-”Bueno, eso al menos explica lo que pasa...”- murmuró apagando la radio y asegurándoce por quinta vez que su ventana estuviera cerrada.
Al principio de todo aquello, pensó que Crobat había invitado viejos amigos o familia o cualquier cosa, pero cuando notó que toda la ciudad estaba repleta de ellos y posteriormente escuchó las noticias, supo que no se trataba de aquello.
Explorar cuevas e intentar ir a algún lado siendo fastidiado por zubats cada cinco pasos era una cosa, pero si no intentaba ir a ningún lado en la oscuridad y en un lugar lleno de otros pokémon salvajes, la verdad era que le importaba muy poco. Siempre le habían gustado lo Zubat, ni hablar de Golbat o Crobat, solo que podía decir, casi con certeza que la población de una cueva pequeña había decido hacer del apartamento donde vivía su hogar provisional.
Por suerte, parecían no tener problema en escuchar a Crobat cuando les decía que se calmaran o dejaran de amontonarse en un extremo u el otro. Finalmente ocurriéndocele la idea de decirle al murciélago que les dijera que se salieran y después de mucho convencer, funcionó.
Podía orgullosamente decir, que su apartamento era quizá uno de los pocos, sino el único, que no tenía problemas de zubat en absoluto.
Una noche entre el ya común batir de las alas de los pokémon que, encima, eran nocturnos, escuchó uno chocando su cuerpo contra su ventana para llamar su atención, era otro de las pre-evoluciones de Crobat, que el mismo pokémon de Proton insistió en dejar pasar. Se le hizo extraño, pero quizá había una razón, así que el peliverde lo hizo, cerrando la ventana de nuevo para que no se metieran más.
El pequeño Zubat daba vueltas alrededor de la cabeza a Proton, luego revoloteando cerca de Crobat, para detenerse y buscar a alguien en las cercanías y comenzar de nuevo.
Proton lo observó con cuidado, sin entender por qué aquel pokémon parecía tan alegre de haberle encontrado.
-”Espera...”- murmuró. -”De casualidad falta cierta niña rubia con un... cómo se llamaba... Dedenne ?”- le preguntó, recibiendo un chillido alegre en respuesta.
El peliverde sonrió, recordando al fín aquel escape del Monte Plateado, la corta visita al Bosque Verde, que lo dejaron preguntándoce que sería de aquella chiquilla.
-”Eureka”- rió un poco. -”Bueno, no está aquí, pero puedes quedarte el tiempo que quieras, allá afuera hay mucho ruido de todos modos”-