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La vergüenza
Mientras unos creen que disparar a quemarropa a dos jóvenes, por defender a otro menor de edad es justificable, otros piensan que ahogar con humo de bengala y lanzar gases químicos a futbolistas es sinónimo de honor al club al que “hinchan”
Hoy vengo a hablar sobre la vergüenza que me provoca la raza humana. Dos casos lejanos y con evidente jerarquía uno por sobre el otro, pero unidos por el asco que me produce pertenecer a una sociedad compartida con alguno de estos seres. Los que hacen y los que apoyan, el repudio es el mismo.
Diego y Exequiel. Si hay algo claro es que sus nombres deben y pueden quedar grabados en la memoria de todos los chilenos. Sobretodo, quizás, de aquellos que creemos en lo que ellos creían. En ese ideal de educación por el que alguna vez también hemos salido a marchar.
Mas, no somos los únicos. Aquellos que están en contra y lo más drásticos aún, que viven en ese pequeño mundo en donde manifestarse es un delito grave y creen que por cualquier razón se debe actuar con violencia, TODOS deben recordar este día como el día en que se cambió la historia del país con uno de los crímenes más repudiables cometidos en democracia.
Entender en primera instancia, que absolutamente nadie se merece la muerte. Nadie. Menos dos jóvenes de 18 y 25 años que daban su apoyo a otro de 17, mientras el odio corrompía a quien cree que defender la propiedad privada es más importante que defender una vida. Diego y Exequiel no se merecían morir.
Diego y Exequiel nunca van a morir. Aunque sea en el recuerdo de cada persona dolida con este crimen de odio y demostración de la ignorancia y bajeza moral de algunos habitantes de este país. Seguirán vivos en la conciencia de cada estudiante y su madre, cada vez que volvamos a manifestarnos en las calles. Estarán presentes en cada “cuídate” de madre, en cada “no hagas huevadas” paternal. Son los mártires de una lucha y los inocentes en un juego en el que, para su desgracia, estaba jugando la muerte.
Pimienta. Muy alejado de lo significativo que es el crimen de Diego y Exequiel, está este hecho repudiable y condenable aquí y en la quebrada del ají, ocurrido ayer en el partido de Boca Juniors y River Plate, por Copa Libertadores.
Y soy mujer y tengo que tener cuidado. Porque no falta el comentario estúpido de “tú no sabes nada de fútbol”. De antemano, la respuesta a esa idiotez es “tú no sabes nada de mí”.
Repudio y asco eterno a todos los hinchas del equipo que sean, que creen que porque son hinchas tienen el derecho de ser los imbéciles más grandes creyendo que valen mucho, siendo que sus cerebros no son más grandes que una arveja.
Pues, ¿a qué idiota se le ocurriría prácticamente intentar ahogar con humo de bengala a jugadores del equipo rival, sólo por ser del equipo rival? ¿a qué estúpido inhumano hijo de puta se le ocurre lanzar gas pimienta dentro de un túnel para salir a la cancha?
Volvemos al mismo dilema, porque, si no lo notaron, son vidas humanas con lo que están jugando. Son personas. Futbolistas que les pagan, aunque sea demasiado dinero, para ejercer su rol como jugadores. Meter goles y tenerlos contentos a ustedes. De un equipo o del otro, humanos, trabajadores.
Hasta dónde puede llegar la ignorancia que creemos que ser fanáticos del fútbol significa tener cierto nacionalismo extremista sobre el equipo al cual hinchamos, tanto así que no nos permite ver con claridad los actos que cometemos y creernos en el derecho de atacar al rival sólo por pensar diferente a mí.
Cómo pueden aplaudir estos actos, cómo pueden sentirse identificados con la mancha más fea y difícil de borrar que tendrá el fútbol sudamericano en años
Y creer que estamos evolucionando como sociedades, cuando ayer, demostramos en dos países vecinos que nuestras mentes se quedaron en la prehistoria, y que nos faltan siglos de maduración si queremos llamarnos evolucionados otra vez.
¡QUÉ VERGÜENZA!
trans
Todos los días lo mismo. El mismo de siempre viene una vez más y se aprovecha de mí.
