La observó extraña, como si de verdad le afectara que la hubieran plantado allí. —Bueno… Ya que tú invitas, ¿por qué no? —se encogió de hombros y tomó asiento frente a ella, aunque nunca había sido de hablar mucho con la chica— Y bien, ¿quién fue el imbécil que te dejó sola aquí?
Una agradable sonrisa se plantó en su cara cuando finalmente esta se sentó frente a ella, llamó al moso con su mano, cuando éste finalmente se acercó le pidió lo siguiente: --El trago más fuerte que tengas y lo que sea que ella quiera-- comentó señalando a la castaña. --Ya sabes un imbécil, supuestamente, su nombre era Adam. Pero al parecer tenía cosas más importantes que hacer, pf, no me pierdo de nada lo tenía pequeño.








