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america-willis‌:
“¿Estás seguro de eso? Porque actĂşas como un muerto en vida.” Al menos con la actitud que deja ver y esa forma de comportarse que, aunque se empeñe en afirmar lo contrario, es muy diversa a la que vino portando las primeras semanas en las que se encontraron atrapados. Suelta un suspiro, intenta observarlo lo menos posible. Esa manera de hablar, las muecas que hace… de verdad que parece un niño. ÂżQuĂ© busca? ÂżIrritarle? ÂżUtilizar toda esa ironĂa le hace sentir más importante, más inteligente… menos vulnerable? Nuevamente, en su interior lo Ăşnico que produce es desagrado y en cierta forma eso tambiĂ©n le entristece. Cuando todo se volviĂł negro y las calles solo daban al bosque Ă©l estuvo allĂ, compartieron ideas, hablaron sobre sus vidas. Ahora es todo lo contrario, como si de un momento a otro algo hubiese despertado en Ă©l, algo que definitivamente no es bueno. “No necesito tomarte el pulso, se puede sentir miedo sin un corazĂłn acelerado.” Responde aĂşn sin dirigirle la mirada, fijándola ahora en el frente y pronunciando unas palabras carentes de emociĂłn, como si en realidad fuera un robot. Puede entender que su sangre no bombee y la adrenalina no se manifieste, pero tambiĂ©n tiene en cuenta de que el miedo paraliza, que cuando intentas ignorarlo por un momento crees que lo estás logrando, pero no, de alguna u otra forma ese sentimiento logra salir a la luz, en su caso escapando en forma de emociones completamente negativas. En definitiva, sĂ está aterrado y en eso existen dos opciones: a) o ese miedo le provoca un sentimiento de libertad y asĂ es como decidiĂł ser la versiĂłn que Ă©l cree que es más autĂ©ntica b) ese miedo está haciendo que actĂşe de manera bastante penosa. De verdad espera que sea la b. “Oh, Âżentonces yo no te conozco pero tĂş sĂ me conoces y asĂ de bien?” Ahora tambiĂ©n está siendo irĂłnica, le dice que no lo ha descifrado y a su misma vez da opiniones sobre si es o no madura, sobre si lee o no libros, sobre descifrĂł o no su vida, por favor. Por primera vez lo observa, frunce el ceño. “No te conozco porque en vez de hablar conmigo prefieres cargarme y cargar al mundo con tu frustraciĂłn e impotencia en vez de soltarla contra quien realmente la merece y la ha creado, contra ti mismo.” Si tan solo hablara del motivo por el cual su ira es asĂ de grande, si pudiese decirlo en voz alta, enfrentarlo y enfrentarse a sĂ mismo, entonces tal vez se perdonarĂa, tal vez comenzarĂa un proceso para sanar aquellos agujeros tan grandes en su interior. Se mantiene sentada en el sofá y lo observa desde allĂ con la misma expresiĂłn que antes. “Si hacerte cargo resulta un trabajo muy exhaustivo, entonces no lo hagas, pero ten en cuenta de que terminarás por quedarte solo y te guste o no admitirlo, nadie quiere estarlo.”
ÂżQuĂ© parte de que reconocĂa su actitud mortuoria no quedĂł claro para ella? No sintiĂł negarlo en ningĂşn momento. Tal parecĂa que estaba tan montada en sus ideas de sĂ mismo, que escuchaba Ăşnicamente lo que querĂa. “Nah. No creo conocerte del todo. Existe algo llamado sarcasmo, Âżajá?” ÂżEn verdad tenĂa que subrayarlo? ¡Ah, quĂ© cansancio con toda esa conversaciĂłn! Dexter poseĂa un carácter complejo y recordaba habĂ©rselo dado a entender desde el principio. Le dijo que no era sociable, a pesar de contar con las herramientas para entablar una conversaciĂłn. El hecho de que la rubia se dejĂł envolver por lo superficial y por lo que de inmediato se veĂa en el pelinegro, no era culpa de Ă©l. Fue AmĂ©rica quien se confiĂł. “No, no, no.” PronunciĂł firme, ladeando la cabeza. “¡AquĂ todos decidimos quĂ© soltar de nosotros y del pasado! No pretendas que tĂş no.” SuspirĂł, encogiĂ©ndose de hombros. Porque lo habĂa sufrido en carne propia constantemente, Ă©l jamás obligarĂa a nadie a desahogarse si no se sentĂa listo o no tenĂa las ganas, y ello no convertĂa a dicha persona en cobarde o valiente. En la vida, hay situaciones más complejas de lo que parecen, el umbral del dolor es subjetivo. “¡Todos en este puto mundo lo hacen! SĂ, incluso tĂş.” GirĂł los ojos, poniĂ©ndolos en blanco, como si la sorna en su timbre de voz no hubiera sido suficiente. Si