Discusiones wiki en torno a la desinformación en Gaza: una comparación en distintos idiomas
Este artículo fue producido en el marco del programa Wikipedia y Periodismo: conocimiento libre, desinformación y entornos digitales, de Wikimedia Argentina junto con Periódicas y La Nota. El proyecto Discusiones y consensos wiki en torno a la desinformación sobre Gaza: una comparación en distintos idiomas, a cargo de la periodista Florencia Goldsman, fue uno de los tres seleccionados. Este proyecto se propone analizar las lecturas regionalizadas de las diferentes comunidades wikipedistas y así orientar una metodología de abordaje para prevenir la desinformación en las plataformas Wikimedia.
Autora: Florencia Goldsman Colaboración en documentación: Julieta Goldsman
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Florencia es magíster en comunicación social, periodista feminista, activista y capacitadora especializada en comunicación, género y tecnología. Su trayectoria se centra en la intersección de los derechos digitales y el ciberfeminismo en América Latina. Desde 2009 integra la campaña Take Back the Tech (Dominemos la Tecnología). Es becaria de la Digital Defenders Partnership. Desde 2014 realiza formaciones en periodismo con perspectiva de género y seguridad digital para comunicadoras en diversos países de la región. Ha escrito y colaborado para diversas plataformas como Global Voices, Pikara Magazine, GenderIT y Luchadoras, entre muchas otras. Su trabajo enfatiza el uso de tecnologías libres desde una mirada tecnopolítica, el cifrado de comunicaciones, el avance de las tendencias desinformativas y la creación de espacios seguros en internet para las mujeres y disidencias.
(siempre me cuesta encontrar mi bio, que muda y que no se queda quieta, aquí un auto-recordatorio <3)
El libro 'Derecho de nacimiento. Crónicas de Israel y Palestina' de la economista feminista argentina Camila Barón desnuda la política de expansión colonialista y criminal del Estado de Israel.
No es complicado visitar Israel si tienes alguna persona antepasada judía. Solo presentar un certificado de defunción de una bisabuela, una carta de participación en una institución judía reconocida o la constancia de boda de algún progenitor. Cuando se vive en el sur del mundo, además, las constantes crisis económicas y las familias que se rompen para esparcirse por el mundo contribuyen con mayor efectividad a engrosar la población israelí, señala el prólogo del libro del libro Derecho de nacimiento. Crónicas de Israel y Palestina (editorial Rara Avis).
El derecho de nacimiento (o “Birthright Israel”, en inglés) es un viaje que cada año realizan personas jóvenes (entre los 18 y 30 años) a Israel que recorren en 10 días de manera casi gratuita (a veces se solicita una donación que se limita a los 350 euros) una buena parte de la superficie de este país.
La economista y también periodista feminista argentina Camila Barón describe con detalle en el libro un viaje sin respiro que realizó en 2017. Una invitación que se presenta conectada a la identidad de las personas que sueñan con visitar estos territorios, un programa que tiene el objetivo de adentrarse en la historia, costumbres y realidad de Israel para fomentar el arraigo. Un valioso diario de viaje que resulta de un “regalo envenenado”, un pasaje ¿gratuito? para ser parte activa -desde cualquier lugar del mundo en la limpieza étnica de Palestina. Un viaje que la autora consigue hacer porque su abuela era judía y porque, se deduce en el relato, existe un interés profundo en conocer de cerca las opresiones de los pueblos vecinos.
La incomodidad de visitar un país de fronteras marcadas a gusto del colonizador se filtra a cada momento del vertiginoso paseo que se anuncia en el sitio web del programa Birthright, como la visita a cualquier país de paisajes exquisitos. “Explore las mejores playas, camine por los desiertos, recorra sitios antiguos y disfrute de una deliciosa cocina. Acérquese a la cultura local y cree recuerdos que durarán toda la vida”, anuncia el sitio web con un contador de participantes que no deja de crecer. En el sitio web del viaje se destaca que los socios principales de este “regalo” son el Gobierno israelí y filántropos sin dar mayores informaciones acerca de quiénes son los donantes. A pocas horas de pisar suelo israelí y con mucho jet lag, Camila Barón escucha un comentario al pasar: “Yo no maté personas, maté animales”, señala con simpleza un soldado sudamericano-israelí que los acompaña y hace las veces de agente de “seguridad”.
