(vreezes):
Consideraba una suerte que la fascinación por la sangre no se sumara a la lista de excentricidades que la convertían en un blanco fácil de críticas y rumores que hacían de su reputación algo poco envidiable. La mueca en su rostro indicaba el disgusto que le provocaba el escarlata de las heridas que se dibujaban sobre la piel de su muslo, aunque también podía deberse al dolor que las mismas le provocaban. El único alivio aparecía ante el pensamiento de que se entretendría ingeniándose un doble vendaje para la herida, sólo por si acaso. “Haré mi mejor esfuerzo por no dejarte sorda” prometió, observando con desconfianza el algodón que amenazaba con aumentar el dolor punzante de sus minúsculas pero numerosas heridas. “Me caí sobre una planta silvestre con muchas espinas, parecía un nido de agujas” se había tomado la molestia de llevar una muestra para descartar las posibilidades de haberse inyectado múltiples dosis de veneno. “¿Están seguros de que no voy a morir? ¿Debería atribuirle el mareo que sentí de camino al hospital a mi miedo por desplomarme sin vida en la entrada?”
Una sonrisa se forma en sus labios, las bromas suenan como una señal positiva dentro de aquél asunto. Le alivia ver que le han asignado a alguien que, a pesar de todo, no provocará en ella deseos de terminar con urgencia su primera semana de prácticas. “Qué bueno que hayas acudido directamente al hospital, a veces intentan ocuparse de las heridas por su cuenta y terminan agravando el problema.” hace una mueca, verdad que sale de sus clases y no de la experiencia propia, internet y el boom de programas médicos siendo presuntos enemigos de quienes se capacitan en el área de salud. Piel libre de espinas, el algodón en su mano se encarga de, con sumo cuidado, desinfectar cada pequeña herida: “¿Viniste sola hasta aquí?” si el desagrado que expresa no es una falsa interpretación, imagina que el camino hasta la clínica ha resultado eterno. “Seguros, y... a menos que haya posibilidad de embarazo...” nuevamente comete el error de concentrarse demasiado en su tarea y distenderse de la conversación, se recuerda. “La planta era inofensiva,” esta vez mira a los ojos de la castaña. “si cambias el vendaje diariamente todo estará bien. De todas formas puedes regresar ante el menor síntoma, supongo que ya te lo han dicho.”














