenzaba a descender de un modo tan brusco, que no tuvo más remedio que intentar recuperar el calor refugiándose en el interior de un konbini cercano.
— ¡Oh, cielos! —tras suspirar con pesadez, guardó las manos en el interior del abrigo que llevaba encima, y se encaminó hacia unas góndolas, imaginando que al dependiente no le agradaría tener a una persona en el interior del local sin ganas de comprarse algo.
Me estiré perezosamente y casualmente mi mirada se detuvo frente al reloj que estaba colgado en la pared enfrentada a mí. Empezaba a hacerse un poco tarde y la verdad es que el plan de estar en la biblioteca todo el día no era nada apetecible, por lo que decidí que ya iba siendo hora de marchar.
Todavía quedaban unas semanas para los exámenes, pero como era previsor, sabía que coincidirían con el campeonato de invierno y eso sería un problema. No obstante, aún tenía que hacer las compras de Navidad y por desgracia no sería un compromiso que durase un par de horas. Si había algo que detestaba era buscar regalos. Sería más sencillo dar el dinero y ya está, sin complicarse tanto la vida.
Según iba por la calle, miraba con cierta distracción los escaparates de las tiendas que aparecían de vez en cuando. Empezaba a hacer bastante frío y aunque no era una persona friolera en demasía, temblé y empecé a echar de menos una bebida caliente, como un café o algo así. Entonces, bastaba que pensase eso para recordar que, por ese sitio, había un konbini. Tal vez pudiese comprar ese pequeño capricho que se me había antojado. Haría más agradable la 'caza de regalos'.
Entré en el establecimiento y para mi sorpresa y por mera casualidad, me topé con el número 7 de Kaijou.
--Oya~ Qué casualidad tan extraña. --esbocé una sonrisa felina. --El fabuloso Kise Ryouta se junta con el populacho. --bromeé, resaltando mi sorpresa. --¿También aturdido por las compras navideñas?