el propĂłsito de la joven fue aconsejarle al principio, no se sintiĂł asĂ. Aunque ciertamente, al muchacho no le gustaban los consejos, lo detestaba. Para Ă©l, los consejos sabĂan a narcisismo disfrazado de buenas intenciones. Lo mejor es quedarse callado y escuchar. “O, Âżpor quĂ© el estudio es más importante que poner en orden tus emociones sobre tu familia?” Conste que echar en cara esa clase de detalles no lo disfrutaba, pero ella empezĂł con ese tonto juego de suposiciones en voz alta. “¿O por quĂ© estás aquĂ, en una fiesta con un montĂłn de interrogantes sobre ellos, cuando es tan fácil tomar un maldito telĂ©fono?” Con la mano formĂł una suerte de telĂ©fono y se lo pegĂł al oĂdo, y despuĂ©s suspirĂł, cruzándose de brazos, con expresiĂłn lĂşgubre. “Meh. ÂżAcaso tĂş haces esa mierda? ÂżTe haces cargo?” MostrĂł una falsa sonrisita de media luna, achicando los ojos. Ahora resulta que no se hacĂa cargo, wow... ÂżEn serio no se dio cuenta en los meses previos que algo no cuadraba con Ă©l? DebĂa ser el más ojeroso en el pueblo, para empezar. PerdĂa su tiempo. Estaba claro que no se abrirĂa con ella, menos con ese semblante en el rostro. “AmĂ©rica, eres tĂş quien le teme a la soledad, no yo.” VivĂa entre las sombras desde que era menor de edad,  asĂ que, Âżcuál era el punto de su sermĂłn? “No deberĂas. Llegamos solos y solos nos vamos.” EncarĂł una vez más las facciones de la rubia. “Eres tĂş quien está aterrada de la oscuridad y yo, yo... ¡yo me la vivo allĂ! La oscuridad es mi lugar. No recuerdo un solo dĂa en donde estuve ahĂ.” La oscuridad lo abrazaba, comprendĂa y no juzgaba. MostrĂł los blanquecinos, sonriendo ampliamente. “Mira, yo no sĂ©... Si esperas que me disculpe por decepcionarte, mejor quĂ©date sentada.”
america-willis‌:
“Eso lo dudo.” No lo conoce del todo, están de acuerdo, sin embargo no cree estar tan errada. Él era diferente, cuando estuvieron atrapados su actitud era otra, se alejaba de la oscuridad que ahora expresa… o la escondĂa, tambiĂ©n está esa posibilidad. Si ha generado una imagen de Ă©l, una opiniĂłn respecto de su persona, es porque Dexter le ha permitido hacerlo. Aunque ahora se comporte como si no tuviese idea alguna de por quĂ© motivo ella está cerca, en el fondo sabe que le abriĂł la puerta de alguna forma u otra. No fue una sola charla la que compartieron, no fueron algunas pocos minutos y definitivamente no fueron conversaciones vacĂas. Que ahora finja que nada de eso sucediĂł le sorprende mucho, le hace sentir que de alguna manera la persona que conociĂł ha muerto junto al encierro en el que vivieron dĂas pasados. “¿Entonces siempre fuiste esta alma en pena?” Porque aunque Ă©l afirme que nunca estuvo tan libre, desde su perspectiva solo está siendo preso de sus propios miedos, de aquellas incĂłgnitas que no puede explicar y que intenta ignorar en esa fachada de hombre despreocupado, desahuciado, que ya ha perdido toda esperanza, y tal vez la perdiĂł, tal vez es eso que le haga actuar de manera tan hosca. “Lo que yo veo es a un niño asustado que finge lo contrario.” Afirma, no le interesa que estĂ© intentando hacerle creer algo que simplemente no creerá, al final del dĂa solo está dejándose llevar por el alrededor, no toma cartas en el asunto, no se comporta como una persona madura y racional. Rueda los ojos ante su burla, si está intentando herirle la verdad es que no lo hace, solo aumenta su descontento respecto a esa aparente nueva y desagradable personalidad. Nadie pretende que lea libros, nadie pretende que le ayude tampoco, de hecho nunca lo ha invitado y con todo lo que está escuchando, tampoco planea hacerlo. “Ya deberĂas hacerte cargo de tu vida.” Esta es la realidad que le ha tocado, la situaciĂłn en la que se ha visto atrapado, de nada sirve tirarse a llorar penas en el sofá y ahogarlas en el alcohol y las drogas. Le recuerda a su madre, tanto es el rechazo que siente hacia la misma que decide girar el rostro hacia el lado contrario de Dexter, si lo liga a ella el deseo de no tenerlo cerca aumenta. “Tu sabes muy bien la respuesta, no me vengas con estupideces irĂłnicas, que ya estás grande y no eres ningĂşn tonto, aunque te estĂ©s empeñando y haciendo muy buen trabajo en parecerlo ahora mismo.”
