Francisco de Goya, El sueño de la razón produce monstruos (1799), lámina 43 de Los Caprichos.
¿Y si la metafísica es la respuesta?
Basado en "¿Tiene sentido estudiar metafísica tras el "final de la metafísica"? de Liliana B. Irizar | por Prof. Pablo Yáñez.
Últimamente pareciera que, aunque tenemos cada vez más información disponible, la juventud no logra encontrar un sentido propio. Y esto lo veo directamente en la sala de clases: estudiantes desmotivados, adolescentes depresivos, miedo a pensar... y sobre todo, pensar el futuro.
¿Puede la Filosofía entregarnos las respuestas sobre el sentido a través de la metafísica, cuando se ha proclamado abiertamente "el final de la metafísica"?
Liliana Beatriz Irizar, filósofa, docente e investigadora de la Universidad Sergio Arboleda de Colombia, se cuestionaba lo mismo en su Nociones Fundamentales de la Metafísica (2011)
¿Qué es el final de la metafísica?
El "final de la metafísica" se podría definir como el fracaso de la razón humana para alcanzar las verdades absolutas sobre la esencia de la experiencia humana y de la realidad a través de elementos que van más allá de lo físico.
Esta corriente filosófica, aunque consolidada dentro de los parámetros culturales del posmodernismo, ya traía consigo una huella histórica desde el siglo XVIII, cuando Immanuel Kant puso de manifiesto la incapacidad de la razón humana para alcanzar la comprensión de "las cosas en sí" (los noúmenos) argumentando que sólo está capacitada para entender el mundo físico (los fenómenos) y no aquello que se encuentra más allá. Es decir, lo metafísico.
A estas ideas de Kant, aunque bastante simplificadas, se le sumó la gran crítica heideggeriana a la filosofía a mediados del siglo XX, donde se denunciaba que la metafísica se había olvidado del ser. Es decir, la metafísica había olvidado los planteamientos esenciales de la existencia humana. Se ha dicho que la causa principal de este problema es el predominio del pensamiento lógico en la cultura.
El problema detrás del problema
Actualmente, me gusta suponer que el pensamiento occidental ha profundizado —no sabría decir si consciente o inconscientemente— en "asesinar la metafísica", dándole a la cultura y las humanidades en general un vuelco lógico que ha llevado a una gran problemática: la fragmentación y dispersión del saber (Irizar, 2011).
Esta fragmentación del conocimiento ha dado paso a un relativismo que ha permitido que, de cierta forma, "todo tenga algo de verdad" y en nuestro contexto, donde se acepta transversalmente que el único conocimiento válido es a través de las ciencias empíricas, cada disciplina, aún siendo una rama del conocimiento, quiere proclamarse como la verdad absoluta. La coexistencia de tantos puntos de vista, considerados igual de válidos, generan una "realidad parcial". Se dificulta entonces el conocimiento de la verdad.
El gran problema es que el relativismo no ocurre sólo en las ciencias. También se traslada al plano sociocultural: múltiples puntos de vista considerados igual de válidos dan a lugar un relativismo ético y un nihilismo. Esto último, porque al haber tanta información que busca consolidarse como válida por sobre otras, se pierde el sentido de plantearse las preguntas esenciales sobre la existencia humana, de las que se ocupa precisamente la metafísica. A raíz de esto, la sociedad cae en desesperación y proclama ideas tan radicales como la "muerte de Dios" y, para Irizar (2011), la muerte de Dios, conduce, tarde o temprano, a "la muerte del hombre".
Sin embargo, ¿estamos realmente ante el final de la metafísica?
Creo que la sociedad contemporánea atraviesa un momento en donde el debate ético debe estar más presente que nunca en la actividad humana tras el progreso desmesurado de la tecnología y la Inteligencia Artificial. La vida humana se halla cada vez más invadida —e incluso superada— por la maquinaria introducida muchas veces a la fuerza en todas las dimensiones humanas posibles. De la misma forma, la crisis del capitalismo y la concentración descarada de la riqueza en pocas manos configuran el contexto histórico y político perfecto para replantearnos los cuestionamientos primordiales de la experiencia humana. Como plantea Irizar (2011), cuando existe tanto relativismo de la mano de las ciencias, todo punto de vista se considera válido y, con ello, todo se transforma en cultura. Desde mi perspectiva, en tal instancia, la cultura se torna banal y es el momento propicio en que los centros de poder buscan manipular la cultura para construir una visión hegemónica de cultura y moral servil a los intereses mismos del poder y las clases dominantes.
Estamos entonces es el momento ideal para "superar la metafísica", como planteó Heidegger en 1953, pero creo que el enfoque debe ser otro, no porque busque contradecir a Heidegger, sino porque creo que es necesario deconstruirla, reconvertirla y "dar un paso atrás" para volver a "escuchar" al ser y sus preguntas primordiales sobre nuestra propia existencia. Es contradictorio que en un mundo donde hay un exceso de información para responder a casi todas las preguntas que se nos ocurran —y con inmediatez— nos hayamos olvidado de nosotros mismos y de las cuestiones que nos constituyen como seres humanos. Puedo ver en la sala de clases que son los adolescentes los que más sufren este problema. Se olvidan de sí mismos, no encuentran un sentido y, para ellos, estar en el aula no es una instancia de aprendizaje, sino otra obligación más del "engranaje automático" de sus vidas. Hoy se nos exige productividad por sobre la experiencia de la vida y la contemplación, utilidad inmediata por sobre desarrollo intelectual. Volver a la metafísica del ser y replantearnos quiénes somos y hacia dónde vamos es un acto de rebeldía necesario para reconectar con nuestro propio contexto histórico: tomarse un tiempo para la reflexión en la era de la inmediatez es el primer paso.















