vreezes:
“No me subestimes, tengo fe en que pronto lograré convertirte en sapo” la amenaza vacía fue seguida por una mirada de advertencia. Frunció el entrecejo ante el cosquilleo generado por el índice ajeno, una expresión que se vio intensificada por las palabras que brotaban de sus labios amenazando con encerrarla en su propio juego de interpretar palabras del modo menos acertado. “No puedes asumir que me gusta sólo porque dije que es más alto que tú. Debería gustarme la mitad de la población de Derry si fuese tan fácil” chasqueó la lengua, sin desaprovechar la oportunidad para volver a atacar esos centímetros que él utilizó para burlarse de ella. “Tampoco puedes darle todo el mérito por algo que tú te ganas solito, como el hecho de que no te soporte.” Él y sólo él (o, tal vez, también ella) era culpable de ese ir y venir de ataques que rozaban el límite de lo infantil. “Yo no involucraría a otras personas en algo que es sólo entre tú y yo, como tú haces. Aspen no tiene la culpa de sus malas elecciones, he visto como actúas frente a otras personas, finges ser un ángel.” En más de una ocasión se había preguntado si era ella la que estaba mal, en lugar de todos aquellos que parecían adorarlo o, por lo menos, soportarlo con facilidad. “Que critiques que me muestre tal cual soy demuestra que estoy en lo cierto, y tu vida es pura actuación” sentenció, sin dejar lugar a cuestionamientos sobre cuánta razón guardaban sus palabras. “Estás comparando a un animal con prendas de vestir que, por cierto, son más lindas que las tuyas. Eso es todo lo que tengo para decir, su señoría” respondió, como si acabara de ganar el caso. “¿Y cómo crees que reaccionarán cuando les preguntes en dónde están los beagles?” casi bufó, sin poder creer que la llamara a ella impresentable. “Así, como un insecto” mantuvo su respuesta corta y tan libre a la imaginación como pudiese ser, no quería ceder ante la presión de retractarse ni tampoco insultarlo de verdad. “Pft, seguro que los microbios son seres civilizados. Por lo menos yo no provoco jaquecas a todo aquél que esté cerca” y lo dudó, a decir verdad, tan profundo en su ser que deseó que no fuese notable para su acompañante. “He sido bendecida, ¿luego me pasas sus números para agradecerles? No puedo esperar por más tardes como esta, de verdad” su tono de voz indicaba que estaba dispuesta a dejarles un buzón de voz con amenazas incoherentes para que fuesen más responsables con su colega, y también lo hacían los pasos que con brusquedad daba sobre el suelo de cerámica. “Si te elige a ti por encima de mí tendrás que llevártelo, no seremos compatibles si tiene tan mal gusto” decidió callar en cuanto su mirada se halló con un rostro desconocido, y la seria (y tal vez poco paciente) expresión del cuidador de animales. Obediente, y tal vez un poco intimidada, le dio la chance a su acompañante de ser quien hablara.
“Eres la culpable de todas mis desgracias, ¿cierto? Deja de descargar tus frustraciones conmigo, empieza terapia.” agrega, como si realmente creyera en su manejo de la brujería. “No te referiste a de toda la población de Derry, lo mencionaste a él... Cuéntame, ¿qué es lo que más te enamora de Connor? ¿La forma en que ignora tu existencia?” habla por hablar, desde ya, le cierra los ojos al hecho de que podrían mantener un vínculo del que sencillamente él no esté enterado. “Yo no hago más que defenderme de tus constantes ataques, la problemática eres tú y cualquiera que nos conoce lo podría decir.” despreocupación en su andar, una ocurrencia le divierte lo suficiente como para capturar toda su atención. “Sí, sí...” está descartando las palabras femeninas, sacando su teléfono móvil del bolsillo para tomar una fotografía que capture el momento histórico que está viviendo. Duda (querer o poder) repetir esta ocasión, por lo que adquirir evidencia de la situación a la que sobrevive parece lo más conveniente: “Sonríe.” y su pedido le hace expresar aún más ampliamente la diversión, dispuesto a capturar la escena sin importarle la expresión o pose de su acompañante. “Te equivocas, no finjo ser un ángel, solo tengo una mínima noción de la decencia. Incluso intento transmitirla hacia a ti pero pareces obsesionada con darle la razón a los rumores que te rodean...” alza las cejas por un momento, aires de resignación figurando. “Critico que no trabajes en tus defectos, inteligente, no son algo que debería generarte orgullo. ¿Tanto te cuesta aceptar que simplemente hay personas buenas?” exageración obvia a la forma en que de verdad se ve a sí mismo, todo a raíz de que, si se compara con la personalidad de su compañera, cree estar en una notable ventaja. “No, hablo de tus elecciones, pero conversar contigo es como discutir con una pared... gastada, y con humedad.” suelta, y sin embargo, a pesar de todo, lo siguiente le hace reír. “También me gustan los labradores, en caso de que no haya...” se anima a bromear, a intentar olvidar con quién dialoga. “Qué vocabulario tan pobre.” sacude el rostro levemente, casi mostrándose decepcionado de lo escuchado. “No he hecho nada, bruja, hoy buscaba mantener una conversación casual con una compañera de trabajo, y tú me bombardeaste sin ningún motivo.” formula, con gran facilidad para apropiarse del papel de víctima. “¿Tan sola te encuentras? Hay páginas en Internet que pueden ayudar con tu situación, no sé si lo sabías. De todas formas te pasaré el número de cuantas personas quieras, puedes contar con eso.” promete, mirándola con entretenimiento. “Prepárate para irte con las manos vacías, en ese caso.” así es como abre la puerta del centro y, descartando los deseos de cerrarla como si ella no viniese detrás, se acerca al empleado de la entrada: “Buenas tardes, estamos en busca de un perro para la pequeña, ¿podemos echar un vistazo...?” pregunta, no sin antes dejar sus recientes compras en uno de los estantes dispuestos para ello.