Discoteca en medio de la catástrofe
Hay mucho que no se nombra en el viaje organizado del que habla el libro, sobre todo en algunos territorios, en la narrativa de la creación y origen del Estado de Israel y ese es el cortocircuito que transmite el relato. La lectura se tensiona cuando el contingente disfruta de Israel en noches de fiestas en carpas beduinas o en barras coloridas con tragos gratis, mientras la violencia es la protagonista que sobrevuela a cada instante al tiempo que se dan explicaciones sesgadas que victimizan una y otra vez a la comunidad judía en dicho territorio. El texto, además, trasluce el flaco favor que hace el Estado de Israel al pueblo judío, en una ardua y compleja tarea política de intentar maridar el sionismo con el judaísmo, opacando siempre que se trata de la identidad de un pueblo diverso, y que el propio sionismo es rechazado por personas judías con ideas críticas.
Leer más (sobre mi posicionamiento y el de muches más en esta matanza que se ejecuta desde hace décadas)
Uber en Bogotá. La conductora, Sandra, esta hablando con alguien por medio de un audífono y al mismo tiempo que pasamos un semáforo en verde confirma el envío de un email. Cuando le pregunto cuántas horas trabaja, me dice que 14 horas, con una de almuerzo. Le pregunto si para los fines de semana y me dice que también trabaja sábados y domingos. “Cuando mi hija termine la universidad tal vez trabaje menos pero ahora tengo un compromiso de 3 años con ella. Estudia terapia ocupacional y una vez se gradúe va a poder conseguir buenos trabajos. La carrera la eligió a ella”, explica, pone la luz de giro, avanza en el tráfico rolo y me deja sin aliento en el hotel.
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El amor es una ola, una fuerza inesperada, te abraza, te mece, te moja, te enreda.
El amor te chupa, te absorbe, te ahoga.
Puede ser esa ola que te devuelve sin oxígeno y la nariz llena de arena.
El amor te escupe renovada, con otras historias para contar. En el mejor de los casos es un encuentro correspondido, aunque muda, se profundiza
y otra vez
se diluye
desemboca
desencuentra.
El amor es una fuerza exterior que se interioriza, se tatúa, horada, deshilacha.
Cuando el amor es honesto, dicen, sabe que va a viajar. El corazón se deja llevar a conocer otros pueblos, agradece mezclarse con personas inesperadas, creencias que desafían, situaciones que nos hacen temblar.
El amor es una cebolla, se descubre capa a capa. SU sabor es diverso, invasivo hacia todos los sentidos.
El amor es plastilina, se moldea fácilmente, se pega, se reduce, se esparce sin límites. Es un motor, un veneno.
Es una película con un buen guion. Es un techo cuando la lluvia arrecia. El amor también es compartir un plato de comida con un desconocido, una caricia en la arena de mi rostro, un runrun de mi gata.
El amor te deja salada y absorta ante la espuma que siempre, siempre se escapa.
El amor después de escucharte, es atesorar tu historia y que germine en la mía.
Que sueñen los androides las pesadillas de quienes educan a los algoritmos
Las noticias despampanantes de ChatGPT y las inteligencias artificiales parecen obnubilar con una sensación de miedo y oportunidad. Por detrás de los grandes anuncios, la trama ya conocida para quienes habitamos territorios una y otra vez colonizados: micro trabajos pagados al mínimo, desconocimiento de derechos sociales y la tendencia en aumento a tratar a las personas como máquinas. Una mirada feminista comunitaria es precisa para criticar y visibilizar este modelo que erosiona derechos.