Me roba. A veces ni siquiera lo saludo y ya aumentó mi miseria. No le importa nada. Nos mira a todas igual. Sus putitas. Nos mete las manos al bolsillo buscando además el beneficio de otros, porque él no mejora. Él hace rato se estancó.
Me toca, me golpea. A veces tan fuerte que en mi cuerpo deja marcas que ni siquiera puedo ocultar. Me tortura con su violencia inhumana que a más de una nos ha dejado en el suelo, y me toca de la manera más humillante frente a otros. Y nadie dice nada. Tengo que aguantar que invite a otros que me rozan y me invaden, me presionan hasta que casi no puedo respirar y ese aire, me lo quitan.
Me cansa, antes de empezar oficialmente mi día ya estoy física y mentalmente agotada por él. Juega con mis miedos y mis pudores, me causa repulsión. Y mientras, nos ignoramos unos a otros como si él tuviera más poder que nosotros. Quizás lo tiene. Nos callamos todo.
Me hace odiar a mi prójimo, a mis compañeras de miseria. Las insulto en mi mente pues también me da cobardía. Manipula mi mente de tal manera que hasta me da celos que otras también estén con él, no lo quiero compartir.
Me enferma. Disfruta de eso. Me pone de mal humor cada mañana y cada tarde, me hace odiar mi ciudad, mi camino a casa. Le quita lo bueno a los días soleados y los vuelve miserables. Nos vuelve a todos miserables. Me hace envidiar a los valientes que deciden evitarlo, a aquellos que pueden.
Me ilusiona. Me muestra que puede ser un bien, que puede ser mejor que el resto. Le creo. Caigo en su trampa una y otra vez y cuando miro las opciones me doy cuenta.
Si no es esto, es uno mucho peor. Uno que me quita más el aire, uno que me toca más profundamente. Uno que sólo tolero cuando estoy en apuros. No tenemos solución, sólo sigan abusando de nosotros.
Todos los días lo mismo.
Olé Olé Olé
Previo al concierto y ya con entrada en mano, mi estómago me avisaba de nervios. ¿Y si tocaban puras canciones nuevas? ¿Y si de verdad habían perdido la magia? Incluso lo tenía todo planeado: No ponerme tan adelante, cosa de que si estaban muy lateros, podía arrancarme de la pista atlética con mayor facilidad. Al final, fueron sólo dudas estúpidas.
Llegando al estadio, escucho a lo lejos a Kaiser Chiefs y alguna canción que no conocía. Mi inocencia de creer que sólo me sabía Ruby fue opacada por I predict a Riot y el cover a The Who. Me prendí. Pero seguía mirando constantemente las salidas y pensando si me quedaba plata en el pase.
A las 21:13 fue la última vez que vi la hora. La canción de Led Zeppelin debía ser la última antes de que subieran al escenario, a aburrirme, o a dejar la patá.
Sólo en This is a Call pude recordar todo. Los conciertos que había visto por youtube, mi ira al no verlos en vivo en el Lollapalooza del 2012, la discografía que bajé por torrent alguna vez y perdí porque mi computador no aguantaba nada más. Todo eso en la energía de una guitarra estruendosa, una batería con el poder de Zeus, el mojo de una de las bandas de rock más exitosas de los últimos 20 años.
Casi tres horas de puras emociones en una pista atlética visiblemente repleta. De los hits, de los viejos, de los nuevos, de los de ellos, de los nuestros, un cumpleaños feliz y un olé olé. Todo con riffs que no sólo hacían tararear y cantar a 20 mil personas, sino también bailar en descontrol y reír tal espectáculo de humor.
Un set list tan variado y para todos los gustos, que se me olvidó que no quería escuchar ninguna canción del nuevo disco. Aunque asumí que esas tres canciones que no me sabía ni el coro, eran las del Sonic Highways. Y a pesar de que no todos cantaban, fuimos capaces de disfrutar cada segundo de las dos horas cincuenta sin reproches.
Corazón derretido con Learn to Fly apenas en el segundo track, y con My Hero… Se sentía una chispa que sólo transmitía amor, complicidad y expectación. Todo lo que pensábamos y/o esperábamos, estaba incorrecto. Todo era mucho mejor. Tanto así, que Under Pressure. Aún no tengo palabras para Under Pressure.
