* megara.
“cállate.” reprocha, pero una vez más, tiene razón. hay algo dando vueltas en su cabeza que necesita consultar con él, uno de los pocos con los que puede. “podemos ir a ese que está a unas cuadras, no recuerdo el nombre —las hamburguesas son ricas y puedo beber cerveza mientras te pateo el trasero en el bowling.” lleva diestra a brazo masculino para dar un suave empujoncito y luego cargar su mochila, en la cual tenía lo necesario para salir de casa; que es justamente lo que hace, y momentos después comienza a caminar. “¿hace cuánto no hacíamos esto?” pasar tiempo a solas, algo que de adolescentes hacían bastante seguido, a fin de cuentas, podían no tener a nadie, pero siempre se tenían el uno al otro.
“muéstrame el camino entonces” acepta, llevándose manos a los bolsillos del pantalón para verificar que lleva lo necesario, haciéndose en salida con la campera de cuero que suele utilizar a diario. exterior primaveral neoyorquino no deja que el frío se cale hasta los huesos, pero aire se vuelve fresco pasadas las ocho de la noche y no pretende enfermarse, negado a pasarle un tonto resfrío al menor de la familia. “años” sentencia entonces, siggy recientemente habiendo alcanzado la edad en la que se le pudiera dejar en cuidado de otros, antes de eso megara siendo de las únicas a las que le permitía acceso a papel de niñera “pero ahora podemos hacer esto que hacen las familias de revista, de pactar un día y volverlo tradición” cual hermanos que se juntan cada martes a beber una cerveza.













