¡Que Dios Esté con Ustedes!
Hernán. Hombre de tez blanca de entre 30 y 50 años.
Obispo: Hombre de tez blanca, de 45 a 70 años.
Acto 1: Un mundo nuevo
En la pared del fondo del escenario se ve un muro de piedra el cual tiene musgo y plantas trepadoras; en medio del escenario se puede observar una estatua de Cristo, la cual está siendo iluminada por varias luces cálidas; hay un camino de heno que lleva hasta la estatua
Hernán: (Entra en escena, caminando despacio se acerca a la estatua de Cristo y se sienta a su lado) Buenas tardes, padre de nosotros los pecadores, he aquí tu hijo Hernán, que busca tu vasto conocimiento, amor y comprensión. Hemos descubierto una tierra de indios y hemos venido a evangelizarlos en nombre de la santa Iglesia y, por supuesto, en tu nombre. (Avergonzado y temeroso) Pero creo que nos hemos desviado de tus enseñanzas; la masacre, los cuerpos empalados y calcinados, las indias llorando con el cuerpo inerte de sus crías, me han hecho dudar de nuestros métodos. Todo comenzó después de que Cristóbal le informara al rey sobre la nueva manera de llegar a las Indias sin tener que pasar por la “Ruta de la Seda”. Carlos I, nuestro magnífico rey, nos envió para que averiguáramos más sobre este lado de las Indias que nunca había sido recorrido; cuando nos dimos cuenta de que no era la tierra que esperábamos, nos dio la orden de evangelizar a cualquier nativo. Estuvimos un tiempo encargándonos de aquellos que vivían en la Villa Rica de la Vera Cruz, hasta que un líder de los más grandes guerreros de este lado del charco, Moctezuma II, nos mandó a llamar; nos mandaba mensajes diciendo que debíamos visitarlos, pero nos ponía trampas en el camino, nos volvía a avisar que ansiaba vernos pero nos dificultaba el paso, hasta que la última vez, nos dijo que sería un honor tenernos ahí y nos recibió con los brazos abiertos. Al llegar lo vi un tanto decepcionado, pero enseguida se empezó a carcajear como cuando a un niño le enseñan algo nuevo. Desde el primer día, nos recibió con banquetes que tenían desde los frutos más extravagantes que jamás haya visto, hasta las carnes más ricas que haya probado; incluso nos sirvieron un dulce licor, que nos dejó boquiabiertos. Eso me hizo tenerle en aún más alta estima, pues él ya era muy amable con nosotros, pero esa muestra de gratitud por nuestra presencia, me hizo sentir que debíamos devolverle el favor… pero no todos pensaban igual que yo.
Acto 2: Entre Lágrimas de Sangre
[Entran los “Indios” junto con las “Madres” e “Hijos”. Hernán sale de la escena. Se escucha la voz de Hernán en el fondo, mientras los españoles y “los Indios”, “Madres” e “Hijos” hacen lo que Hernán está contando]
Hernán: Algunos de mis hombres se dedicaron a robar, por las noches, las posesiones de los indios. Los indios nunca sospecharon de ellos, si no que ellos mismos se empezaron a culpar de estos actos, y los bandidos que trajimos se burlaban a sus espaldas de su ingenuidad. Otros más; se divertían quitándole la comida a los pequeños, y comiéndola frente a sus narices mientras se reían de ellos; o los escondían de sus madres y cuando ya habían tenido suficiente, finalizaban con la vida de ambos a su vez. Son unos verdaderos monstruos. Intenté detenerlos, pero ya no me hacían caso, fuera de las tierras españolas era imposible que ellos me obedecieran. (Frustrado) Pero la más grande traición no vino de alguien que no conocía, lo peor de las traiciones es que siempre vienen de alguien en quien confiábamos, por ello, cuando me enteré que en una fría noche en la que yo había vuelto a resolver unos asuntos en la Villa Rica de la Vera Cruz, Pedro, decidió actuar; decidió que mientras todos estuvieran ebrios y con la guardia baja, él se acercaría a discutir con “Moctezuma II” para finalizar el acto, junto con la vida del supremo líder de estas tierras. Así se sumió el reino de Tenochtitlán en una ira devoradora, y se inundó en la sangre de los cuerpos de quienes intentaron vengar a su confiado líder.
