¿Quién era Toño Prado?
Por Danae Prado Carmona
Mi papá era comunista, poeta y luchador. Así me lo han contado muchas personas a lo largo de mi vida. Mi abuela me contaba que era revoltoso, mis tías que era un hermano mayor que enseñaba y al mismo tiempo retaba, sus amigos que era chistoso y cauto.
Mi mamá me contó muchas historias que es difícil resumir. Me contó por ejemplo que era un poeta de la revolución, que cuando se conocieron no sabían que vivían tan cerca, que ella le tejió un par de chalecos en beatle como le gustaban y que el día que supieron de mi llegada pasó por su casa muy temprano y tiró un papelito debajo de su puerta: "Voy a buscar trabajo para tener a nuestra semilla".
"Alba, surco y semilla", así llamaba mi papá a mi madre y a mí, a nosotros tres. Y ese nombre se ha marcado a fuego en mi vida, escuchando desde distintas voces la figura del Toño, de mi padre.
Cuando era chica por estas fechas, en la pared del fondo de la Calle 12 de la Población Salvador Cruz Gana, en Ñuñoa, aparecía un rayado. "Toño vive" versaba ese rayado anónimo, hecho en la rapidez de la noche y cuyo autor nunca he conocido.
Imagino quienes pueden haber sido, sus compañeros jotosos de clandestinidad, pero también podrían ser sus amigos de la pobla, que lo admiraron cuando decidió abandonar las esquinas para embarcarse en el sueño grande de Allende, Gladys y cuantos más.
Hace cuatro nació mi hijo Salvador Antonio. Mi madre encuentra que se parece mucho, que tiene una sonrisa similar y el otro día descubrimos que tiene la misma cana que en otoño se hace rojiza. La misma que tengo yo.
Mi papá murió un 15 de septiembre de 1983. Salió con el corazón rojo lleno de esperanza a cumplir una misión: detener la transmisión de la Radio Agricultura, en ese tiempo cuarte de la CNI. Con ansias de que Chile volviera a ver la luz y de que yo y mis primos nos criáramos en un sociedad libre, principalmente libre; mi padre esa noche detuvo las transmisiones, pero también se detuvo su vida.
Mi padre ese día dejó de existir y pasó a la eternidad, sus acciones y su historia lo han hecho eterno y que aún hoy muchos de sus compañeros al verme en alguna actividad se emocionen de ver a “la hija del Toño”; de que en Salvador siga reviviendo, como dijo mi tía, mi re-Toño; de que mis hermanos, que no son sus hijos biológicos, hablen del papá Toño y que mi padre de vida se sienta orgullo también de haber sido su compañero de base.
Mi papá era comunista, poeta y luchador. Estoy segura de que estaría feliz de que por fin su patria ha comenzado a despertar del largo letargo de la noche dictatorial.
Mi papá hoy sigue marchando, con su sonrisa de lado y su cuerpo grande, está presente en las pancartas que exigen derechos y demandan ser escuchados, está presente en la sonrisa de Salvador, en la mano de Nicolás que aprieta la mía, en el abrazo de mis hermanos, en la poesía de mi madre, en el recuerdo de tantos que lo conocieron y en la memoria de quienes lo han conocido ahora.












