“Yo sabía que a los hombres no hay que rogarles, sabía que no debía llorar delante de él. Ellos le temen a un llanto y a la voz que implora, se asustan de la mansedumbre y les espanta que el dolor pueda contagiarlos. Lo sabía y… sin embargo no pude contenerme, no pude dejar de tenderle los brazos, sacudir mi angustia, mostrarle la herida y desnudar mi grito con esa falta de pudor del que todo lo pierde, del que queda vacío.”
— Poldy Bird

