Lean en español
Lean en inglés
y.... ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Señoritas Courier: el futuro de las cooperativas tecnológicas a pedales
"Las apps de reparto o de taxis son parte de nuestras vidas y con su diseño nos acostumbran a una forma de vivir que invisibiliza a las personas que hacen posible los servicios que ofrecen. Desde Sudamérica, Señoritas Courier es una plataforma compuesta por personas periféricas que cuestionan el modelo económico, la falta de derechos laborales y se organizan para hacerse visibles y poner los cuidados en el centro".
Lee el artículo completo aquí, comparte y visibiliza estas ideas!
Señoritas Courier es una plataforma compuesta por personas periféricas que cuestionan el modelo económico.
La van estaciona de golpe. Se para frente a una pared donde hay pintado a mano un mensaje evangélico. Lo leo muchas veces y no logro descifrarlo pese a mi aceptable nivel de “reading and comprehension”. Al final del párrafo una cifra numérica que tampoco refiere a mi universo conocido. Al costado a la izquierda hay un local con ventanas y ese vidrio polarizado azul que se ve en las casas de arquitectura de remesa en las carreteras de Guatemala. Esos caminos desolados, solo iluminados por el tornasol azul de las ventanas cuando los rayos de sol acarician los vidrios.
Veo a una pareja hablando: un señor al volante y una mujer que le habla medio desde afuera pero asomada a la ventanilla. No sé si se deben plata, si él viene de estar bebiendo tragos en ese lugar de vidrios polarizados que María me señala como una “licorería”. Le sonrío al señor que después me hace una cara rara, una sonrisa que está a un paso de ser macabra. Pero en esta cultura no puedo asegurarlo, decido por las dudas no mirarlos mas y menos sonreírles.
El conductor de la van que nos llevó de excursión, Isaiah, pese a que por momentos parece cansado de nosotras que la mayor parte del tiempo hablamos en español, se da rápidamente con unos técnicos que aparecen vestidos de mameluco azul. Son delgados pienso, imagino qué ropa tendrán por debajo del mameluco, si es que la tienen. Pienso que en Argentina los mecánicos muchas veces van con su propia ropa de faena al taller, prendas que ensucian hasta volverlas desechables. Pienso en lo agradable de una ducha después de un trabajo que requiere enterrarse abajo de un motor. Auto afirmo que mejor usar mamelucos antes que tu propia ropa. “Otra diferencia a favor de África”, sostengo conmigo misma en línea con seguir desmitificando ideas prejuiciosas durante este viaje.
Los muchachos de mameluco azul se ríen, chocan los cinco por el trabajo realizado. Cambiaron una manguerita y algún arreglo mágico del motor crearon con una botella de plástico. Aplaudo internamente el reciclaje. Hace dos años que no cae una gota en estas tierras.
Isaiah enciende el motor “todo resuelto?” le pregunto. “Claro, siempre hay ayuda por todos lados” responde con buen humor. A los 5 minutos me dice María “sigue perdiendo aceite”.
Cruza con la van la carretera que todavía confunde mi sentido de la orientación porque aquí manejan del lado inverso, al estilo inglés porque han padecido la invasión de esos anglosajones piratas que tan poco apreciamos en mi país. Paramos cerca de un hotel con fachada rosada. Llama la atención una jirafa falsa que esta en la puerta dando la bienvenida mirando desde arriba. Llama la atención el nombre del hotel “News feed” con letras luminosas medio vencidas o dobladas como esos hoteles abandonados de las películas de moteles de Estados Unidos. Llama la atención que se acerca un conserje con una sonrisa, arriba del bolsillo de su camisa me extraña que dice “Channel 7”. Todos parecen conocer a Isaiah y querer ayudarlo. Nosotras todavía no sabemos si es algo armado, si nos quieren secuestrar, si Isaiah es genuinamente simpático o si sonríe para tranquilizarnos, porque por momentos en el parque Naivasha refunfuñó cuando no quisimos pagar por tercera vez un plan que no estaba incluido en el paquete turístico. Nosotras nos sentamos a la sombra a charlar, del trabajo, de las relaciones o intentamos entender cómo estalló un biodigestor que parece que todavía funciona y tira humo a lo lejos. Nos parece que Isaiah tiene menos paciencia que Kevin (nuestro chofer del viaje al parque nacional Amboselli) que viajó con 8 hispano parlantes y tuvo que manejar su van con delicadeza porque viajábamos con una bebé de 10 meses.