“Un alma en pena implica estar muerto. Desafortunadamente, yo no morĂ.” Se limitĂł a decir rápidamente; y sin virar hacia ella, se encogiĂł de hombros, suspirando. La interrogante de porquĂ© a Ă©l sĂ le perdonaron la vida y no recibiĂł un disparo, ciertamente fue algo que habĂa cargado por años. Y aunque jurĂł más de una vez que fue enterrada junto con el cuerpo de la señora Varnham, si una mentira es pronunciada con tanta frecuencia, para quien la dice, tambiĂ©n se convierte en una verdad. Se cruzĂł de brazos y sin poder frenar, expulsĂł un sonoro bostezo de entre sus labios. Como era usual, las horas de descanso fueron pobres la noche anterior. En otras circunstancias, habrĂa bromeado con ella de su situaciĂłn, pues en teorĂa recordaba más a la de un vampiro, una criatura maldita, que a la de un fantasma. Pero no era el momento y además, a esas alturas, no podĂa estar seguro si la rubia toleraba el humor negro. FrunciĂł la boca, en un puchero forzado, y finalmente sus orbes reencontraron el oliva de los ajenos. No tardĂł en negar rotundamente en respuesta a sus suposiciones. DibujĂł una sonrisa ante lo divertido de verla intentarlo y quebrarse la cabeza. HabĂa que admitir que resultaba admirable la seguridad en su voz, a pesar de lo poco que Dexter expuso de sĂ mismo y su vida familiar en conversaciones previas. “Me puedes tomar el pulso o escuchar mis latidos, no estoy asustado.” PestañeĂł, con gesto cansino. No ver a su familia o morir de hambre... Quedar allĂ atrapado, realmente no le asustaba. En el fondo, se tratĂł siempre de su falta de normalidad y del autocontrol, alterado por el caos. Entonces le preocupaba quedarse sin fármacos y que se le escaparan por completo las cabras, pero llegado el dĂa, no fue tan terrible. Se mantenĂa de pie y creĂa sentirse mejor. SuspirĂł, irritado, poniendo los ojos en blanco. “SĂ, bueno... Ya te desahogaste y ya te escuchĂ©. Buen intento.” Se tapĂł un nuevo bostezo con la diestra y se puso de pie, echándole un breve vistazo a la joven y despuĂ©s a las jardineras cercanas a su posiciĂłn. “A propĂłsito, no eres tan madura tampoco. No te queda regañar ni dar cátedra, ÂżsĂ?” Hizo un mohĂn, tallándose la barbilla poblada. “Si no puedes ni descifrar tu vida, Âżde dĂłnde sacas que descifraste quiĂ©n soy y cĂłmo me siento? ¡No lo entiendes! No sabes ni mierda de mĂ. No realmente. Esto va más allá de este pueblo y sus problemas.” PestañeĂł. “Yo no podrĂa asumir con esa... ¡con esa seguridad, AmĂ©rica! De solo pensarlo, ya me cansĂ©.”
bcllchantx‌:
ObservĂł la conversaciĂłn de lejos, con sus celestes siendo atraĂdos por el comportamiento tan inusual de cada uno de los chicos que la habĂan acompañado en aquella aventura, como preferĂa llamarle, intentando descifrar que era lo que debĂa hacer, conflictuada por las emociones que el ver los rostros de sus padres y de los del chico faltante, le traĂan. Sin embargo, al ver como el castaño comenzaba a girar no pudo hacer más que apresurarse hasta su lado, fallando en su intento de atraparlo mientras que un par de miradas curiosas se posaban sobre ellos. — ¡Oh, mi dios, Dexter!, ÂżquĂ© estás haciendo? Âżte pegaste muy fuerte? Âżestás bien? — ComenzĂł a preguntar al mismo tiempo que se colocaba de cuclillas a su lado intentando encontrar alguna herida externa más que el fuerte golpe que seguramente se habĂa proporcionado.
“¿Pegarme? ÂżDe quĂ© hablas?” Si bien su cuerpo aterrizĂł con brusquedad sobre el sofá, no habĂa dolor y de haberlo, era lo de menos. Su complexiĂłn atlĂ©tica prometĂa una pronta recuperaciĂłn de cualquier golpecito. Bah, ese tipo de incidentes le tenĂan sin cuidado. “Ya basta, ÂżsĂ? Solo estás transformando algo sin importancia en un maldito circo.” GirĂł a ver a la rubia y despuĂ©s, con el ceño fruncido, encarĂł al par de testigos que los veĂan desde una considerada distancia. “No: no estoy ebrio.” DecidiĂł aclarar por milĂ©sima vez, con voz monĂłtona. “Estoy bien.”

