El otoño se siente tan cálido y acogedor.
¿Será por los colores dorados que lo visten?
¿O por lo tibia que era tu sonrisa aquel día que nos conocimos?
¿Será por la calidez del primer abrazo?
¿O por tu mano, tan suave, tomando la mía?
¿Será por tu labia dulce, envolvente como brisa templada?
¿O por esa mirada tuya, llena de abrigo?
Hiciste el otoño tan especial… tan tuyo.
Las hojas crujen como tus risas al atardecer,
y el aire, que acaricia con dulzura,
parece guardar secretos que alguna vez me susurraste.
Cada rincón del paisaje lleva tu nombre,
como si la estación misma se hubiera vestido de ti.
Quizá el otoño me gusta tanto,
porque tú fuiste otoño
y yo, sin saberlo, me enamoré de cada hoja que caía contigo.














