En 1969, Philip Zimbardo de la universidad de Stanford vistió a estudiantes mujeres en batas de laboratorio, unas con capuchas que escondían la identidad y otras con etiqueta con nombre. Les pidió a las estudiantes que dieran un shock eléctrico a un confederado. Las estudiantes con la identidad cubierta eran dos veces más probables de hacerlo.
El estudio de Zimbardo fue una pieza formativa de un rico cuerpo de investigación que muestra un vínculo entre el anonimato y el comportamiento abusivo. Los científicos han descubierto que muchas personas tienden a actuar de manera grosera, agresiva o ilegal cuando sus rostros y nombres están ocultos.
Sin embargo, estudios más recientes, han identificado el lado positivo del anonimato, incluyendo interacciones digitales que podrían ser ignoradas por la atención que los “trolls” o hackers reciben. Igual que los encuentros cara a cara de grupos de soporte como alcohólicos anónimos, el internet ha dado oportunidad a que la gente se abra e igual ofrezca ayuda sin tener que mostrar sus caras o dar sus nombres verdaderos.
Estudios de comportamiento en el ámbito del anonimato y sus interacciones en línea han recibido resultados mixtos. Investigadores han encontrado que el anonimato puede revelar rasgos de la personalidad que interacciones cara a cara pueden esconder, pero que además permite reglas y valores grupales fuertes para guiar el comportamiento individual.
En 1981, psicólogo social Leon Mann demostró como estando entre la multitud (crowd) puede llevar a personas a actuar de manera ofensiva o violenta. Mann estudia periódicos desde 1964 hasta 1979 para examinar reportes de aparentemente atentos de suicido, específicamente casos donde alguien intenta saltar de un edificio, torre o puente. Mann acorta los reportes a 21 intentos en donde había un público presente y encontró que en 10 de esos casos, las personas animaban a la persona a que brincara, y en tres de los casos las personas abucheaban cuando rescatistas detuvieron el suicidio. Igual encontró un caso en el que el publico gritaba obscenidades y tiraba piedras a los rescatistas.
Factores como la distancia física del público del suicida (permitiendo que se escucharan sus burlas, pero dejando rostros imposibles de identificar) y la cobertura de la oscuridad hizo que los espectadores se sintieran anónimos de formas que no surgirían en diferentes tipos de entornos de multitudes.
Este fenómeno también puede verse en calles y carreteras atiborradas. Científica psicológica Patricia Ellison-Potter de la US National Highway Traffic Safety Administration, por ejemplo, ha demostrado que, en un experimento de simulación de manejo, la gente era mas probable que manejaran de manera agresiva cuando eran menos visibles (ej. cuando se conduce en un automóvil con vidrios polarizados) que cuando otros conductores pueden verlo (ej. conducir un descapotable descapotable).
Tal comportamiento grupal está vivo en la web. 4chan a menudo se considera el sótano pútrido de Internet, que sirve como un centro de imágenes y textos racistas, sexistas, homofóbicos y grotescos. Los usuarios en su mayoría anónimos de 4chan son conocidos por tratar de enfrentarse entre sí, disgustarse y "trollear" a los nuevos usuarios, y mostrar que tienen el umbral más bajo para la decencia. Han conspirado para hostigar a los padres de un adolescente que se suicidó e inundar los tableros de mensajes de epilepsia con imágenes que aparecieron repentinamente e incluyeron patrones destinados a inducir ataques. Si bien el sitio originalmente operaba sin moderación ni ningún tipo de vigilancia, los operadores del sitio 4chan habían intervenido para bloquear la distribución de pornografía infantil en el sitio.
Un estudio en 2012 de Marek Palasinski de la Universidad de Lancaster en el Reino Unido, probó a hombres mirando un chatroom falso que les hicieron creer que era real. Estos hombres eran menos probables de intervenir después de ver a un “hombre mayor” preguntar a una “mujer menor” su información personal y fotografías desnuda cuando el chatroom estaba compuesto de extraños en vez de conocidos, y en un chatroom con muchos usuarios en vez de unos cuantos.
Anonymity and Social Cues
En un artículo de Perspectives on Psychological Science en 2011, Jacob Hirsch, Adam Galinsky y Chen-Bo Zhong escriben que las personas en situaciones anónimas tienden a actuar en su disposición natural. Todos pueden sentir una sensación de anonimato en una multitud, pero investigadores sugieren que los individuos violentos son los más propensos a intensificar la violencia.
