Al fin te encuentro.
Era un mal bar, se respiraba descomposición, sombra, azufre... La radio no conseguía unir dos notas sin emitir un desagradable chirrido.
Casi no había nadie y nadie miraba a nadie. Oscuro sucio y despoblado, un bar de mala muerte. El whisky barato abundaba en las copas y el hielo faltaba en el congelador. La barra, pegajosa, donde el barman limpiaba una jarra, no ayudaba a sentarse y pedir algo.
El hombre y su gabardina cruzaron la estancia, sin pedir nada, sin cruzar la mirada con el camarero, pasando por debajo de una vieja tele que lo único que emitía era una neblina blanca y negra sin figuras definidas.
Fue directo al servicio, sin andarse con rodeos, sin esperar que nadie le detuviera, se acomodo, se bajo la bragueta y sin mas dilación alguien se puso a su lado. El extraño sonrió mirándole fijamente y un desagradable sonido a cuero rasgándose estallo en el pequeño lavabo.
Lo que hasta hace un momento era una persona, o mejor dicho su piel, se rasgo y cayo al suelo dejando ver lo que de verdad era.
-Al fin te encuentro.
Nadie en el local se inmuto, ni si quiera le miraron, cuando el hombre y su gabardina salieron empapados con una sangre gris.













