descubre inmenso el patio, olvidándose que su hogar tampoco es pequeño en sí, deslumbrado por la novedad seguramente. todavía siente un cosquilleo extraño en el cuerpo como si contase con la inevitable mala suerte de que aparezcan progenitores pero tampoco es tan grave, ¿no? no es un adolescente escabulliéndose en casa de su compañera de clases. se recuerda a sí mismo soltarse, por momentos es cierto que contacto con palma femenina lo hace difícil porque, por alguna razón, le agrega peso a todo ese encuentro. no es negativo lo que siente, quizás sólo algo que se había olvidado que existía. ' voy a hacer el intento ' mintió, sabe nadar o al menos flotar pero tampoco se imagina que vaya a ser necesario ser un profesional. cuando sus manos están libres, apoya la bolsa de lo recién comprado a un costado y alzando la vista, se encuentra con que castaña ya está removiendo prendas. por inercia la imita, le parece que queda peor si se queda ahí parado sólo viéndola, así que primero desata los cordones de las zapatillas y después se saca la camiseta y en la piel del pecho y del abdomen hay tatuajes que no son visibles salvo cuando no hay tela, por último se deshace de pantalones. ' ¿está fría? ' agradece que los bóxer elegidos para ese día sean lisos color violeta oscuro y aunque sorprenda, no le incomoda tanto desnudez. se acerca al borde para allí sentarse y meter primero las piernas, luego se impulsa con las manos hasta entrar de un salto. ' en mi casa casi no uso la piscina ' comenta y la mira, después se ríe porque la situación en general le da algo de gracia. ' ¿tú sí? '
si bien le basta con menear la cabeza en negativa, dice, de todos modos: “ solo un poco al principio. ” para la coreana se torna más bien cálida casi al instante, o quizá es su cuerpo acostumbrándose a la temperatura. lo observa retirarse la ropa con un poco de fascinación, sin decir nada. dada la naturaleza de sus primeros encuentros, no tenía una idea clara de cómo podía lucir abajo de las prendas, así que todo le resulta demasiado nuevo. se encarga de admirarlo sin ningún reparo, siguiéndolo con la vista hasta que se adentra en el agua. cuando él se ríe, ella también, aunque ignora por qué. “ yo sí. ” responde, acercándose de a pocos, “ me gusta nadar. ” no profesionalmente, ni siquiera como un pasatiempo. supone, en todo caso, que la relaja, un estado que no frecuenta mucho. con los ojos lo busca. “ ¿estás cómodo? ” se le ocurre preguntar algo que por lo general no haría, o no le interesaría mucho saber. se retira los mechones húmedos del rostro, peinándoselos apenas hacia atrás, pero inútilmente. entonces decide sumergirse nuevamente, acomodándose la melena por debajo del agua, y luego sale a la superficie una vez más. “ te ves bien allá abajo, ” dice, e inmediatamente se arrepiente. “ lo siento— era broma. no miré. ” y su aclaración es genuina, sintiéndose un poco culpable por insinuárselo a sabiendas de que el chico es un tanto ajeno a sus avances. siempre se siente como que está tanteando el terreno y nunca consigue determinar donde está parada, si a nazareno le interesa como él a ella. “ ¿estaría muy mal mirar? ” inquiere en un volumen menor.

