La relación de Dave con el público chileno fue como amor a primera vista. Como coquetos, con la confianza de ser amigos de toda la vida. Tal cual, si las 20 mil almas presentes, fueran sólo una persona respondiendo a todo lo que Ghrol pedía- y a lo que no también.
Las canciones, la relación y la duración fueron claves para el éxito de lo que podía ser un megaconcierto, o un gran fracaso. Y aunque terminó siendo lo primero, no paro de preguntarme si era tan difícil poner esa energía y corazón en el Sonic Highgways, para que por lo menos sonara como un proyecto de Foo Fighters y no sólo de Dave.
Pero en fin, sin dudas el año empieza con un concierto que deja la vara alta, un front man con complejo de Stand up comedian de categoría mundial, y un público que se merece ovación propia. Grande chilenos, abajo T4F, arriba FF.
Hoy le vengo a hablar a don Johnny Herrera.
A tres días del “superclásico” del fútbol chileno –entre comillas porque clásicos son los dimes y diretes, además de la violencia y la rivalidad exacerbada más que el espectáculo futbolístico- me queda ese tipo de sensación de como que tengo que decir algo, o alguien tiene que decir algo y soy yo. Y una vez más, lo que quiero decir no tiene que ver con el partido en sí, sino más bien con aquel magistral concepto con que el señor Herrera se refirió a don Felipe Flores.
EL CHIPAMOGLI. La palabra utilizada por el arquero del Romántico Viajero, dejó un eco que hasta me tiene a mí escribiendo esto a estas horas de la noche y por este medio. Es que como que quedamos medio marcando ocupado.
Lo primero que vengo a decirle al señor Herrera es lo siguiente: en un país como el nuestro, donde las brechas de desigualdad social van disminuyendo pero aun así son alarmantes, el fútbol es un motor de movilidad social importante para hartos cabros, a los que hoy llamaremos como chipamoglis.
Estos chipamoglis, crecen sin niuno. Juegan en canchas de tierra, con los zapatos rotos. Algunos logran entrenar en clubes. Crecen futbolísticamente. Ganan plata. Sacan a sus familias de la pobreza y son unos new rich, quienes aprovechan al máximo sus minutos de fama dándose generosos gustos, porque pasaron de tener nada, a tenerlo todo.
Estos chipamoglis son la cara buena de la moneda. Porque creo yo, que ni usted señor Herrera, preferiría que estos cabros hayan crecido con drogas y delincuencia y hayan dejado su talento pa’ la pelota de lado. Yo creo que todos concordamos que es éste el mejor futuro para los chipamoglis.
Perfectamente, el caballero Felipe Flores, imputado como el “chipamogli”, podría haber desviado su camino y ser narcotraficante. Ganar buenas lucas, pero de la mala manera, desperdiciando también su gracia para jugar fútbol –porque convengámoslo, no es un genio con la pelota en los pies, pero pucha Colocolinos que nos ha salvado de hartas.
Y si le vengo a hablar a usted en particular, señor Herrera, es porque si a usted le molesta el chipamogli, demuestre la buena educación que recibió e ignórelo. Siempre tenga presente que cada cabro con cara de flaite en el fútbol chileno es un sobreviviente. Y usted, un agradecido debería ser.
Con la consigna en alto me despido, diciendo la última cosa que le quería decir: más chipamoglis en el fútbol, menos chipamoglis delinquiendo.

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Las dos versiones de Millionaire que lo cambiaron todo
06 de abril de 2013. Lollapalooza Chile, presentación de Queens of the Stone Age en el festival. Empieza a sonar You think I ain’t worth a dollar but I feel like a millionaire, y de ahí en más, nada pero un show correcto, un show de festival, de esos que podíamos encontrar en Youtube. Energía, potencia, un público enloquecido –incluyéndome-, una banda haciendo su trabajo de la mejor manera posible.
05 de octubre de 2014. Movistar Arena, primer concierto en solitario de Queens en Chile. Vuelve a sonar Millionaire, y de ahí en más, nada pero lo mejor. Un show de esos que no hacen siempre, y de eso como que había algo más, como si supieran que no queríamos el mismo show de Lollapalooza y en vez de eso, nos darían lo mejor. 19 canciones, muchas de las cuales jamás tocan en vivo. Unos de los mejores shows que he visto, y mis moretones saben lo que dicen.