Sin embargo, las señales sociales también pueden dar forma al comportamiento de una persona anónima. En 2016, los psicólogos Adam Zimmerman de la Universidad Internacional de Florida y Gabriel Ybarra de la Universidad de North Florida estudiaron la agresión en jugadores de un juego imposible de ganar. Se demostró que el “modelado social” tiene un gran efecto en su comportamiento. Los participantes anónimos respondieron de manera más agresiva cuando presenciaron ejemplos de agresión, y menos cuando no lo hicieron.
No se necesita la protección de un grupo para desatar la naturaleza desagradable del anonimato. Un estudio de 2016 dirigido por Christopher Bartlett de Gettysburg College, encuestó a estudiantes universitarios y descubrió que, en el transcurso de un año académico, las personas que sentían que su identidad estaba oculta en línea tenían más probabilidades de informar que participaban en comportamientos de ciberacoso y tenían actitudes positivas hacia el ciberacoso (ej. “está bien si alguien se lo merece”).
En el estudio de Zimmerman ya mencionado, sobre la agresión de los jugadores, participantes anotaron sobre su experiencia jugando el juego imposible de ganar, y esos con compañeros anónimas escribían más agresivamente sobre su compañero y se calificaban a si mismos a estar más tentados a humillar o golpear a sus compañeros en una encuesta comparado con los participantes no anónimos.
“It’s very easy to take this shadowy image of this other person online and start using that to create this internal dialogue where you unleash all your stuff on this other person,” says John Suler, a professor of clinical psychology at Rider University”.
Suler, pionero en el campo de la ciberpsicología, publicó The Psychology of Cyberspace, un libro de texto ampliamente utilizado sobre psicología de Internet, en 2001. Siguió ese libro en 2016 con Psychology in the Digital Age, que se enfoca en mejorar bien -estando en el contexto de nuestras vidas centradas en la computadora.
Cuando los investigadores investigaron la fuente del comportamiento tóxico en Internet, descubrieron que puede no ser el anonimato en sí mismo, sino el grado de oscuridad que influye en la conducta de un individuo. En 2012, investigadores de ciencias psicológicas en Israel descubrieron que los socios que se comunicaban por computadora exhibían altas tasas de agresión verbal, lo que llamaron "flaming", en muchas condiciones anónimas o semianónimas. Cuando estaban completamente anónimos en un chat de computadora, cuando usaban sus nombres reales y cuando podían ver los cuerpos del otro desde un lado, la agresión verbal era alta, pero no cuando un video ponía a los dos compañeros en contacto visual. Esto sugiere que el contacto visual puede marcar un factor importante que separa la agresión y la cordialidad, incluso cuando dos extraños están cerrando los ojos en la pantalla.
Si bien el anonimato puede facilitar que las personas actúen de manera antagónica, no profesional o poco ética, la investigación ha demostrado que también puede hacer que las personas sean inusualmente comunicativas y útiles. Un estudio realizado en 2010 por los investigadores de la Universidad de Toronto, Vanessa Bohns y Zhong, descubrió que, en las habitaciones oscuras frente a las luminosas, era más probable que las personas señalaran que las cremalleras de los pantalones de los extraños estaban desabrochadas o que tenían comida en los dientes, evitando que los extraños pasaran vergüenza.
Compartir información personal y divulgar secretos con más frecuencia que en la comunicación cara a cara es uno de los hallazgos más consistentes de los estudios de anonimato. Los experimentos y estudios longitudinales en adolescentes muestran que las relaciones iniciadas y mantenidas en línea son tan estables y profundas como las relaciones fuera de línea y que la mensajería instantánea y otras tecnologías de comunicación ayudan a las personas a mantener relaciones.
Este comportamiento benigno no se limita a contextos completamente anónimos. Un estudio en Suiza encontró que compartir y auto revelar sobre autolesiones, depresión, muerte de uno de los padres, bisexualidad y otros temas delicados era prioritario en los blogs de video de YouTube, donde los usuarios no son cara a cara, pero son identificables visualmente y ocasionalmente usan sus nombres reales.
Suler encuentra alguna paradoja en tales hallazgos.
“On one hand, you feel protected and safe because your identity is unknown to the other person,” he says, “but then you want to reveal all sorts of intimate things about yourself.”
Este tipo de comportamiento en Internet no parece depender de los mismos aspectos de la comunicación que el comportamiento tóxico en línea. Los mismos investigadores que probaron qué aspectos de la comunicación informática causan un comportamiento grosero realizaron un estudio similar sobre los benignos. Descubrieron que el contacto visual, que era una variable clave para determinar la "flaming" en línea, no era el eje de la divulgación y el comportamiento prosocial.
Dawson, J. (2018). Who Is That? The Study of Anonymity and Behavior. APS Observer, 31(4). Retrieved from https://www.psychologicalscience.org/observer/who-is-that-the-study-of-anonymity-and-behavior