Cruzamos la carretera en el medio de un lugar que esta lejos de Nairobi, ya esta bajando el sol pero seguimos sudadas. Nos quedamos en la van, el calor concentrado. No hay internet y hay que usar la batería del teléfono con cuenta gotas. El conserje Channel 4 nos ve y nos invita a pasar a la recepción del hotel, nos bajamos contentas de que las personas son tan amables por aquí. En el hotel los sillones son enormes, tamaño hipopótamo, de cuerina negra y en los bordes animal print de tigre o leopardo. Nos dejan pasar al baño de una habitación, pienso en dejar el menor rastro posible aunque tengo que sonarme la nariz, hay mucho polvo y los mocos se endurecen. Vuelvo y María también pasa al baño de una habitación a ocupar.
Nos sentamos en los sillones que son super cómodos, lo comento. En las paredes hay una cabeza de rinoceronte falsa en la parte alta de la izquierda, a la derecha una cabeza falsa de elefante con cuernos dispares que parecen de plástico. Me detengo en los detalles de la pintura de las escaleras, hay un patinado de colores vivos como naranja y verde manzana. Hay unos círculos en algunos lugares del techo que reúnen esos colores vivos pero parecen hechos por aerosol, un poco improvisado. Imagino que le dieron luz verde a un pintor de barrio para la tarea de pintar el hotel. La muchacha de la conserjería se nos acerca y nos dice que nos pongamos cómodas “god bless you” nos bendice en un momento.
Hay una pantalla de televisión en la que transmiten una ceremonia religiosa. Le comento a María que antes de viajar a Kenia vi un documental sobre el Congo, un pastor que vende un supuesto remedio enfrascado en botellas de Coca cola, llena estadios y promete curar enfermedades como el cáncer o el Sida. Le compran muchísimo pero da bronca el fraude enorme al que somete a la población. Cuando termino de contarlo María se va a cargar su teléfono contra la pared contraria. Se sienta en el piso justo abajo de la pantalla. En la escena de arriba de la cabeza de María veo un pastor que apoya la mano sobre cabezas de hombres jóvenes que se desmayan, cuando están en el suelo las personas están en trance, lloran, se sacuden. La cámara se acerca a los cuerpos que se retuercen en el suelo. Me asombra que también les acercan el micrófono. No se oye qué dicen. ¿Lloran? ¿Hablan otro idioma? Pienso que el derecho a la privacidad que tanto repetimos en mi trabajo les pela. Le digo a María “qué gran éxito es la religión televisada”, y en ese instante nos damos cuenta que esa ceremonia esta ocurriendo un piso más arriba.
Vemos a la gerente del hotel, la que nos dejó usar el baño, en la tele. Escuchamos el son del pastor que ahora canta, parece un reggae, es pegadizo, las personas bailan super concentradas, disfrutando, en otra dimensión. Qué bien bailan acá pienso y me cuestiono la afirmación porque creo que es un pensamiento tal vez racista, quizá colonialista. Pero bailan con mucho ritmo y esa característica parece atravesar todas las edades y géneros. Es un dato innegable y no sé qué hacer con esa afirmación. Mucho menos sé qué hacer con los juicios de valor. Por suerte interrumpe un muchacho joven con una gran sonrisa y nos dice “¿nos van a acompañar esta noche?”, nosotras aseguramos que no. Sin perder la soltura nos convida a abandonar nuestras mochilas, y nos invita a ver un jardín. Caminamos por un pasillo, atravesamos un comedor y vemos un jardín amplio y demasiado tranquilo para un hotel que está a orillas de la carretera. Tienen un trabajo de paisajismo, los árboles recortados con maestría, todo ordenado. Me recuerda a los jardines de algunos hoteles en Guatemala. El nos muestra orgulloso el paraíso. “Gracias, muy lindo” le decimos, pero volvemos a chequear que nuestras mochilas con los debidos pasaportes sigan en la recepción.
