GRIETA · La violencia que no se ve
Salud mental y violencia simbólica: el costo de habitar el daño
Hay una violencia que no aparece en las notas rojas y que, sin embargo, moldea cómo pensamos, sentimos y nos valoramos. El socilogo Pierre Bourdieu la llamó violencia simbólica: la que se ejerce con la complicidad silenciosa de quien la padece, porque se ha vuelto tan normal que ya parece sentido comn.
Está en los mensajes que nos dicen qué cuerpo vale, qué vida es exitosa, quién merece respeto. Está en la comparación permanente que amplifican las redes, en los estándares imposibles, en la culpa que sentimos por no rendir lo suficiente. No deja marcas visibles, pero se instala por dentro.
Para las generaciones millennial y Z, que crecieron habitando la violencia —digital, econmica, de género—, el costo psquico es real: ansiedad, depresión, sensación de insuficiencia crnica. La grieta social termina abriéndose también dentro de cada persona.
Desde las ciencias sociales, mirar esta fractura implica resistir dos tentaciones: la de reducir todo a química cerebral, y la de culpar al individuo por no "gestionar mejor" su bienestar. El malestar tiene causas sociales, y nombrarlas es ya una forma de reparación.
El kintsugi de la salud mental no es maquillar el sufrimiento con frases motivacionales. Es reconocer el daño, buscar apoyo sin vergüenza, construir comunidades que sostengan y cuestionar las estructuras que enferman. Pedir ayuda no es debilidad: es empezar a sellar la grieta con oro.
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Grieta. Estudios sobre violencia(s). «Mirar por donde se rompe, reparar con lo que brilla.»