Dos versiones de la misma canción que no puedo sacar de mi cabeza. Los mismos integrantes de la banda, el mismo pelo colorín. El mismo intento por llegar adelante para, ante la desventaja de mi metro cincuenta y seis, poder de una vez por todas ver a ese gigantesco músico al que tanto admiro –y a Dean Fertita… sí, a Dean.
Pero algo fue diferente. Mi teoría: Josh me leyó la mente y supo que mi sueño era escuchar en vivo The Fun Machine Took a Shit! and died. No, en serio, había cierta complicidad, algo bonito, que hacía más potente el Movistar. Una conexión entre el público y la banda, como para creerles de verdad que les gusta venir a Chile, una sensación de que sus palabras eran ciertas “We’re all friends, right?”.
Probablemente estaba ebrio y sólo quería cariño, muy probablemente. Y pucha que le respondimos poco, pero a nuestro favor, no se entendía ni jota lo que decía señor Homme. Pero, no se preocupe, que lo amamos y lo admiramos. Que nos encanta que venga a Chile –y que le diga Chile y no Chili, y traiga consigo ese calor seco que a usted tanto le gusta. Mire, que todos nos creemos desérticos apenas usted empieza a cantar.
La diferencia en mí fue clara. Mi primera vez con Millionaire, era sólo una de mis bandas favoritas. Mi segunda vez, se transformaron en la más favorita, desplazando a todos. Porque son la banda que una tipa que se cree rockera de 19 años quiere escuchar cuando dice buen rock. Porque es al colorín y sus amigos, sus forever friends a quiénes quiero y queremos.
Porque el domingo no fue un concierto cualquiera, fue también una muestra de que el nuevo disco de los Arctic es malo, que los Franz antes eran más rock, que por qué los Hives no hacen concierto en solitario, que las entradas a los Foo están muy caras. Todo esto en un concierto, todo eso traído por Queens of the Stone Age. Y que Dios me salve a la reina, ¡a la reina de la puta edad de piedra eso sí!
Morrison.
¡Qué pulcro show Mr. Johannes!
Diez canciones y el cariño del público. Esa fue la receta del chileno Alain Johannes para construir un show de calidad, en medio de una masa que esperaba impaciente a la banda principal, Queens of the Stone Age.
Las razones del éxito pueden ser muchas, factores de cercanía con el país, ser un viejo conocido para los fans de QOTSA, o simplemente el hecho de que su música tiene una potencia que rara vez dejaría indiferente a un amante del rock.
Una potencia y energía que es usual entre los seguidores de Josh Homme y si banda, una potencia que poseía la banda cuando Johannes pasó por su formación, una potencia cercana.
El chileno llenó el escenario, de principio a fin del show, con una banda compuesta por compatriotas. Su español agringado funcionó para crear lazos con la audiencia sedienta de saltos y golpes. Ni necesitó los garabatos, sólo necesitó su calidad.
La pulcritud de diez canciones que funcionaron de la mejor manera posible, incluso cuando nadie cantaba, todos disfrutaban el show. Ni un segundo innecesario, sólo la apertura perfecta para uno de los mejores espectáculos de rock vividos en Chile en el último tiempo.
Nada más que un aplauso y felicitaciones, y una invitación a escuchar su música. Señor Alain Johannes, usted lo logró.
De Tocopilla al top ten de fichajes en Europa
8 de julio de 2014. Se confirma el traspaso de Alexis Sánchez desde el Barcelona español al Arsenal FC de Inglaterra, y mi sensación es: “ahora todos los flaites van a andar con la camiseta del Arsenal”.
Nacido en Tocopilla en 1988, procedente de una familia humilde, Sánchez encontró en el fútbol el motor social para ayudarse a sí mismo y a sus seres queridos,a mantener un mejor nivel de vida, y lo logró.
Hoy, está entre los diez fichajes más caros de Europa. Ocupa el séptimo puesto, con un pase de 49.6 millones de dólares, lo que evidencia el buen momento del ex AS7, hoy AS17.
Esto evidencia dos aspectos, que son tema de discusión dominical: el fútbol, y más generalmente, el deporte, es un motor social. Niños de barrios pobres que aprendieron sus primeras gambetas en canchas de barrio, como Sánchez, son masivos, tanto en nuestro país como a nivel internacional. Y no es sino el fútbol profesional, el medio por el que estos jóvenes sacan a sus familias de las condiciones vulnerables.
