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emerson-carbry:
La petición de la joven seleccionada arranca una risa baja y discreta de la rubia, quien asiente ligeramente y da medio paso atrás. —Sólo porque lo pidió amablemente,— responde, señalando los ingredientes puestos sobre la mesa, dispuesta a darle espacia a la joven para realizar el propio sandwich. Se imaginaba en una situación parecida, en la que, de repente todo lo que siempre había hecho por sí misma fuera hecho por otra persona. Seguro no le gustaría demasiado. —Es normal… Es decir, no sería la primera que dice sentirse así, pero al final, supongo que todas pueden acostumbrarse. Cuesta un poco, pero eventualmente se acostumbra, se lo aseguro,— porque, como decía su madre, a todo era fácil acostumbrarse, salvo a no tener qué comer. Tanto si era para una vida más simple, como si era una más llena de lujos. —Aqua… Está bien,— asiente con una sonrisa en sus labios, ya prácticamente se había vuelto una costumbre para ella que las seleccionadas (o su mayoría, al menos) pidieran ser llamadas por su nombre. —Oh, entiendo… Somos dos,— asegura con un asentimiento, mientras da un pequeño trago a la caliente bebida que ahora sostiene entre sus manos. —¿Al menos se ha sentido bien en el palacio?— inquiere con interés, orbes fijos en las femeninas facciones contrarias.
“¿Y qué pasa si no me acostumbro porque no deseo hacerlo?” Inquisición hipotética, presenta un escenario de dudoso suceder, buscando la quinta pata al felino. “No me gusta depender de nadie para hacer las cosas con eficacia teniendo la posibilidad de hacerlas por mi cuenta, eso genera dependencia en todos los sentidos que te puedas imaginar.” No era experta en tópicos como tal, continuaba en sus años de formación mas la experiencia y contacto con extraños ha mostrado a orbes cerúleas que el entregar / facilitar absolutamente todo a terceros desarrolla una tendencia que proyecta en personas la fácil obtención de todas las cosas, una imagen irreal en el mundo actual. “Pensarlo me es… frustrante.” Niega repetidas veces, su cabellera color carbón danza en el aire con cada movimiento de cabeza. Segundos más tarde ocupa el lugar dejado vacante, disponiendo allí de los ingredientes para hacer el tentempié que tras un par de movimientos de muñeca finaliza (con uno extra, que tiende a su interlocutora). “Perdí la cuenta luego de perderme por tercera vez, pero puede decirse que me he sentido como en casa.” Alude con entonación bromista, pues era desmedida exageración el hecho de colocar su estancia en la nativa Allens junto al palacio hondureño en una misma oración. Debía tener mínimo conocimiento sobre las instalaciones antes de salir por cuenta propia de sus aposentos y no entregarse al divague / osadía de permitir que sus suelas sean su guía sin compañía alguna, pues no siempre estaría la fémina de tez dorada y facciones de porcelana para velar por sus necesidad.. “¿Y tú? -- ¿cuál es tú nombre?” Indaga, deseando otorgarle nombre al rostro y luego da mordida al ansiado sándwich, recargando su espalda sobre la mesada.
urixhschrv3:
No molesta a sus oídos la carencia de etiquetas de orden jerárquico, nomenclaturas que jamás han sido veneradas y mucho menos en momentos de este tipo. “¿Lo has escuchado mucho estos días, eh?” indaga, con ligeros pliegues formados entre ceja y ceja, una curiosidad ficticia, forzada como la tranquilidad que debe crearse para ojo espectador y general, lo que pacta corona hoy inestable. “Es una generalización grande, pero nada desacertada” y además es claro ya para sus ojos cómo el juego de alianzas de las principales potencias televisivas tienen un lugar en la balanza, uno que asegure el status, que no raye el intocable poderío acumulado. Pausado, eleva la vista a facciones contrarias, identidad ajena a memoria propia “Suena demasiado firme en tu posición,“ acota observación, humedeciendo sus propios labios. “No es como si las personas no funcionasen así de vez en cuando también” divaga posiblemente, piensa en alguien en especial y lo sabe, quizá la principal entidad que da vueltas cual carrusel desde primer desembarco en tierras natales, golpetea el paladar antes de tomar asiento en ese mismo sofá, tomando el aparato móvil ahí arrojado para dedicarle una rápida visualización.
