El Hoyo, una joya escondida en Iztapalapa
Texto y foto: Manuel Ortiz
El Hoyo, como se le conoce a la colonia La Joya, en la alcaldía de Iztapalapa, es, supuestamente, el lugar más peligroso de la Ciudad de México. Es, según algunos medios, un sitio en cuyo interior vive lo peor de la sociedad: drogadictos, pandilleros, secuestradores y narcotraficantes. Dicen que para ingresar al barrio se requiere un permiso especial del mando delincuencial. Dicen que quien entra sin este permiso, ya no sale.
Pero El Hoyo no es como lo pintan. Yo ingresé al laberinto de paredes azules rodeado por dos cerros y muros de tezontle, un lunes cualquiera sin contacto previo ni permiso de ningún Don Vito Corleone.
Doña Victoria Sánchez, habitante de El Hoyo, es costurera de ropa y se le conoce por ser muy activa en el trabajo comunitario.
Toqué las puertas de las casas con techo de lámina, cuidándome de los perros que las custodian, como lo hiciera un experto vendedor de biblias. Me abrieron señoras amables, ávidas de contar la historia de su barrio. Entre anécdotas de alegría y dolor, recorrí con ellas por horas los estrechos callejones que suben y bajan, y que parecen no tener fin.
La mayoría de los habitantes de El Hoyo son devotos del Señor de Chalma. Su capilla se encuentra en la entrada de la colonia y regularmente los que pasan hacen una parada para persignarse frente a su imagen.
Por doquier sonaban canciones de todo tipo, pero una en particular, posiblemente la de mayor volumen o la que se repetía una y otra vez, se me quedó como si fuera el soundtrack de mi primer encuentro (he tenido varios) con El Hoyo: Nunca es suficiente, de Natalia Lafourcade con Los Ángeles Azules.
Las mujeres y hombres de El Hoyo están cansados de que su barrio, el que han construido y defendido durante años de mucho sacrificio, sea equiparado a un melanoma maligno incrustado en el oriente de la megalópolis.
Daniel salió hace poco tiempo del reclusorio. Reconoce que estuvo en “malos pasos” y ahora trabaja como ayudante en las tiendas de abarrotes de la zona.
Lo que sucede, es que El Hoyo tiene elementos geográficos y demográficos que en una sociedad clasista lo hacen un blanco fácil para la estigmatización y la aporofóbia, que es el desprecio hacia la gente y los barrios de bajos recursos.
A La Joya se le conoce como El Hoyo porque, literal, se encuentra hundida entre dos cerros de tezontle. Para quien no está familiarizado con la zona, el acceso es complicado debido a que solo se puede ingresar y salir por una angosta calle, no muy fácil de identificar por su parecido a cualquier otra de por allá.
Este hecho genera rumores de toda índole, como que el lugar está siempre vigilado por “halcones”, jóvenes pagados por criminales para delatar la presencia de extraños, a quienes se les hará pagar la osadía de traspasar a terreno prohibido.
Yo he visto “halcones” en Badiraguato, Sinaloa, en pueblos de Tierra Caliente, Michoacán y en barrios de Medellín. Aquí no vi nada. En todo caso, si los hay, a mí nadie me molestó, a pesar de que caminé con equipo fotográfico a la vista.
El Hoyo es un asentamiento irregular creado hace aproximadamente 50 años. Es habitado por más de 500 familias, muchas de ellas indígenas de Chiapas y Oaxaca.
No obstante, la mayoría de pobladores son damnificados del sismo de 1985 oriundos de las colonias Doctores, Morelos, Tepito y Guerrero, los cuales fueron trasladados a la colonia Ejército de Oriente, de donde se fueron abriendo camino y, con mucho sacrificio, fincaron sus viviendas entre los cerros que rodean al barrio.
Doña Juana Ibarra, es costurera de bolsas de mandado en su hogar. Algunos de los habitante de El Hoyo realizan trabajos de maquila en su casa.
La población se dedicada al comercio informal, la albañilería, la costura (en el hogar y en maquiladoras), la limpieza de casas habitación en colonias de estrato medio de la Ciudad, así como a la recolección de desechos de plástico, cartón y metal, los cuales venden por kilo. Por lo mismo, para el espectador no informado, El Hoyo es a simple vista un basurero, un caos.
Habitante de El Hoyo. Se dedica, como muchos en esta colonia, al reciclaje de plástico y metal.
En El Hoyo hay dolorosas historias de hijos, primos y nietos asesinados por la delincuencia en colonias aledañas. Hay relatos de personas que han estado en prisión por distintos delitos, y que actualmente se ganan la vida trabajado duro.
Sr. José Ángel Bolaños, sostiene la foto de su sobrino Raúl (17 años), a quien mataron en El Hoyo hace 10 años. Días antes de esa muerte, también asesinaron al hermano de José de nombre Raúl. En el Hoyo, muchas familias tienen familiares asesinados.
Sra. Elisa Días Chimal. Mataron a su hijo adolescente a golpes, por asaltarlo, en una colonia cercana a El Hoyo, en septiembre del 2018. Ella es una de las mujeres que también realiza trabajo voluntario para el beneficio de la comunidad.
Pero sobre todo hay, y esta es la joya que pocos han logrado ver en El Hoyo, un sinfín de mujeres y hombres que de manera voluntaria, dedican sus pocos recursos financieros y su tiempo a actividades en el Centro Comunitario la Joya, como clases de boxeo, defensa personal, música y un comedor comunitario. Aunado, existe la Asociación Rectificando tu Camino, es espacio en la casa de la casa de Cecilia Maldonado y su esposo Vincent Vidal, que cuanta con biblioteca y diversas actividades recreativas y académicas para niños y adultos de la colonia.
Cecilia Maldonado y su esposo Vincent Vidal, presidente de la Asociación Rectificando tu camino, hicieron una biblioteca comunitaria la sala de su casa y ofrecen de manera voluntaria, actividades recreativas y escolares para los niños de la colonia.
El Hoyo no es mejor ni peor que cualquier otra colonia de la Ciudad de México. ¿Hay delincuencia?: sí. ¿Hay jóvenes en las calles perdidos por el “activo” y otras drogas?: sí. Pero ese es un problema nacional creado por años de neoliberalismo, abandono y corrupción gubernamental, no un fenómeno exclusivo de este lugar.
Luis Enrique es instructor de boxeo en el centro de la comunidad de El Hoyo. Asegura que el boxeo lo sacó de los “malos pasos” en los que estuvo, y por ello dedica horas no solo al acondicionamiento físico de niños y niñas, sino también a platicar con sus alumnos para que sigan el “buen camino”.
A mi ojos, en su mayoría los habitantes de El Hoyo son personas honestas y trabajadoras, estigmatizadas debido a su estrato y clase social. Vivir en Iztapalapa, la alcaldía más pobre de la Ciudad, te marca. Vivir en la zona más desfavorecida de Iztapalapa, te doble o triple señala. Sin embargo, hablar de El Hoyo y no ver la joya que también existe en él, es no haber entendido nada.