El segundo aspecto se refiere a los excesivos recursos que rondan en torno al fútbol profesional. Los sueldos gigantescos, que superan muchas a veces a todo el dinero que una persona va a ver en su vida, muestran una injusticia –para algunos- y una desigualdad que se debería erradicar.
Estas dos premisas se relacionan directamente y pueden hacer reflexionar. En un mundo, en donde las desigualdades sociales y económicas son tan profundas, ¿podemos permitirnos pagar alrededor de 30 mil millones de pesos por un traspaso de un jugador de fútbol?
Mi primera respuesta es no, definitivamente no. En su esencia, el mundo del fútbol profesional y sus recursos es en su esencia un mundo de mafia. Cantidades de dinero estrafalarias y todas destinadas a los bolsillos de unos cuantos.
En lugar del deseo de riqueza a través de un deporte tan lindo como el fútbol, podrían dedicarse, en su lugar, a la ayuda y mejora de la infraestructura. Como el mismo Sánchez lo practica. También al incentivo en mujeres y discapacitados de este deporte en nuestro país, donde si tenemos suerte, podemos encontrarnos con otro Niño Maravilla más temprano que tarde.
La cinta Volantín Cortao suma nueva convocatoria a festivales.
Esta vez se trata del Festival de Cine Chileno de Quilpué, a realizarse entre el 23 y el 27 de septiembre.
Una nueva convocatoria para la película de Diego Ayala y Aníbal Jofré, que anteriormente pasó por Suiza, Italia y Francia, entre otros. Volantín Cortao (2013) es una película chilena dirigida por Diego Ayala y Aníbal Jofré, que recientemente fue seleccionada dentro de las cintas que competirán en el séptimo Festival de Cine Chileno de Quilpué. El largometraje, que funcionó además como proyecto de título para los jóvenes directores, fue financiado y patrocinado por la Universidad del Desarrollo. Diego Ayala y Aníbal Jofré aún no creen el inminente éxito que ha tenido su proyecto de título, el largometraje Volantín Cortao. La cinta trata sobre Paulina, una asistente social que se involucra con Manuel, un joven en riesgo social. “La película nace de la inquietud de averiguar qué pasa con los cabros que uno ve robar en la micro (…) de meterse en este mundo. Y quedó como la historia de Paulina, que es los ojos de todos nosotros, metiéndose a un mundo que no es el nuestro”, señala Diego Ayala. Volantín, que fue estrenada en el Festival Internacional de Cine de Valdivia, ha pasado desde entonces por numerosos festivales alrededor del mundo. Entre estos, se destaca el Festival de Locarno (Suiza), el Festival de Roma y el Festival de Toulousse, en los cuales no pasaron desapercibidos. Recientemente, fueron seleccionados entre los nueve largometrajes que competirán en el VII Festival de Cine Chileno de Quilpué. En este festival, se enfrentarán con cintas nacionales de gran renombre, como los documentales El vals de los inútiles y Propaganda. Ayala cuenta que su “objetivo sólo fue hacer una buena película. Todo lo que vino después –festivales y premios- fue una sorpresa y obvio que estamos felices”. Sobre el proceso de realización, los jóvenes directores destacan el apoyo de su alma máter. “La universidad se involucra en todo el proceso de la película”, que en su caso, fue el aporte de 12 millones de pesos, adjunto a los equipos de rodaje y posproducción. Aníbal Jofré asegura que, estos recursos, “te aseguran una cadena productiva que es beneficiosa para el proyecto (…). Es bueno que por lo menos en tu primera película te despreocupes de los gastos y de postular a los fondos”. Ayala y Jofré se encuentran actualmente trabajando en un nuevo proyecto en conjunto, su tercer largometraje. “Estamos en proceso de investigación y desarrollo. Empezando a escribir, ahora sí postulando a los fondos. Así que ahora vamos a ver cómo es la verdad de la milanesa”. Volantín Cortao tendrá su estreno comercial el 30 de Octubre, en diversos cines del país. También, en una cadena de cineclubs asociados a la Cineteca Nacional. Por ahora se está presentando en el Festival de Cine de Viña del Mar, como antesala a su participación en FECICH.
Morrison.