Miradas, en primera persona, a la migración climática
El viernes, 11 de marzo de 2011 a las 2:46 de la tarde, un terremoto de M9.0 sacudió Japón, causando un tsunami de gran magnitud y cuyos daños alcanzaron a la planta nuclear Fukushima I, la cual, a su vez, sufrió una considerable fuga de radioactividad. Como consecuencia, 50 mil personas fueron evacuadas en un perímetro de 40 kilómetros a la redonda.
Luego de lo ocurrido, me trasladé a Fukushima con la idea de documentar el daño ocasionado en la salud y desarrollo en los seres humanos como consecuencia de la radioactividad. El interés personal en el tema se vinculó, probablemente, a una posible continuidad de un reportaje que previamente había realizado en 2011 y que trataba sobre la vida actual de los sobrevivientes de la bomba atómica en Hiroshima, aquel reportaje abordaba el estigma y las causas de la masacre.
Fukushima: Una de las 50 mil personas evacuadas de Fukushima, Japón, luego de la fuga radioactiva en la planta nuclear Fukushima I, el 11 de marzo de 2011. Foto: Manuel Ortiz.
Antes del episodio de Fukushima, el medio ambiente no estaba íntimamente relacionado con mi línea de investigación; sin embargo, ese fue el viaje donde caí en cuenta sobre el desplazamiento humano masivo provocado por desastres ambientales. Fue así como comenzó mi acercamiento y contacto con los proyectos sobre el medioambiente de distintas investigadoras sociales, para quienes hice fotografías y videos de divulgación de distintas problemáticas en México y Colombia.
A principios de 2019, a través del Laboratorio Multimedia para la Investigación Social (LMIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México, fundé el proyecto #HábitatPerdido, una serie multimedia cuya finalidad era emplear la fotografía, el video, el registro sonoro y las ciencias sociales para generar y difundir conocimiento en torno a la migración ambiental. Este trabajo está basado en el libro de 2015 Expulsiones. Brutalidad y complejidad en la economía global, de la socióloga Saskia Sassen.
Hacer visible la pérdida masiva del hábitat
El 22 de noviembre del 2016, se llevó a cabo en Madrid el Simposio Migraciones Climáticas, organizado por la Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES). El encuentro tuvo como subtítulo la sugerente frase: «Un problema hoy invisible». Y vaya que lo es.
Después de revisar diversos informes y libros especializados en la materia –incluyendo el trabajo de Sassen–, las personas pueden llegar a comprender que los estudios sobre migración climática son, en su mayoría, de índole teórico, económico, jurídico y cuantitativo. Y no es para menos.
Según la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), entre 2008 y 2014 fueron desplazados 184.4 millones de personas debido a desastres ambientales en el mundo. Tan sólo en 2015, 19.2 millones de personas provenientes de 113 países fueron víctima de desplazamiento provocados por el mismo fenómeno. En el futuro, África subsahariana, Latinoamérica y el sudeste asiático, serán territorios de expulsión masiva de seres humanos debido al caos climático ocasionado por el neoliberalismo.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) estima que la cifra para 2050 será de 200 millones de migrantes ambientales en el planeta. Los desastres ambientales, afirma el Consejo Noruego para los Refugiados, desplazan de entre tres a diez veces más personas que los conflictos y las guerras. Es importante resaltar que el neoliberalismo ha fortalecido al patriarcado.
Hombre procedente de África subsahariana, en el campo de refugiados La Jungla, Calais, Francia. Dejó su hogar debido a la violencia y los efectos del cambio climático. Foto: Manuel Ortiz.
Adicionalmente, de acuerdo con el informe «Perspectivas de género en las migraciones climáticas», presentado por ECODES el 21 de noviembre de 2019, la movilidad humana inducida por el clima afecta con mayor dureza a las mujeres y niñas, pues agrava las condiciones de desigualdad estructural de género a las que ellas se enfrentan.
Sassen advierte que, producto de una nueva etapa del capitalismo, en los últimos veinte años ha existido una acelerada destrucción biosférica en el planeta, misma que está generando lógicas de expulsión sin precedentes en la historia de la humanidad. La socióloga conceptualiza este fenómeno como «pérdida masiva del hábitat».