"Estas últimas horas, para ser más específica.” Replica inmediatamente después de haber humedecido carmines con su sinhueso, aquellos insultos parecían brotar con fluidez tras las palabras de Illéa que habían sabido plantar discordia y una atmósfera lúgubre / atribulada en el palacio. “Los seres humanos solemos hacerlo, sí, se llama manipulación.” Daba razón a su contraparte, su adición no falta a la verdad a lo que la fémina replica asintiendo con su cabeza, demostrando aprobación. “Pero para el bien de nuestra consciencia, no tenemos tanto alcance y tampoco la capacidad de cambiar la mente de decenas de millones de personas.” Pues sabe de quienes absorben información televisada y repiten de manera similar a un teléfono descompuesto, sin siquiera poner en tela de juicio la veracidad de las cosas dichas. La percepción de los seres humanos era desigual, chocantes de ser comparadas, eso hacía fantástica la diversidad entre la cual se perdía, mas no podía brindar tolerancia a aquellas mentes guiadas por la mera destrucción. “Hm, tus zapatos no han de ser muy cómodos en este momento.” Con brazos cruzados / entrelazados frontis a su pecho, acorta distancia entre interlocutor y su persona, dando paso tras paso sigilosamente. No era la primera y tampoco sería la última vez que autoridades monárquicas transcurrieran por momentos de símiles presión fuera por movimientos sociales (rebeldes) o mismas amenazas internas a la corona, pero podía divisarse con claridad que, aunque procuraran proyectarlo, no eran la gacela en aquella historia; eran el cazador.
urixhschrv3:
Camina en círculos como animal enjaulado, de fondo resuena discurso matutino que no para de reproducir (que ya se sabe casi de memoria), en pantalla August, vociferando palabrería, porte soberbio, todo lo despreciable de la realeza de la cual forma parte sintetizado en un único hombre. Pero es más fuerte su voz dirigiéndose a la línea telefónica, cuestiona la decisión del encierro (individualmente, no quiere estar aquí) y escuchar sólo el principio de la oración (por saber qué sigue muy bien) es suficiente para tomar la decisión de cortar sin más. En impulso el móvil es primer víctima, lanzado a sillón cercano sin medir fuerza antes de ocupar manos con el control del televisor, para su mala suerte, inútil al deseo de cambio, lo que faltaba. “Me cago en la mierda” muy bajo, pierde la paciencia con el control y prefiere apagar todo incordio (por hoy) de manera manual, desenchufando vehemente toda señal televisiva, se desquita ahí mismo y en ese pequeño acto. Ahí recién se da cuenta de secundaria presencia, da vuelta y dedica mirada, sin saber de cuánto ha sido testigo. “Hay otra docena de televisiones en este palacio, si te interesa” informa, por ahora prefería ese silencio. “Porque ésta tiene el control roto, por lo visto.”
Ocupando lugar en salón donde el silencio reina y las revistas e intercambios de palabras superficiales sobran, la nativa del este decide obrar con el fin de ocupar su tiempo y gastar energías, encontrando inmediatamente una tarea para ello: recorrer las instalaciones. Eran lo suficientemente espaciosas para cansarla y tan etéreas que en sus ojos proyectaba languidez y frialdad, por lo que su atención en aquel recorrido flota de aquí a allá cuan dandelión en brisa primaveral. Arriba a la sala y oye expectante. “Me cago en la mierda puede sonar un tanto reiterativo, ¿no te parece?” Inquisición presentada en una entonación simpática, ahorrándose títulos nobiliarios y tratos de usted, cálida a pesar de que la combinación de insultos aún resuena en su cabeza. Orbes celestinas pueden divisar la obvia frustración que el heredero hace física y verbal, por lo que permanece distante y recarga la menuda silueta en el umbral de caoba que da entrada al interior del salón. “No suelo consumir mucha televisión, toda la información que obtienen es manipulada a su provecho.” A su parecer, los medios de comunicación no merecían ni el beneficio de la duda por parte suya, especialmente aquellos sensacionalistas como lo era el Capital Report.
