Por varios días no había recibido una llamada de Shirotani-san, y eso le preocupaba. Intentó enviarle mensajes, teniendo prolongados momentos de incertidumbre al no recibir respuesta alguna. A estas alturas suponía que el mayor se encontraba enojado, en una vorágine de desprecio contra quien le manipuló a tal acto.
No tuvo de otra que, ahí presente al frente de la puerta del departamento ajeno, tocar el timbre.
No había funcionado como esperaba, intentar enrollarlo entre sus dedos para volverlo tan sucio como sí mismo. Siempre que lograba obtener un poco del delicioso néctar, Shirotani-san se daba varios pasos hacia atrás luego de progresar. Y ahora, más que eso, se sentía sumamente culpable tras haberle hecho sentir como fuese que se sintiera.
Pero no podía estar sin él.
lafginger
Esos últimos días su cabeza había sido un total tormento. No dejaba de cuestionarse lo ocurrido, si realmente había querido que Kurose-kun le tocase como lo había hecho o el significado detrás de cada una de sus palabras. ¿A qué Kurose debía creer? No lo sabía y sentía miedo de descubrirlo. Al igual como sentía terror a poner un pie fuera de su hogar, no después de ver como la suciedad se propagaba por sus manos cuando tocaba cualquier superficie. Volvía a cero, lo sabía.
El timbre sonó y tan solo se removió entre las sábanas sin ánimos de levantarse, ni siquiera había ido a trabajar, al igual que su móvil permanecía apagado con tal de no salir de la seguridad de su hogar. Quien sea que fuese, se aburriría en algún momento si creía que no había nadie, ¿no?
CERRADO