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america-willis‌:
Escucha su pregunta y frunce el ceño, descolocada. De alguna forma el muchacho ha perdido el eje, puede notarlo. “No me hables de esa forma, estoy intentando poner lo mejor de mĂ desde que llegamos.” Y de alguna forma comienza a sentir que es la Ăşnica que lo hace. La mayorĂa está feliz por volver con sus familias y quienes no, se han dejado tomar por la desesperaciĂłn, angustia y confusiĂłn. Ella forma parte del segundo grupo pero intenta controlar su enojo con el mundo pues cree que existe una meta mucho más importante: vencer a lo que sea que estĂ© causando esto. “Además, yo no he organizado todo esto y si estoy aquĂ es pura y exclusivamente porque no tengo otro sitio en dĂłnde estar. Âżde acuerdo?” Habla con voz firme y no lo mira, teme que de hacerlo vaya a levantar su voz, vaya a expresar toda la ira que tiene dentro y volcarla al muchacho tal cual y como Ă©l está haciendo ahora con ella. No pagará con la misma moneda. “No planeaba relevarles el cargo.” Por supuesto que no espera que sean los demás quienes logren algo, entiende, tiene ojos, puede darse cuenta de la situaciĂłn, de que nadie toma en serio el regreso o incluso el perĂodo en el cual estuvieron atrapados. Planea tomar cartas en el asunto, hacerlo por cuenta propia. PensĂł que podrĂa contar con Dexter y su inteligencia, ahora sabe que las posibilidades de que asĂ sea son muy reducidas. “TĂş eres el Ăşnico que ha regresado siendo una versiĂłn extraña, Dexter.” Dice sin más, quitándose las ganas de hacerlo y girando el rostro para enfrentarse con los ojos masculinos. Todos sus dichos lĂşgubres, su pesimismo acerca de lo que están viviendo, no hace más que seguir alimentando la desdicha en su interior, le impulsa a tomar el mismo camino que el chico, no está potenciando nada bueno en su interior y puede notarlo. Si bien lo que dice es verdad, solo escucha preocupaciones y no soluciones, lo cual le hace sentir muy abrumada. “¿QuĂ© pasa contigo Ăşltimamente?” Pregunta ya resignada y ante el Ăşltimo comentario que el chico emite, suspira. A estas alturas dirĂa que tiene razĂłn, que no tiene seguido intentar seguir razonando con Ă©l y que es una batalla ya perdida.
ÂżPor quĂ© la mujer se lo tomĂł tan personal? ÂżSerá que su tono de voz se escuchĂł más golpeado y receloso de lo usual? Si Dexter generalizĂł la falta de interĂ©s y responsabilidad hacia los pasados eventos no fue para echarle la culpa directamente a ella. Sin embargo, no habrĂa sido congruente de su parte soltar una crĂtica al resto de los jĂłvenes cuando ellos tambiĂ©n mostraban ser parte del rebaño asistiendo a esa fiesta, independientemente de sus razones. TorciĂł la boca mientras se cruzaba de brazos. Para reaccionar de esa forma, la rubia debĂa estar sugestionada, presa de la confusiĂłn y frustraciĂłn de comparar el caos de las semanas previas con la supuesta normalidad que los envolvĂa esa noche. Pero lejos de pronunciar una disculpa o esclarecer el sentido de sus comentarios, aguardĂł en silencio. GirĂł los ojos. Estaba lejos de sorprenderse por esa actitud de arrogancia, o lo que sea que se habĂa apoderado de su interlocutora. AmĂ©rica era una joven con gran conocimiento y una intelectualidad bien estimulada como la de ella era capaz de oscurecer a cualquiera con una idea de tener siempre la razĂłn. ForzĂł los labios a sonreĂr, ahogando unas risillas una vez que escuchĂł lo siguiente en la palabrerĂa femenina. “No sĂ© de quĂ© estás hablándome. Si esta versiĂłn la desconoces, probablemente es porque te formaste un perfil errĂłneo de mĂ.” FrunciĂł la boca, mirándole casi con la misma extrañeza que ella despedĂa en sus ojos. “Lo que respecta a mĂ... Nunca fui tan genuino y libre en toda mi puta vida, como lo soy ahora.” SuspirĂł de nuevo, dejándose resbalar desinhibido por el sofá hasta caer sentado en el piso, y con un suave movimiento, recargĂł la cabeza en el asiento. “No sĂ© si viste en mĂ a un compañero de biblioteca...” SoltĂł una risita, burlesco. “Yo te lo dije, desde el principio, leo porque a veces las noches son largas para mĂ. Pero soy un hombre de acciĂłn. Hay más sangre que tĂtulos literarios entre mis recuerdos.” BalanceĂł la cabeza de un lado a otro, en busca de tronarse el cuello. “¿O deberĂa llamarle conciencia?” EnarcĂł una ceja, alzando el mentĂłn para ir al encuentro de las facciones ajenas. “TĂş dime, cerebrito.”
