Poco a poco comienza a tranquilizarse, defensiva que cae poco a poco, conforme el tema es lanzado al olvido y su noche se proyecta como la había planeado. La compañía de Richard no le molesta, contrario a lo que podría pensar el otro, especialmente con el comportamiento que mostró unos momentos atrás. No, en realidad estar con Richard no le molesta ni un poco, ni siquiera con esa distracción característica y falta casi absoluta de deducción. —¿Qué es lo que te sorprende? Sólo es licor…— responde, una de sus cejas enarcándose con incredulidad cuando observa al otro devolverle la botella, en una actitud más digna de un chico de preparatoria que de un hombre de su edad. Se encoge de hombros y da un trago más, sonriendo ligeramente, negando con la cabeza, antes de dejar un par de palmadas en el hombro del moreno. —No te voy a observar como un perro callejero mientras comes, si es lo que te haría sentir raro,— comenta con un sutil, apenas perceptible, tono juguetón en su voz, exhalando pesadamente para mantener su mirada al frente, hacia una de las calles del pueblo. La voz masculina le hace volver su atención a su acompañante, su mirada clavándose en la ajena, y sus párpados entrecerrándose un poco, como queriendo ver la verdad detrás de los iris marrones. —En realidad no me molesta que hables de ello, ¿sabes? Vale, quizá en algunas ocasiones, pero no siempre. Siempre pensé que de todos nosotros serías quien haría algo bueno de su vida, y mírate ahora, en el ayuntamiento…— en algún momento, él también se había visto a sí mismo haciendo algo bueno de su vida, con un buen trabajo después de ir a la universidad, de graduarse con honores y el promedio más alto de su generación. En ese instante, el solo pensarlo le hace sonreír ligeramente; vaya que, para haber sido tan listo, había sido bastante crédulo. —Pero entiendo que no quieras hablar de tu trabajo, se supone que estamos bebiendo y siendo sociales, ¿hm? Anda, compláceme un poco, dale un trago…— invita de nueva cuenta, extendiendo la botella de nueva cuenta en dirección opuesta.
‘ tal vez para ti sea solo licor... y no digo esto con ánimos de ofender, pero me parece que tu cuerpo está mucho más acostumbrado a él de lo que el mío podría estarlo ’ y es que Richard nunca tuvo esa época salvaje y de experimentación por la que muchos adolescentes habían pasado, nunca fue a una fiesta destructiva ni se emborrachó hasta perder la conciencia. Siempre estuvo concentrado en sus estudios y, principalmente, su vida familiar, pues tenía otras ocupaciones fuera de la escuela que requerían de su atención al cien por ciento, no había manera de arriesgarse a que algo de aquello saliera mal. Movió el rostro al recibir esas palmaditas por parte del hombre y ese comentario suyo causó que apenas ladeara el fantasma de una sonrisa, gestos que raras veces aparecían. ‘ no, no es eso... ’ quizás estaba demasiado acostumbrado a su papel de hermano mayor, a compartir lo que tenía con las personas que le rodeaban. Solía ser así, eran hábitos difíciles de quitar. ‘ la forma en que lo dices... lo haces sonar como si estar en el ayuntamiento te convirtiera automáticamente en alguien exitoso o algo... ’ y él no se consideraba así, no creía ser alguien que mereciera el reconocimiento de otros, no cuando lo único que estaba haciendo eran las cosas que se habían esperado de él. ‘ supongo que no siempre lo digo, pero yo creo que tú estás haciendo algo bueno de tu vida... la vives como quieres y eso es más de lo que muchos podemos decir ’ y quizás el comentario podría sorprender porque no hablaba mucho de sí mismo o lo que pensaba, pero estaba siendo genuino con aquellas palabras. ‘ ¿por qué siento que esta es la presión social que me perdí durante mi adolescencia? ’ soltó un suspiro resignado, tomando la botella con muchas dudas todavía y apenas le dio un traguito, arrugando la nariz por el escozor en su garganta. ‘ realmente es horrible, ¿a los cuántos tragos deja de tener sabor? ’