rxwaand:
“Es que, ese es… Por eso necesito ayuda” Esclarece para finalmente introducirse al cuarto dónde yacía la princesa, con las telas de textura suave siendo cargadas por sus extremidades. “Ella tuvo que ir a hacer un recado y me ha dejado con esto en el salón de… en ese de allí…” Su mirada danza sobre su hombro, índica con un sólo movimiento que el cuarto a sus espaldas es donde había quedado a su merced. “Sólo necesito saber dónde puedo dejar todo esto, es que” Por supuesto, apenas conocía la mitad de los pasillos y todo resultaba como una clase de laberinto, tal como había sucedido sus primeras semanas en el castillo de Carolina. “ — ni siquiera sé dónde queda el baño, tocador”
“El salón de... hm, ¿comedor, quizá? O uno de los espacios comunes; son demasiados.” Traía recuerdo fotográfico los pocos espacios que había transitado en el interior de la infraestructura: entre éstas el comedor principal, biblioteca y cocinas. Mas no conseguía ubicar aquellas sin la ayuda gráfica del bosquejo hecho a puño en una vieja hoja cuya autoría iba a la doncella propia, aquel era la base de cada uno de sus pasos / movimientos en el ilustre edificio hondureño una vez se separaba de su sombra. “Puedes dejarlo aquí y una vez ella vuelva puede arreglarlo por ti, o... bueno, no sé muy bien.” Se encontraba casi tan perdida como su interlocutora, explicación que daba ésta no era la suficiente para increpar las interrogantes que fluyen en la cabeza de la pelinegra. “Cada habitación tiene uno, están detrás de un espejo de doble salida” Señala a con el índice a su zurda, como si estuviera dentro de sus aposentos, pues en aquella dirección se encontraba su tocador. “--- porque, ¡válgame dios! La corona jamás dejaría que compartiéramos un tocador con alguien más.” Bárbara exageración que acompaña con movimiento de mano y desfiguración de etéreas facciones, podría camuflarse a la perfección entre aquel par de ridículas pautas impuestas a las féminas participantes en La Selección.

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emerson-carbry:
—No realmente, pero no soy ajena a la cocina,— responde con un asentimiento. A pesar de que su puesto dentro del staff de palacio corresponde al de doncella, su empleo pasado estaba dedicado completamente a ser cocinera. —Es algo sencillo, se lo puedo preparar,— asegura mientras comienza a moverse, buscando en la alacena los 3 ingredientes necesarios para la casual petición de la joven seleccionada. No podía dejar que ella lo hiciera por sí misma. De todas formas, imaginaba a su jefa directa reñirle si no hacía uso de toda la hospitalidad que merecía alguien con el título de invitada de la corona. —Además, así me da algo que hacer. Me gusta mantenerme ocupada,— era una verdad casi absoluta. Helena no disfruta de encontrarse sentada, sin nada en lo que ocupar sus manos o su pensamiento; mucho menos después de todo lo que acontece en el país en la actualidad, problemas en los que, indirectamente, se ve involucrada por servir a una honesta causa como la de los rebeldes del norte. —¿No puede conciliar el sueño, milady?— inquiere con educado interés, orbes miel que se pasean por las bonitas facciones de la joven.