america-willis‌:
Escucha su maldiciĂłn y sonrĂe sin poder evitarlo, sucediĂł de forma tan espontánea que realmente logra arrancarle una falsa alegrĂa, una que en realidad no tiene pero que es exteriorizada en esa expresiĂłn, casi como si estuviese allĂ. Dura pocos segundos, los suficientes que tardĂł en pensar la respuesta que en realidad es más impulsiva que otra cosa. “¿Eso es algo bueno o algo malo?” A estas alturas ya ni siquiera lo sabe, cuando estaban atrapados al menos podĂa contar con que todo ese conocimiento servirĂa de algo, todos esos libros leĂdos y el tiempo invertido en los mismos encontrarĂan su utilidad. Ahora ya no está segura de que se considere como una ventaja. Suelta un nuevo suspiro, ya es ÂżquĂ©? Âżel cuarto de la noche? Y al parecer vienen muchos más. Deja ir la mano contraria, ha percibido que su reacciĂłn a aquel toque no es bien bienvenida y a pesar de que no entiende demasiado el por quĂ©, decide no indagar al respecto. Ya es mucho que estĂ©n hablando, que estĂ© compartiendo parte de sus sentimientos y pensamientos, si necesita su espacio puede comprenderlo, tampoco ha sido su intenciĂłn invadirle. Abraza nuevamente sus piernas, vuelve a enfocarse en el cielo. ÂżSerá el mismo que los viĂł padecer por tantos dĂas? ÂżQuĂ© fue testigo de un suicidio? QuĂ© presenciĂł como todos perdĂan las esperanzas y que ahora ve a algunos recuperarlas y a otros no encontrar el camino correcto. “¿TĂş crees que ellos puedan tener una explicaciĂłn para lo sucedido?” De todo lo que ha dicho desde que se reencontraron aquello parece lo más descabellado. Ni por un segundo pasĂł por su mente el ir corriendo hacia su madre pidiendo respuestas. Tampoco a los demás ciudadanos o al mismĂsimo alcalde, desde su punto de vista están igual o incluso más ciego que ellos. “No lo sĂ©, Dexter, si me lo preguntas te dirĂa que son perfectos ignorantes, no tienen idea… dudo que logren evacuar nuestras dudas.” Nadie ha pedido su opiniĂłn pero ahĂ está de nuevo, dispuesta a darle y dispuesta a seguir formulando teorĂas. “Si me lo preguntas, no creo que nadie vaya a darnos respuestas, creo que si queremos saber eventualmente tendremos que ser nosotros quienes develemos el misterio.” Algo le dice que quienes están detrás de todo esto (si es que hay alguien detrás o se trata de… otra cosa) no dejarán que la verdad se conozca tan fácilmente.
HabĂa comenzado a pegar con suavidad su cabeza contra el respalde, con ojos cerrados. Escuchaba con atenciĂłn la voz de su interlocutora, sintiĂ©ndose ligeramente molesto y decepcionado por su rĂ©plica. ÂżAcaso ni siquiera pasĂł por su mente que los reciĂ©n aparecidos en el pueblo tuvieran mĂnimo una idea de lo que sucedĂa? ¡Por un demonio, fueron ellos los ausentes! TragĂł saliva. “Entonces, Âżel plan es ir de fiesta en fiesta hasta que alguien más termine muerto o quĂ© onda?” El sarcasmo era bastante notorio, incluso en la sonrisa que a continuaciĂłn asomĂł en el rostro. No obstante, no tuvo interĂ©s de abrir los ojos y mirar a la de rubia cabellera. “Formamos grupos. Peleamos entre nosotros por el territorio y los edificios. Intentamos salir de este maldito pueblo por semanas y no pudimos. Y ahora aquĂ estamos, como si nada.” Llevaba horas pensando que la fiesta se trataba de una distracciĂłn, como la mayorĂa de las fiestas, excepto que esta guardaba un motivo siniestro. No veĂa posible regresar a la normalidad de sus vidas, no con todo lo que ahora sabĂan y habĂan sufrido. “¿Nosotros? ¡Ja! Solo mira este lugar... Apesta a marihuana, alcohol, vomito y sexo. Con cualquier cosa nos distraemos. ¿CĂłmo se supone que resolvamos un misterio asĂ?” ÂżLos demás habrĂan podido conciliar el sueño despuĂ©s de volver a ver a sus amigos y familia? ÂżO sufrĂa a solas, una vez más, producto de su propia ansiedad? Gruñó quedito y finalmente se ánimo a entreabrir sus orbes, subiendo la atenciĂłn al cielo. “¿Y cuánto más crees que seguiremos escondiendo lo de Jacob? Si sus padres son sus padres y no una versiĂłn extraña como la de mi papá y mi hermano, ya habrán notado que su hijo no está en casa. O detectado el hedor a muerte que desprendiĂł su cadáver. Tardamos en encontrarlo y sacarlo de allĂ, Âżrecuerdas?” Se cruzĂł de brazos y expulsĂł un profundo suspiro, con aspecto resignado. Si las decisiones dependieran Ăşnicamente de Ă©l, ya habrĂa ido a la residencia de esa familia y dicho todo, en espera de una reacciĂłn. “Te lo dije, hay que pasar de tema.”