Nos sentamos un rato más con la preocupación de que esta cayendo la noche e Isaiah no tiene la solución, tienen que llegar de la agencia de viajes pero no aparecen. Además de la noche, ahora hay algo de viento. Vemos a uno de los conserjes comenzar a cerrar la puerta del hotel. María, bastante más alerta, le pregunta si efectivamente está cerrando (con nosotras adentro) y suplica que nos deje salir. Al momento que estamos cruzando la puerta hacia afuera un vidrio de la puerta se quiebra como un conjuro.
Conseguimos levantar mochilas y abrigos y caminar en la oscuridad hacia la van. Bajo la mirada atenta de la jirafa momificada nos subimos de nuevo a la van, como quien regresa al vientre materno. Está caluroso y oscuro allí dentro.
Isaiah que esta medio acurrucado en el asiento del conductor se despabila y corta una llamada telefónica. Le decimos que una de las conserjes del hotel nos informó que hay un café muy cerca. Porqué no vamos a esperar desde allí.
“Ah sí, acá cerca hay un mall” confirma, y de alguna manera esa respuesta que en muchos países equivale a “lugar seguro” nos reconforta. A los 5 minutos llegamos. Reconozco la cadena de cafeterías chic-gentrificadas que está en todo Nairobi. Nos sentamos a beber dawa* y a contarnos algunas historias. Conseguimos dejar atrás el hotel canal de tevé evangélico y sus animales petrificados.
Saboreo un delicioso pedazo de pastel que casi sabe a dulce de leche. Vamos a ir a comprar souvenirs al negocio de la tienda de café. Se siente (casi) como estar cerca de casa.
Nos pasan a buscar al fin en un auto que tiene el volante estilo inglés, del lado derecho de la cabina. Cada vez que nos cruzamos con los camiones en la ruta me da mucho vértigo y pienso en la pesada herencia anglosajona en África, en Latinoamérica, en mi comunidad. Los ingleses como tropiezo. Del techo nos iluminan luces azules tornasoladas. Viajamos aferradas a las mochilas en ese auto de estridentes tonos lunares. Isaiah al mando nos saca de la incertidumbre. De la vecindad misteriosa de los rituales de exorcismo del piso de arriba a un ambiente móvil que parece un océano inventado y calentito que nos transporta al fin a otro hotel lejano.
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Apuntes para una internet más inclusiva: Texto Alternativo como poesía
Toda descripción es política
Author:
Florencia Goldsman
En el marco de una actividad apoyada por la colectivas de fondos feministas Numun Fund y relacionada con la creación de infraestructuras feministas tuvo lugar el taller “Cabezas parlantes taller: traducción creativa de imágenes para una internet feminista”. El espacio estuvo orientado por la exploración feminista de hacer una internet más inclusiva y se enfocó en las necesidades de las personas ciegas. En este artículo resumimos lo más destacado de los aprendizajes de las sesiones.
El taller “Cabezas parlantes” nació inspirado en el manual creado por las artistas con discapacidades Bojana Coklyat y Shannon Finnegan, “El texto alternativo como cuaderno de poesía” del cual salen impulsos poéticos para crear descripciones de imágenes para una internet que incluya a más personas. Y que a la hora de hablar de descripciones, las mismas no se ciñan a señalamientos escuetos, sino que también ayudan a una mayor accesibilidad, percepción y sensación para las personas de baja visión o no videntes que usan programas de lectura automatizada de pantalla para poder transitar los caminos de internet.