“Déjame poner la jalea, por favor.” Sílabas fácilmente confundibles con el ruegue, mas éstas son verbalizadas con certeza y claridad, como si aquello se tratara de una legítima orden. “No me gusta sentirme inútil y es lo que... --- bueno, he sentido desde que llegué.” Tenía todas sus extremidades, motricidad y capacidad cognitiva excepcional por lo que se trataba de una persona completamente capaz de ejecutar tareas como tal, algo que había hecho durante toda su vida inclusive proviniendo de una casta elevada. "Por favor, llámame Aqua, solo mi nombre está bien.” Simpleza de un nombre de pila corto y agradable al oído, tan informal que desprende menguante en los carmines de quien lo pronuncia (su portadora), quisquillosa en demasía en cuanto al trato para con terceros. En su torrente sanguíneo jamás corrió sangre de color azul, por lo que ser portadora de titulo nobiliario como el previamente enunciado resulta no encastrar con su persona, no hay espacio para él en su molde. “Se puede decir que no logro conciliar el sueño, sí, pero en realidad no puedo dormir con el estómago vacío.” Establece inmediato contacto visual con la interlocutora entretanto inquietos dígitos tamborilean sobre la superficie de mármol blanca dispuesta como mesada. Reposar en los brazos de Morfeo era algo en lo que la fémina encontraba goce / disfrute por lo que encontrarlo no era tarea difícil, no era necesaria la inducción de drogas o medicaciones alternativas a su anatomía.
rxwaand:
“Hey — mhm” Busca la atención foránea tras volverse imposible aquella tarea impuesta, la idea de un socorro fue descartada debido a no resultar la más llamativa, pero entonces se estaba quedando sin opciones / posibilidades. “disculpa, ¿podrías ayudarme? sólo… eh, sólo será un segundo”
"Por supuesto, no hay problema.” Echa vistazo a sus alrededores, procurando el detonante que obligó a su interlocutora a demandar ayuda por parte de un tercero, después de todo su agenda estaba tan limpia como el agua y no habían mejores planes que éstos. “¿Y tú doncella?” Inquisición que brota de sus carmines por mera curiosidad, no existe trasfondo deshonesto tras ella. Posibilidad que el acostumbrarse a sentir la respiración de una de las previamente nombradas tras su nuca, caminando sobre sus propios pasos, creara patrón e hiciera creer a la joven de orbes cerúleas que el manejo en el cuerpo de servicio era idéntico para las selectas.
kalbry:
La anatomía masculina se encuentra en el mismo sitio desde hace minutos atrás. No puede evitar que sus ojos viajen por encima de la bella estructura que, aunque parecida a la de Carolina, es igual de impresionante. Su dedos juegan con inquietud, su mente a la vez trata de acostumbrarse a los nuevos pasillos y lugares que no ha visto antes. Un deje de aburrimiento atraviesa su mirada. Justo en ese momento es consciente de una figura caminando cerca. “¿Le puedo ayudar en algo?” su voz sale disparada, casi desesperado por obtener otra fuente de entretenimiento durante un rato.
Sumida entre divagues de ideas y un estómago que, juzgando por sonidos que emite y constantes espasmos, aparenta tener vida propia, la fémina de orbes azulinas buscaba silueta que brindara a su psique un poco de quietud y orientación (además de un par de respuestas a interrogantes existenciales del momento). “Tsch.” Llama a quien, sobre su chistar, servicialmente adiciona la interrogante esperada. “Serías de mucha ayuda, sí.” Seleccionada asiente, filtrando en su psique maneras de formular aquella inquisición sin bordear lo pedestre. “Mira... escuché, puede que sea cierto o no, que hay un sitio de comida rápida relativamente cerca, a un par de kilómetros, y venden donas ahí.” Elude otorgar más detalles sobre aquello y por ende, explicar la razón tras tener su oreja pegada a la pared, a fin de cuentas toda información sobre sus iguales es recibida de buena manera teniendo en cuenta su tardía introducción a la competencia. “¿Crees que podría salir a comprar unas?” Consciente era de que no podía ingerir alimento que no proviniera de las cocinas reales, pero podía hacerse una excepción de ser acompañada de lo que aparentaba (en ropajes) ser un guardia.
alhedisxrders:
Todo lo acontecido en Carolina los obligaba a recibir con gusto a todos en su hogar. No tenía inconveniente alguno, pero las cosas podían haberse hecho de otra manera, pensaba la joven, aunque claro, a Alhedis con tal de llevar la contraria le daba igual el motivo. Pese a eso, su sonrisa continuaba plasmada en sus labios de sol a sol al igual que su lado servicial. “¿Qué tal? ¿Conseguís acomodaros? Si puedo ayudar en algo no dudes en pedírmelo, de verdad.”