evnsc‌:
Decidida a tomar un poco de aire saliĂł al jardĂn, para su pesar no era la Ăşnica allĂ. “¿Estás ebrio?” Cuestiona ligeramente divertida al ver el accionar del contrario. “Supongo que mañana puedes enviar una peticiĂłn para cambiar el nombre de este lugar.” Agrega como si realmente le hubiera tomado el comentario en serio.
MostrĂł sus blanquecinos, sonriendo ampliamente, y emitiĂł una risita irĂłnica. “QuĂ© tierno que pienses que estoy ebrio.” No fue la primera que se lo preguntĂł esa noche, lo cual si lo pensaba bien, le otorgĂł una especie de ventaja sobre los demás. En resumen: si algo resultaba mal, podrĂa salir impune del problema. Extrañado, negĂł con la cabeza. “¿Por quĂ© enviarla yo cuando puedes hacerlo tĂş?” Hizo una suerte de puchero y lentamente fue estirando una sonrisa ladina. “Tu idea.”
sircnvs‌:
los zafiros se clavan en un punto muerto. ha sonreĂdo, ha abrazado y ha fingido durante la mayor parte de la velada. ÂżquĂ© pasa si su psique se ha inventado todo? el miedo la carcome ante la posibilidad de que todo sea un sueño y al despertar, vuelva a la traumatica realidad ; ellos alejados de todo rostro querido y conocido. se ahoga en pensamientos cuando colisiĂłn de cuerpo ajeno contra aquel sofá a escasos pasos de su cuerpo. “ Âżno es muy temprano para estar ebrio? ” expresa en un susurro, arcos elevándose con sorpresa.
“El tiempo es relativo.” MirĂł hacia la dueña de aquella femenina voz, rostro quien no resultĂł desapercibido en su memoria, y esbozĂł una discreta sonrisa. “Pero no estoy ebrio.” QuĂ© más quisiera estarlo y responsabilizar al alcohol de sus impulsos caĂłticos y falta de filtro en el interior de su cráneo. “Puedes hacerme la prueba del alcoholĂmetro si no me crees.” TerminĂł de acomodarse en el sofá, estirando bien las piernas, y entrecerrĂł sus orbes, mirando el manto nocturno.
katzelias‌:
ElĂas se corre hacia el brazo del sillĂłn automático, robĂłtico. Lo mirĂł y lo escuchĂł sin acotar nada, supuso que el chico estará ebrio y hablará solo (la suposiciĂłn tomĂł más peso cuando se puso a dar vueltas, pero a ElĂas le trae sin cuidado, no le causa gracia ni le molesta, sobretodo porque Ă©l borracho, de verdad borracho… por favor. Y además está drogado y con sueño, por favor, quĂ© va a hablar). —No te acomodes —dice, devolviendo la vista al cielo oscuro. Una pausa, toma aire. Aspira su propio olor a porro. —El sillĂłn te succiona y no dan ganas de levantarse luego.
“¿Y cuándo mencionĂ© que querĂa levantarme?” A propĂłsito, Âżalguna vez lo habĂa querido? Bueno, hubo una Ă©poca que ir a la escuela era importante y aĂşn más, terminar una licenciatura universitaria. Dos meses fueron suficiente para que sentir en carne propia lo efĂmero que era todo en la vida. ÂżSe suponĂa que tocara puertas y repartiera curriculums vitae como si la muerte de Jacob fuese parte de un mal sueño? SuspirĂł, incĂłmodo; y pegĂł la espalda en el respalde del sofá. No percibiĂł al otro muchacho minutos antes, creyĂ©ndose solo. “Y dime, ÂżcĂłmo se siente...?” A pesar de que no consumĂa, el aroma a cannabis era peculiar como para no reconocerlo. “¿Buscar que la cabeza te de vueltas intencionalmente?”

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hrtbreakprince‌:
“¿no te gustan las fiestas?” pregunta absurda debido a la situaciĂłn en la que están. llevaba rato tratando de entender lo que estaba pasando, pero por otra parte no querĂa desaprovechar el momento, en caso de que fuese un sueño o algo asĂ. de todas formas, se ha alejado en un intento de respirar. “¿estás intentando matarnos a todos?” comenta, señalando con el mentĂłn el cigarrillo en una posiciĂłn peligrosa.
