“ SentĂa que Ă©l era una versiĂłn en carne y hueso de mis libros favoritos, de aquellos lugares a los que soñaba con ir: Moby Dick, VudĂş en HaitĂ, hasta Una guĂa completa de los pájaros exĂłticos de Australia. Era el náufrago perfecto, ese hombre que estarĂa cĂłmodo con tallar un pedazo de madera para volverlo un gancho de pescar mientras estaba perdido en el mar.Â
... La tercera vez dijo que nunca habĂa conocido a alguien que se pareciera a mĂ y murmurĂł: “Eres ágil y esbelta”. DespuĂ©s me comparĂł con un ocelote, aquel animal parecido al leopardo que habita en la AmazonĂa.Me sentĂ halagada. En mi Ăşltima relaciĂłn me habĂa sentido más como un hámster, una mascota para todo un salĂłn de clases que fue comprada de paso y dejaron sin comida durante las vacaciones. Ahora estaba con hombres como este, que me veĂa como un gato salvaje y a quien consideraba como una mezcla de venado con caballo de mar, un estrella del atletismo con la gracia de un bailarĂn.”


