El desespero era expresado físicamente en cuanto el camino dado (y plasmado en hoja por su doncella, en un boceto rústico) logra sacar la peor faz de su carácter y recortar paciencia a lo mínimo. Trasladarse a una estancia que desconocía en su totalidad la obligaba a que, nuevamente, aprendiera el diseño y orientación básica de la residencia real aunque su permanencia en el lugar fuera por cuestión de horas. “Bien, mejor, solo me he perdido dos veces hoy.” Aquello no era algo con que jactaba orgullosa, mas su camino nocturnal a la biblioteca doce horas priores a la actual había conseguido tener más percances de los que gustaría admitir. Era un logro. “¿Qué se siente estar en casa, hm?” Plantea inquisición, ladeando rostro. Era el primer dato que había llegado a sus oídos apenas arribaron al lugar: aquellas cuatro grandes y fuertes paredes guardaban la vida de la otra familia real en tiempos de no selección. “Se puede decir que extraño la mía.” Nativa ciudad se encontraba en la lejanía de los límites de la nueva provincia, creando en la boca de su estómago nostalgia que contrasta con el fresco aroma y horizontes que caracterizan la capital hondureña.
emerson-carbry:
Siempre era lo mismo cuando cambiaba de lugar de trabajo (decir de “residencia” sería una exageración). Pasó cuando llegó a Carolina, ocurre ahora en Honduragua: conciliar el sueño se convirtió en una hazaña. Aprovecha el momento para familiarizarse un poco mejor con el palacio, con los pasillos y habitaciones; dónde está el cuarto de servicio y la cocina. Resulta ser su última parada. Sin muchos resultados respecto a sus deseos de entregarse a Morfeo, pone a calentar agua y prepara una taza para sí. Apoyada contra la barra, es cuando escucha pasos ajenos, una silueta dibujándose contra el umbral de la puerta. A pesar del cansancio, se impulsa para mantenerse en una postura más recta. —¿Hay algo en lo que lo pueda auxiliar?— el tono es servicial, a pesar de incluir una nota extraña de lasitud, una que va con la débil sonrisa que ofrece.
El saltar la cena golpea su puerta, la de su estómago, el arrepentimiento por aquella decisión es sincero y por ello decide, con boceto de las instalaciones en manos, echarse a andar a las cocinas, arribando al lugar luego de larga espera. "¿Trabajas en las cocinas?” Inquisición fluye de su sinhueso apenas divisa compañía por parte de otra silueta femenina. “Mi doncella duerme, venía por un sándwich de mantequilla de maní y jalea,” Aún no acoplaba a su rutina aquello de poseer a alguien caminando tras su espalda de sol a sol, sin descansos, tendiéndole todo aquello que pudiera necesitar como si se tratara de alguien incapaz de hacer cosas por si sola. La vida en Allens era verosímil, cercana a la realidad, donde podía preparar sándwiches con sus propias manos sin ser observada por otros empleados con mala cara o en la que podía repetir ropaje (detalle que extrañaba a la hora de usar aquellos trajes excesivamente formales y adheridos a la cintura). “pero puedo hacerlo por mi misma si estás en tus horas libres, me encantaría.” Insiste. De serle proporcionada la información necesaria (la estancia de los ingredientes) aquel sería un asunto solventado con suma rapidez y así podría volver sobre sus propios pasos a los aposentos sin siquiera ser notada su falta allí.

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