Coklyat y Finnegan invitan a jugar con el lenguaje a la vez que respetamos una cierta cantidad de caracteres y la necesidad de cumplir un rol informativo.
Un ejemplo podría ser la descripción sobre la imagen de un simple jardín.
Aquí podríamos tener dos opciones para un Texto Alternativo sobre el mismo espacio:
Un jardín con un árbol en el centro y plantas circundantes.
Un espacio verde con diferentes tipos de enredaderas y plantas en el que destaca un añoso nogal y un cerco del cual cuelgan ramas y hojas serpenteantes de la fruta de la pasión.
Partimos desde el impulso ya descrito. Y, para poder llevar a cabo la actividad, quien escribe junto con la co-facilitadora Lorena Roffé (integrante de la red Madalenas de teatro de las oprimidas y formadora del grupo Mujeres con Capacidad de Soñar a Colores de Guatemala), diseñamos un taller que pusiera en primer lugar el juego, la poesía y la participación de personas con discapacidad visual.
Por ello, llevamos adelante entrevistas a 3 personas ciegas y/o con baja visión que serían nuestras consejeras y orientadoras durante los talleres. Nos interesó conocer los problemas con los que se enfrentan cada día en una internet que al día de hoy no está pensada para incluir a todas las personas y que, sin embargo, cada día mas se impone como un puente obligatorio para acceder a derechos básicos para toda la población.
De nuestras conversaciones y puesta en común, llegamos a algunos criterios para trabajar sobre un material diverso de imágenes de las participantes, así como de imágenes que seleccionamos en internet y que descargamos de medios feministas, organizaciones feministas y trans-feministas.
De la actividad participaron alrededor de 10 personas de diferentes países de América Latina, que se inscribieron cuando les llegó la invitación se sintieron convocadas por que desde las artes, el diseño gráfico, la comunicación popular y las tecnologías comunitarias quieren apostar por espacios, en línea y fuera de línea, con mayor inclusividad y accesibilidad.
Fue nuestra primera experiencia en este tipo de formato, en línea, a distancia y sin uso de cámaras ni imágenes adicionales (más allá de las que usamos para experimentar no hubo PPT ni saludos a cámara). Para dar inicio a la exploración habíamos consensuado algunos puntos relevantes con nuestres orientadores (dos personas auto percibidas como mujeres y un varón LGBT), las tomamos como marco orientador surgidas desde las propias inquietudes y necesidades:
1. Más que describir cómo se ve la físicamente persona, es más relevante lo que está haciendo, el gesto.
2. Resulta interesante cuando cuentan características que definen la actitud, por ejemplo: la persona está sonriente, está triste, está con desgano.
3: Objetividad/subjetividad: describir una imagen es inherentemente un proceso subjetivo - al escribir estás utilizando tus propias formas de ver y de entender. Sin embargo, una descripción debe tener como objetivo el proveer un entendimiento claro de la imagen a la audiencia prevista. (Fuente: “El texto alternativo como cuaderno de poesía”).
¿Puede existir la justicia en el ámbito del trabajo digital?
“Most of us like to talk
about freedom in the
abstract, even claim that
it’s the most important
thing for anyone to fight or
die for, but we don’t think
a lot about what being
free or practicing freedom
might actually mean”.
David Graeber
“A la mayoría de nosotres nos gusta hablar
sobre la libertad en abstracto, incluso afirmar que es lo más importante por la que hay que luchar o morir, pero no pensamos
mucho en lo que significa ser libre o practicar la libertad
puede significar realmente.
David Graeber
“ during our interviews with digital rights
defenders, many people expanded about the strong and
constant sense of urgency in the digital rights work
culture that leads to situations where individuals
simply accept unfair working conditions because the
field promotes a culture of self-sacrifice, where
individuals are rewarded for prioritising work before
everything else in their life. This sense of urgency
is also related to a scarcity mindset that encourages
people to take extra work just because of fear or
missing future opportunities”.
