la boca de tristán se mantiene floja mientras observa a rené paseándose por la habitación, borrando todo registro de que lo ha acompañado por un rato. y es en esa posición que se le llena el cuerpo con unas ganas inmensas de agarrarlo y dejarlo a su lado porque, a la mierda, quizá sí le estaba pidiendo que se quedara sólo un rato más y… nadie debería juzgarlo por eso. nadie debería juzgarlo por querer tomarle de la mano y pedirle que le hable hasta que se quede dormido, aún si sabe que no duerme de corrido hace días, meses, años. “no…” musita suavemente, acompañado de un carraspeo que busca valor (uno que tampoco llega). “no tienes que irte si no quieres. es tarde, ¿o no?” su voz se empequeñece a medida que habla y se pierde entre el ruido del viento chocando con las copas de los árboles y el latido de su corazón que parece retumbar demasiado fuerte entre sus oídos.
a veces se siente como el hombre de hojalata que acompaña en su viaje a dorothy, pero en este momento se siente como el león cobarde mientras espera que rené se baje del alféizar y sólo se quede un ratito más. “es tarde, quédate… por favor.” si las luces estuvieran prendidas, quizá el castaño podría notar ese destello de angustia que brilla sobre sus ojos azules—uno que se sobrepone a la monotonía en su voz y se quiebra y sube a la superficie con ese por favor tan, pero tan necesitado. ”si todavía tienes hambre puedes comerte mi hamburguesa.” agrega después de un rato en silencio, buscando cualquier cosa para desviar la atención de su persona y las cosas que espera que haga rené, ¡dentro de cualquier persona!
y es que jamás pensó que se encontraría en una situación como la de ahora, menos con este chico frente a él, pero… por un momento no parece tan terrible la idea de pasar la noche con rené barghest en medio de una habitación de hospital que se siente demasiado grande y fría y solitaria todo el tiempo. bueno, menos cuando está él en ella.
"sí, eso creo..." pero algo en la culpa de su insistencia le retumba en la cabeza, diciendo que debería irse. que tal vez daba algo de pena y lo que seguiría no fuera sincero; pero, aun así, se puso de pie para empezar a ordenar todo lo que habían utilizado. el tiempo que estuvieron en silencio lo dedicó, con la mirada a gachas, a guardar toda la comida sobrante dentro de los paquetes nuevamente y empujar la mesita a ruedas nuevamente contra la pared. la voz que le insiste en quedarse hace que sus movimientos se vuelvan lentos y cuidados— ¿acaso se puso alerta por su petición?
"Bueno— puedo quedarme hasta que te duermas, si quieres." siente que cualquier movimiento (uno literal) en falso hará que la decisión sea gravemente revocada y tendrá que tragarse con bilis la esperanza. no puede evitar emocionarse. que el pecho se le estruje y la sonrisita torcida tenga que esconderse mordiéndose el interior de las mejillas. Asiente lo suficiente como para asegurarse de que Tristán lo vió. "con la condición de que no despiertes de repente y me golpees porque no me reconociste, eh."
Porque estaba seguro de que eso podía pasar.
Movió una de las sillas con apoyabrazos intentando hacer el menor ruido posible, desde una esquina en la habitación, hasta el lado izquierdo de su cama; enseguida dejó su mochila en el suelo y se sentó. "Okay . . ." ¿y ahora? "—sana sana, colita de rana"; tarareó, mientras le dio unas palmaditas en la pierna más cercana, e inmediatamente se acomodó de la mejor forma posible en la ancha silla. "te cantaría hasta que te duermas, pero no creo que quieras, y además, tampoco soy tan bueno."
Es imposible para él no mirarlo a los ojos y sonreírle ante la más mínima tontería; pero para no evidenciarse tanto, decidió que lo mejor sería cerrar los ojos y dormir también.