millietonks:
“Claro que me molesta.” Es una constante frustración el de ver como el cuerpo es víctima de figuras que resultan intimidantes. Detesta con cada fibra que cubre la infantil anatomía la manera en la que actúan y hablan. “Podría no — no lo sé.” Se encogen los hombros, la duda se marca en paredes mentales, el qué podría suceder si se acude a la dueña de doradas hebras, el afectar positiva o negativamente en la situación. No lo sabe. “Se van a cansar de molestar Nae, entonces buscarán a alguien más.” Pronuncia con duda tambaleante, pero no puede arriesgarse. No puede arriesgarse a que la noticia llegue a oidos de su versión masculina, compañía desde el primer día. Le preocupa incluso más que se entere y tome cartas en el asunto, que busque ir en su defensa y sólo termine lastimado, no soportaría saber que le han lastimado por su culpa. Porque es una paradoja constante cuando se trata de Benjamin, el querer verlo bien a pesar de la situación y proclamarse como única persona que puede llegar a lastimarlo, provocarle heridas mínimas, empujones y tirones de cabello. Pensativa, el fruncir de pétalos deja a la vista el pensamiento que nubla la mente femenina. Se extiende la diestra, digitos se aferran a la pasta dura en la que se ha marcado el nombre con casi impecable caligrafía. “Lo prometo. Si esos bobos vuelven a decirme algo serás el primero (y posiblemente único) en saber.” Ascenso de comisuras, sonrisa a medias pero sonrisa a fin de cuentas.
Y al escuchar las palabras contrarias, el entendimiento de lo que significaba la extraña opresión en el pecho desde que canicas posaron mirar sobre la escena, la realización de que también le molestaba, que no creía que nadie debiera ser importunado de aquella manera, mucho menos alguien como Millie. “¿Por qué deben buscar niños a quienes molestar? No le veo lo divertido...” la mirada momentáneamente al suelo, una suave patada a los mosaicos que cubrían el pasillo escolar. Mas que parte de la conversación era simple comentario interno expulsado a voz alta, la mente aun dándole vueltas al asunto, comparando actitudes con quienes conocía, con personajes de libros, históricos. Tendría que preguntarle a Yuri más tarde, decidió. La respiración casi detenida cuando dedos se extendieron hacia el libro ofrecido en promesa, como si aquel momento fuese más importante de lo que podría creer, de lo que podía entender, e incapaz de contener la sonrisa de alivio al escucharla aceptar sus condiciones. “Bien.” Exclamó con un asentimiento de la cabeza, orgulloso de sí mismo, de ambos. No sabía cómo podría ayudar, pero sentía que aquella era una buena forma de empezar. Y escondió las manos en los bolsillos, otro asentimiento más. “Vamos, debemos alcanzar a Azra. Debe estar armando un escándalo en la entrada.”