Para Sassen, la pérdida masiva del hábitat está ligada a un «nuevo mercado global de tierras» basado en una lógica extractivista. En este sentido, nos dice la autora, entre 2006 y 2011 fueron adquiridas, por gobiernos y empresas, 200 millones de hectáreas a otros países. Las adquisiciones son, en su mayoría, para cultivos industriales, como la palma de donde se obtiene biocombustible; otra parte de estas tierras es para cultivos comestibles. Como el biocombustible es sumamente rentable y el costo de los alimentos ha ido en aumento desde el año 2000; parte importante de las adquisiciones de tierra se debe a razones de inversión y especulación sobre costo de esta. (Sassen, 2015: 95-96).
El problema es que, quienes están adquiriendo inmensas extensiones de tierra, están generando la expulsión de habitantes originarios y, prácticamente, están dejándola muerta después de haberla explotado. Además, se encuentran casos donde las expulsiones humanas debido a los desastre ambientales son causados por el cambio climático.
A pesar de que el cambio climático es un fenómeno que nadie, en su sano juicio, se atrevería a negar, que la pérdida masiva del hábitat es un asunto grave e irreversible, Sassen lamenta que mucha gente alrededor del mundo desconozca o no dimensione lo que está pasando. Estamos, en efecto, ante un problema invisible que debe ser visibilizado.
Migración climática y era digital
La expansión de las computadoras personales, el surgimiento del Internet y las redes sociales, el desarrollo de software para la creación de plataformas digitales, así como la evolución de la fotografía y el paso del video de análogo a digital, han generado profundas transformaciones sociales, entre ellas una nueva forma de interacción social urbana. La cual llamo «interacción social 2.0».
La interacción social 2.0 implica, entre muchas otras cosas, positivas y negativas, que los flujos de información entre seres humanos son, mayoritariamente, por medio de la microelectrónica; por ende, una característica importante de esta transformación social es que –debido a invención y popularización de la fotografía digital y el Internet– vivimos en mundos predominantemente visuales.
El procesamiento de imágenes y palabras en los seres humanos pertenece a sistemas autónomos, donde la imágen resulta más eficaz para conectar con emociones; y, las palabras, con lo racional. No sólo por cuestiones culturales sino también neuronales.
Resulta evidente que, en tal contexto, para visibilizar con eficacia un problema tan sensible y humano como la migración climática y sus efectos, las palabras ya no son suficientes –a las cuales no les resto ninguna importancia–, sino que resulta imperante incluir, también, imágenes y así apelar a las diversas narrativas y sentimientos que éstas evocan.
Campesino deslazado de María la Baja, Colombia, descansa en un mercado de Cartagena. Dejó su tierra debido a la violencia paramilitar y las sequías producto de la agroindustria y el cambio climático. Foto: Manuel Ortiz.
Si bien la imagen y el texto comunican de forma diferente, juntos pueden comunicar el mensaje de manera más extensa y clara. La imagen y el texto son elementos para trabajar de manera conjunta y equitativa: una puede dar sentido a la otra. Con un balance adecuado entre estas dos vías de comunicación, se refuerza la información del fenómeno estudiado, se enriquece la información que se extrae de él y se aprovechan al máximo los recursos con los que se cuenta para realizar la investigación y, posteriormente, divulgarla.
No todos los fenómenos son visibles; sin embargo, la pérdida masiva del hábitat y migración climática vaya que lo son. Incluir imágenes al investigar estos fenómenos puede resultar un proceso meramente intuitivo con buenos resultados. No obstante, existen técnicas y recursos metodológicos que podrían ser de gran utilidad no sólo para investigar, sino también para narrar, posiblemente, de una manera más sensible, las historias de los millones de expulsados climáticos.
En futuras colaboraciones en este blog, escribiré sobre los recursos metodológicos para la aproximación a la migración climática por medio de la imagen y, de igual manera, comentaré trabajos destacados que versan en el mismo sentido, que podríamos considerar como ejemplos a seguir. Para cualquier consulta, apoyo audiovisual del Laboratorio Multimedia para la Investigación Social, puedes contactarme por Twitter o Instagram como @manuortize, o enviándome un correo a [email protected]















