Ella era simplemente perfecta, la mujer más inteligente que había conocido, la más valiente, la más guapa… Y él solo era un imbécil que sentía constantemente como un animal intentaba adueñarse de él por las bravas intentando detenerlo lo mejor que podía. Aisling merecía mucho más, muchísimo más, merecía alguien que no viviese con el pánico de hacerle daño, alguien que la mirase sin tener que ocultarse bajo jerséis grandes y pelo largo, una persona que pudiese darle todo lo que él no tenía. Quería hacerla feliz, pero al mismo tiempo quería que otro fuese el responsable de esa labor porque no se sentía capaz de cumplir con ella. Era un simple sinsentido que aparecía constantemente en su cabeza, un quiero y no puedo, un simple juego de pilla-pilla donde cada vez que iban a tocarse él se apartaba por si todo lo malo que tenía dentro llegaba a ser parte de ella de algún modo.
Su debate moral en aquel momento estaba más hiperactivo que nunca, quería besarla, jamás separarse de aquellos labios que tan dulces se le antojaban cada vez que la mirada, pero a la vez creía que ella no le miraría así ni de broma. Solo era Ruadh, no era ni especialmente guapo, ni especialmente gracioso, ni especial en ningún sentido positivo, claro. Sus ojos oscuros se posaron en ella, la respiración se le cortó cuando pudo leer aquello en la mirada, iba a hacerlo, iba a besarle y él no estaba preparado para algo así. Todas las alarmas rojas que había en su cerebro saltaron por los aires y el lobo de repente se sintió calmado y tomó el control del hombre, solo cinco minutos, solo necesitaba eso.
Sus labios eran lo mejor que había probado y su parte animal se negaba a no volver a tener aquel premio. No habló, simplemente la miró, sus ojos parecían más claros de lo habitual, cualquier otro día solo se hubiese apartado con las manos en los bolsillos demostrando ese carácter aparentemente inquebrantable, una seriedad que rozaba los límites… Pero aquel día no sería como los demás. Su mano izquierda tomó posición en la cintura de ella acercándola a sí mismo mientras su mano derecha fue a su mejilla, en aquel momento le sobraban las palabras, bueno; en aquel momento le sobraba hasta la capa. Bajó la cabeza y atrapó los labios de la mujer con los propios, no fue un beso tímido como cabría esperar de él, no, pasó literalmente a la otra esquina, sus movimientos eran más salvajes y apasionados, algo que nadie se hubiese esperado del tranquilo Ruadh Blishwick.
Se separó cuando sus pulmones ya estaban pidiendo desesperadamente una bocanada de aire y rompió el contacto con la mujer, el lobo había vuelto a su rincón y de nuevo era simplemente él intentando parecer normal—. Debía ser un buen beso —se explicó el hombre mientras se acomodaba la capa para abandonar el lugar bajo el muérdago, había tenido suficientes emociones fuertes por un día, no hacía falta que nadie lo dijese para que él lo tuviese más que claro. Carraspeó ligeramente intentando recuperar el pulso y la respiración, claramente no estaba acostumbrado a esa clase de cosas y todo él se había revolucionado.
No dudó en corresponder el beso con el mismo sentimiento que él, ciertamente no lo esperaba en aquel momento pero estaba completamente lista para hacerlo porque lo había soñado muchas veces. Como era normal, la realidad terminaba por superar a la ficción y cada uno de sus sentidos se despertaron. Sintió más que mariposas en su estomago, sintió verdadera electricidad recorriendo su cuerpo, cada parte de su ser disfrutando de aquel beso tan inesperado por parte de Ruadh. Parecía que estaba besando a otra persona, sin embargo sabía que aquel era su aroma que era su tacto y su pulso latiendo bajo las manos de ellas que había vuelto a colocar sobre su nuca para asegurarse que recordaría ese beso…ese nuevo beso apasionado que le mostraba que había escapatoria del pozo oscuro y tormentoso donde su ex marido la había dejado. Ese nuevo Ruadh, salvaje y apasionado, terminó por atrapar el interés de ella ¿Cómo era posible que existiera en el mismo cuerpo que el tranquilo y dulce profesor de Runas Antiguas? Sus rodillas temblaban de solo pensarlo.
Cuando se separaron, Aisling abrió bien grande sus ojos, incapaz aún de procesar lo que había pasado. Lo observó acomodar su capa como si nada hubiese pasado y se limitó a asentir con su cabeza ante sus palabras. ¿Había sido solo eso? ¿Un buen beso para que luego no se quejara? Colocó ambas manos sobre sus labios, aún podía sentir el sabor del beso en ellos, las cosquillas que su barba había hecho sobre su rostro… Miró hacia arriba y le dio gracias en silencio a quien sea que hubiera puesto eso allí. No importaba que no pasara nada más luego de aquel beso, ella lo recordaría por el resto de su vida. Su mirada pasó otra vez al hombre y soltó un gran suspiro ¿Ahora qué? ¿Qué se hacía después de besar al hombre de tus sueños? Aisling pensaba que sabía todo, que podía manjar cualquier situación pero esta se le salía de las manos. Se había dado por vencida con respecto al amor hacía dos años. Prefería estar frente a su boggart mil veces antes que estar parada en esa situación un tanto incómoda.
Humedeció sus labios y juntó aire en sus pulmones para dejarlo escapar lentamente. No se movió, no se sentía capaz de hacerlo, no sin hacer alguna locura como ir y abrazarlo, decirle cuanto lo quería... — ¿Sigue en pie lo de desayunar chocolates? — Preguntó escasos minutos después para romper el silencio que se había instalado entre los dos, minutos que habían parecido horas. De uno de sus bolsillos sacó la varita y con un movimiento de esta el muérdago cayó en su mano, lo contempló unos segundos antes de guardar tanto la planta como la varita en los bolsillos. Sus manos quedaron allí también porque el frío volvía a atacarla. — Iremos mirando para arriba y quemando cada uno de los muérdagos, si es que eso quieres. — Cualquier cosa menos el separarse. Cualquier cosa menos el dejar su relación se estropeara por un estúpido beso. Quería volver a a ver sus ojos, descubrirlos debajo de su cabello, y saber que eran lo que decían porque ella los había visto hacía años atrás y los había encontrado de lo más expresivos. Quería volver a hacerlo, volver a tenerlos cerca. Volver a tener cerca de Ruadh sin muérdago, sin presión alguna, simplemente por decisión propia del hombre.