Casi indiferente, llevĂł su atenciĂłn hacia el pasto y frunciĂł los labios, pensativo. “La idea suena tentadora.” Sacudir un poco a los presentes, hacerles recordar su sinsentido, y autodarse un par de golpes a travĂ©s de dicho acto, ¡pero bah! “Pero es una noche hĂşmeda.” El rocĂo se apreciaba con notoriedad en el jardĂn. “Ya ves, hoy no triunfĂł el mal.”
america-willis‌:
Frunce el ceño tras escuchar la respuesta del muchacho, tan concisa que puede darse cuenta de que no es la Ăşnica que se encuentra transitando un momento de desolaciĂłn y desorden mental puro. Ya se venĂa anticipando, en los Ăşltimos dĂas Dexter se habĂa aislado de su persona y nunca entendiĂł por quĂ©. Tampoco quiso agobiarlo y esa es la razĂłn por la cual decidiĂł darle su espacio. Es la primera vez que hablan en dĂas y lo que tiene para decir le sorprende. “A mi me gusta cuando piensas.” Admite y por supuesto, está intentando hacer que se sienta mejor, pero no lo hace a travĂ©s de una mentira. Con el chico, estando atrapados, ha tenido las charlas más interesantes, le ha confesado cosas privadas, pensamientos que no pensĂł que estuviesen hechos para decirse en voz alta. Él nunca la juzgĂł y por eso cree que es alguien que vale la pena, incluso si ahora ninguno de los dos se encuentra en su mejor momento. “El alcohol solo hará que tus emociones se vuelvan más intensas que antes, puede que logres callar las voces, sĂ… pero puede tambiĂ©n que se vuelvan incluso más altas que antes.” Las drogas suelen ser impredecibles y la bebida está catalogada como una. Tampoco intenta decirle que hacer, simplemente le recuerda que su plan puede tener el efecto contrario y terminar rebotándole en la cara. Endereza su cuerpo cuando Ă©l se mueve y observa su rostro cuando dice aquellas palabras. Entiende su punto. Estira el brazo y logra alcanzar la mano del muchacho, coloca la suya encima, queriendo calmar cualquier pensamiento negativo que se haya suscitado en su mente, no era su intenciĂłn alterarlo más de lo debido. “Lo sĂ©, sĂ© que ellos se preocupan.” Quiere incluirlo a Ă©l pero realmente no lo sabe pues tambiĂ©n es impredecible. Sin embargo durante el perĂodo en el cual estuvieron sin comunicaciĂłn con el mundo exterior logrĂł afianzar lazos, como con Percy o Birdie, quienes llorarĂan su perdida (de eso está segura). “Me refiero a mi familia, yo… no sĂ© si es más fácil o más difĂcil el saber que no les importo, el llegar y que nadie te reciba.” Si bien creyĂł ser un tema superado, ver a los demás con sus familiares, abrazados, riendo, celebrando, provocĂł cierto sentimiento de nostalgia en su pecho.
Se limitĂł, aguardando en silencio. Generalmente los pensamientos del joven iban a un lugar más allá de lo permitido. No querĂa preocupar a la rubia, o espantarla. Porque si le decĂa que considerĂł tronarse los sesos durante varias veces en su maldita vida, ella comenzarĂa a verlo diferente, y lo que nunca habĂa buscado causar es lástima. GirĂł en busca del rostro de la joven, enarcando una ceja, irĂłnico. “MaldiciĂłn, mujer. Eres como un libro con piernas.” No pudo evitar comenzar a reĂr, formando una amplia sonrisa conforme subĂa el color de sus pupilas al manto nocturno. HabĂa vivido desde que era un niño de la mano del concepto de pĂ©rdida, dolor y trauma, y por mucho que cualquier droga fuera una especie de tentaciĂłn, por prescripciĂłn mĂ©dica fue obligado a tomar fármacos más intensos. Estaba seguro que el alcohol no significarĂa nada, pero representaba un riesgo para arruinar sus, de por si estropeados, neurotransmisores. Estaba quebrado, pero no idiota. FrunciĂł el ceño tras sentir el contacto de la mano femenina sobre el dorso de la propia. ÂżPor quĂ©...? Hizo un mohĂn, incĂłmodo. ÂżEn verdad daba impresiĂłn de ser un cachorrito herido? Aunque considerĂł zafarse y moverse de su sitio, en el fondo sabĂa que ella no lo hacĂa con malas intenciones. La rubia no merecĂa un mal gesto de su parte. SuspirĂł hondo, guiando la vista en sus zapatos, y despuĂ©s metros adelante, hacia el verde del jardĂn y las plantas que lo adornaban. “Pues yo no me creo el cuento.” AdmitiĂł finalmente, encogiĂ©ndose de hombros. “Si todo este rollo es para desquiciarnos...” RiĂł brevemente por lo bajo, negando. “Cometieron un pequeño error conmigo.” No por su rebeldĂa, terquedad y hambre por criticar a su alrededor y las circunstancias que los aquejaban sino porque nunca se tratĂł de un individuo totalmente cuerdo. “Bah. Ya ni deberĂamos hablar de esto. No vale la pena.” FrunciĂł los labios, en una clase de puchero. “SĂ© que no pasará nada. Somos un montĂłn de cobardes que nos aterra encarar a los adultos y pedir explicaciones.”