[Oscuro]
[Salen todos los actores extras, que estaban en el escenario, vuelven a meter la estatua de Cristo y entra el actor original de Hernán]
Hernán: Creí en las falsas palabras de los hombres que me acompañaban, y gracias a mi culpable inocencia, miles de personas han sido consumidas por estas representaciones cárnicas de Belcebú. (Suplicándole a la estatua) ¡Oh, Dios padre, tú qué eres omnipotente y todo misericordioso, concédele un único deseo al hijo más irresponsable! ¡Aunque sea dales consuelo en tus tierras, a estas pobres personas; y ciérranos las puertas, a todos nosotros, que hemos invadido la vida de estos vulnerables seres! (Iracundo consigo mismo, se siente impotente, culpable de sus actos) Siento que he traicionado a un hermano, a un padre, incluso a un mentor, que me ofreció a su hija para que la tome en sagrado matrimonio, en nombre de nuestra gran amistad. ¿Es así como le he de pagar? (Se pone a golpear el piso con impotencia) ¡NO, ESTO NO TERMINARÁ ASÍ, HE DE ASESINAR A AQUEL QUE MANCILLÓ LA UNIÓN DE NUESTROS PUEBLOS AL DECAPITAR A MOCTEZUMA II ESA ES LA ÚNICA SOLUCIÓN, YO…
[Entra en escena el obispo]
Obispo: (Con un carisma inigualable) ¿Acaso es eso lo que de verdad quieres hacer, hijo mío?
Hernán: (Avergonzado) Pappa, yo… no esperaba que usted me viera en este estado.
Obispo: (Realmente decepcionado de Hernán) ¿Pero es que acaso mi presencia cambia el sentimiento o la situación en la que te encuentras?¿Acaso haría mejor el hecho de que yo no te hubiera estado escuchando desde hace rato, o el hecho de que estoy aquí intentando hacerte entender que solo vas a volverte parte de un ciclo sin fin de una guerra la cual solo deja como consecuencia un vino que mientras más lo manipulan, más espeso y agrio se vuelve?
Hernán: (Con una cara que solo muestra rencor y desesperación) Creo que no, padre; pero aún así preferiría que usted no me viera así, pues estoy decidido en lo que voy a hacer. Aunque el sacarme un puñal signifique que me desangraré y moriré al hacerlo, prefiero quitarme el arma del pecho, para que al menos no haya nada que me recuerde mis errores.
Obispo: (Preocupado por Hernán) ¿Aunque eso signifique traicionar a aquel ser que se sacrificó por nosotros para detener guerras y baños de sangre, aunque signifique ir en contra de las enseñanzas de tu padre, AUNQUE ESO SIGNIFIQUE MATAR A UN AMIGO, Y A SU VEZ MATARTE A TI MISMO?
Hernán: (Ofendido por tal asunción) Ese bastardo y yo no somos nada, no te confundas, él cortó toda relación conmigo en el momento en el que decidió cruzar la raya y matar a aquel que consideré más que un simple amigo.
Obispo: ¿Acaso es más importante una relación efímera con alguien que ni siquiera comparte tu misma lengua, que no comparte tu misma nación, que no comparte tu mismo rey?
Hernán: Déjame ver si entiendo lo que me dices… ¿un hombre no puede sentir compasión por otro si no comparten el pueblo de origen, si no comparten el gobernante que les manda, si no comparten el habla; no es para ti suficiente el compartir una comida con una persona bondadosa, para sentir que no debía de fallecer en manos de un simio que solo piensa en beber, masacrar, y fornicar?
[Oscuro]
[Sale el obispo de escena y Hernán se pone una bata clínica encima de su ropa; a continuación todo se va a iluminar con luces frías, de preferencia azules]
Hernán: (Como loco) ¿O no es así? ¿Qué importará que la vida de ese imbécil se pierda? ¿Qué importará que pierda la cordura, esa fue hace ya mucho tiempo? (Se para y les grita al público) ¿QUÉ ME VEN, EH? ¡NO ESTOY LOCO, SOLO DESESPERADO! (Los empieza a insultar)
[Mientras los insulta se cierra el telón]
FIN