“Durante nuestras entrevistas con los defensores de los derechos digitales
, muchos se explayaron sobre el fuerte y constante sentido de urgencia en la cultura de trabajo de los derechos digitales que lleva a situaciones en las que los individuos aceptan condiciones de trabajo injustas porque el campo promueve una cultura de autosacrificio, en la que los individuos son recompensados por priorizar el trabajo al trabajo antes que a cualquier otra cosa en su vida. Esta sensación de urgencia también está relacionada con una mentalidad de escasez que anima a la gente a aceptar trabajo extra sólo por miedo a perder futuras oportunidades".
“ Sostenibilidad significa, también, tener en cuenta que nuestras vidas dependen de una infraestructura de co-cuidado que se cruza con el cuidado de nuestros cuerpos, casas, nuestras familias, nuestres querides animales, y lo más importante de todo: el auto-cuidado. En este contexto mientras trabajemos a distancia sin previsiones de tarifas de internet, ni de tarifa de reemplazo de nuestros gadgets (móviles, ordenadores, entre otros) y con contribuciones muy pequeñas, casi invisibles a nuestros derechos de bienestar encontraríamos este tipo de apoyo una forma fructífera de abordar este tipo de conversación sobre cómo sostenemos nuestro trabajo y nuestras redes de trabajo y afecto”.
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El feminismo puede explicar todo que está pasando con los sesgos de la informática
Extracto de la entrevista con Katherine D'Inazio en GenderIT:
“¿Se puede des-colonizar el manejo de los datos?Es un desafío grandísimo porque la fuerza de las tecnologías radica en su poder de centralizar y escalar la abstracción. De ahí es de donde viene su poder, desde una sala de servidores que puede dar servicio a millones de usuarios. Lo que pasa es que los grupos que están distribuyendo la tecnología así, son del capitalismo más alto. Esto no equivale a decir que nunca vamos a poder descolonizar estos modelos cuya razón de ser es la de colonizar, extraer el valor económico de los datos. Tengo muy poca esperanza respecto de estas plataformas monopólicas. Lo que sí me da esperanza son los experimentos como los proyectos de periodismo de datos, como también los proyectos de las redes de personas y colectivas. Si hablamos de infraestructura autónoma, creo que cosas así nunca van a llegar a ser tan grandes y globales, pero tampoco pienso que debamos ir hacia proyectos globales todo el tiempo. Creo que se hará de una manera experimental, comunitaria, popular, que vamos a realizar cuando resolvamos otro desafío como es el de la alfabetización tecnológica. Porque la verdad es que no todo el mundo tiene acceso, no todo el mundo entiende lo que está pasando con sus datos. Aún así creo que partiendo de experimentos comunitarios sí hay posibilidad de descolonizar los datos.“
Texto de la imagen: Un fondo rosa-morado con un código translúcido que resalta palabras clave como "para" "en" "y" "si". Dos mujeres negras se enfrentan a dos maniquíes blancos con etiquetas en cada uno de sus brazos. En la parte superior, se cambia el orden. Una mujer negra está en el lado de los maniquíes y se enfrenta a un contorno de maniquí translúcido que se confunde con el código. El logotipo de Dominemos la Tecnología está en la esquina inferior derecha. (ilustración de Katia Herrera)
es un campo de batalla” (del libro de Marlene Wayar. Travesti. Una teoría lo suficientemente buena”) que me inspiró entra tantas otras lecturas para sumergirme en una investigación sobre TikTokers #NoBinaries que pueden descargar y leer gratis aquí. Campos de batalla interiores, en las plataformas, en las calles y en las camas.
Espero les interese la lectura y que pronto me paguen para investigar así (también) en español:-)
Non-binary TikTokers in Latin America: Sharing Debates and Circumventing Censorship