v-julieta‌:
“¿Es sarcasmo por lo animada que parece la fiesta?” Pregunta divertida mientras observa al muchacho que acababa de caer (literalmente) junto a ella en el sofá. “No sĂ© quĂ© haya sucedido pero al menos la mitad de los asistentes no ve la hora de irse…” algo decepcionante, pues habĂa esperado algo mucho más animado para una fiesta de bienvenida.
“Meeh. Para mĂ todas las fiestas son lo mismo: promiscuidad y drogadicciĂłn bajo una máscara de sana convivencia.” Si lo pensaba bien, el comportamiento de la mayorĂa de su generaciĂłn era predecible. “AsĂ que es poco lo que me interesa si en la fiesta hay buen ambiente o no.” LocalizĂł el cigarrillo entre la hierba y se puso de pie rápidamente para recogerlo, y meterlo de nuevo a los labios. “No querĂa estar en casa.” ComentĂł antes de expulsar el humo y tomar el cilindro con sus dedos. “¿Cuál es tu excusa? Por favor no digas que para divertirte, esa nunca es la verdadera razĂłn.”
covrtncymumu‌:
“¿en serio? no sabes lo feliz que me hace ¡haber llegado al objetivo de mi vida!” musitó con una sonrisa ida. honestamente, nunca le importó lo que la gente pensara de ella y menos en boca del muchacho “pues tendrás la memoria mal esparcida, corazón, he hecho más cosas durante el tiempo de cautividad” esbozó una mueca y luego regaló otro chupito sin tocar al moreno “baja la defensa, hombre”
“¡Y ese soy yo!” Rió con falsa efusividad, mostrando los blanquecinos. “¡El padrino de los sueños de las causas perdidas!” En el fondo, la retórica de la muchacha no le provocaba malestar. Con el paso del tiempo, aprendió a lidiar con ella y el choque de temperamentos entre los dos. “Beber de distintas marcas y botellas no cuenta como más cosas.” Subrayó con propósito de fastidiar, haciendo comillas con los dedos. “Solo digo.” Frunció los labios y miró hacia el cielo, moviendo los hombros con naturalidad. “Nah. Bájala tú.”
darkmumuboysxrp‌:
Sean iba pasando por ahĂ y vi la acciĂłn del ajeno y se acerco rápidamente, para pisar la colilla, asĂ apagar el cigarro y evitar un accidente. “DeberĂas tener mas cuidado. No serĂa lindo que una fiesta termine en un gran incendio.” ComentĂł amablemente mientras subĂa la mirada de su pies al chico y se lo quedo viendo con extrañeza. “¿CĂłmo te va?” PreguntĂł curioso.
Sin intenciĂłn de enderezarse, girĂł el rostro hacia el muchacho. “Han pasado peores cosas.” Era consciente de la razĂłn en sus palabras, mas el contexto probablemente no era el indicado. Aunque sĂ tenĂa más sentido correr todos por sus vidas que festejar por el simple hecho de hacerlo. “Super-duper.” PronunciĂł sarcástico, y comenzĂł a negar con la cabeza, riĂ©ndose quedito. “¿Y a ti?”

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gclvxia‌:
Burla se apoderĂł de carmines tras obtener la respuesta del masculino. “Vaya, no sabĂa que te considerabas tan diabĂłlico.” arrojĂł toda crueldad sobre el impropio. AnatomĂa fĂ©mina se disponĂa a emprender un camino hasta el sofá ya ocupado mientras dejaba caer todo su peso sobre el mismo y asĂ poder mantener contacto cercano al ajeno. “Buen intento,” le devolviĂł el cilindro, arrugando su nariz con diversiĂłn. “soy Elena, Lena. Pero, creo que eso ya es sabido” creyente de su jerarquĂa en el pueblo.
“¿CĂłmo lo sabrĂas si no me conoces?” AchicĂł los orbes, transmitiendo ironĂa al cruzar miradas con ella. Se preguntĂł si ella lo ubicaba de alguna parte porque Ă©l no. FrunciĂł los labios indiferente, queriĂ©ndose reĂr, y moviĂł los hombros. Realmente escupiĂł los primeros nombres que se le ocurrieron, no lo habĂa pensado tanto. “¿QuĂ©? ÂżSabido por quiĂ©n?” EnarcĂł una ceja. “¿Se supone eres famosa o... algo?”