âEl federalismo obliga a una mayor solidaridad y a mĂĄs sinceridad en el cumplimiento de las obligacionesâ
(versiĂłn extendida de la entrevista en Heraldo con Joan Botella, catedrĂĄtico de Ciencia PolĂtica y presidente de Federalistes dâEsquerres)
Al hablar de federalismo, gran parte de la opiniĂłn pĂșblica lo asimila a desintegraciĂłn.
Esa esa la visiĂłn antigua: la palabra ha adquirido mala fama.
Entonces, ¿de qué hablamos cuando hablamos de federalismo?
Es evidente que en España tenemos un problema muy grave con nuestra estructura territorial. No solamente por el drama catalĂĄn, sino tambiĂ©n por ejemplo por las acusaciones de la Junta de AndalucĂa al Gobierno de Madrid de âdumpingâ fiscal, las polĂ©micas entre el PaĂs Vasco y las comunidades vecinas por el traslado de industrias o la mala prĂĄctica de los gobiernos centrales sin mayorĂa que buscan el apoyo de grupos territoriales minoritarios cambio de contrapartidas injustas para el resto. Son soluciones particularistas basadas en egoĂsmos, no en el interĂ©s general. Federalismo consiste bĂĄsicamente en que cada uno es dueño de su casa y los asuntos comunes los resolvemos entre todos; una comunidad de vecinos es lo mĂĄs parecido a un esquema federal. Lo que hacemos hoy en España es justamente lo inverso: una lĂłgica de agravio comparativo y de aprovechamiento ventajista de posiciones.
(foto: Guillermo Mestre/Heraldo)
El sistema de financiaciĂłn autonĂłmica se plantea como un juego de suma cero, cuando no deberĂa ser asĂ.
Claro, no deberĂa. En lĂłgica federal, cada uno se hace responsable de conseguir los medios para financiar sus competencias, y el conjunto -la federaciĂłn, España- es responsable de financiar aquello que gestiona para el conjunto. Luego hace falta mecanismos de correcciĂłn de desequilibrios, de garantĂa de que los derechos de los ciudadanos se hacen efectivos, etc. Eso nuevamente aquĂ en España lo pensamos como una responsabilidad del Gobierno central. En Alemania, el caso mĂĄs claro, las medidas de solidaridad se acuerdan solamente entre los representantes de los territorios; el Gobierno central no entra en estas discusiones. Tienen un Senado de verdad. Obliga a una mayor responsabilidad y solidaridad, y a una mayor sinceridad en el cumplimiento de las obligaciones.
¿Acaba el federalismo en el PSOE? ¿Perjudica que esté tan ligado a este partido?
No acaba en el PSOE, gracias a Dios. Y ese es uno de los problemas que tenemos. Cuando un partido se adueña de una palabra los demĂĄs la rehĂșyen; asĂ, ahora otros partidos hacen equilibrios para evitar mencionar el federalismo. Podemos habla de plurinacionalidad; Izquierda Unida, de confederaciĂłn. Incluso en otra Ă©poca Ciudadanos hablaba de una reformulaciĂłn federal de la estructura en España.
Entonces, ¿por qué en Cataluña la organización es Federalistas de Izquierdas? Si el federalismo es la meta, ¿no es mejor evitar las etiquetas?
Es una pregunta que nos hacen muchas veces, y se explica por razones históricas. Nosotros empezamos en 2012; en aquel momento, buena parte de las izquierdas en Cataluña estaban seducidas por el mensaje nacionalista: derecho a decidir, pacto fiscal, etc. Que todo esto son subterfugios para evitar un planteamiento igualitario y solidario. En ese sentido, nos designamos federalistas de izquierdas no para diferenciarnos de los de derechas, sino para decirle a las izquierdas: debéis ser federalistas, no podéis ser otra cosa. Ni nacionalistas ni localistas; hay que abrirse solidariamente al resto de pueblos.
Hace poco se inaugurĂł en AragĂłn la AsociaciĂłn de Federalistas. ÂżEstĂĄn encontrando eco en otras comunidades?
Bueno, se han creado en AragĂłn y AndalucĂa y se estĂĄn preparando en Cantabria y Valencia, y hay contactos en el PaĂs Vasco, Castilla y LeĂłn y Madrid. Y estamos a punto de dar el paso de fundar una asociaciĂłn española que reĂșna a estas organizaciones territoriales; si todo va bien, a mediados de mes -esto es una primicia- se presentarĂĄ la AsociaciĂłn por una España Federal.
En una Ă©poca marcada por el efectismo, el TramabĂșs y el trumpismo, ÂżcĂłmo hacer para que cale una idea tan compleja?
Es un poco mĂĄs difĂcil, sĂ. Porque los nacionalistas proponen soluciones simplistas, desde Trump a los italianos. Pero justamente los problemas globales que tenemos son cada vez mĂĄs globales y hacen imposibles soluciones particulares. La contaminaciĂłn atmosfĂ©rica, la globalizaciĂłn de los mercados, las amenazas militares o la guerra comercial es obvio que no se pueden abordar ni a nivel de comunidad autĂłnoma ni a nivel de Estado, y hace falta una amplĂsima cooperaciĂłn para hacer frente a eso. Lo que ocurre es que el reflejo del miedo, de encerrarse en casa, de levantar las paredes mĂĄs altas, es un reflejo muy fuerte, muy intenso. Pero a la que se vea que es inĂștil, y no vamos a tardar mucho, yo creo que lo que se va a plantear es lo inverso: mĂĄs cooperaciĂłn.
Otra traba para el federalismo es que se percibe como elitista, que no afecta a las capas bajas.
Tal vez porque no peleamos lo suficiente. Nuestra gente son bĂĄsicamente de la universidad y sindicalistas. AdemĂĄs, no pensamos en el federalismo como un mecanismo tĂ©cnico de las instituciones, sino como un instrumento para borrar los problemas sociales. Por ejemplo, hoy empezamos a ver que nuestra Seguridad Social sufre un problema de futuro gravĂsimo, porque el pacto de solidaridad entre generaciones no estĂĄ redactado. El federalismo es esto: pactos de solidaridad entre gente diversa. De tal manera que creemos que no es solo un remedio tecnocrĂĄtico para cuestiones territoriales. No, no. Es la actitud para resolver los problemas sociales. Pero esto cuesta. Los millones de ciudadanos que han salido a las calles para protestar por las pensiones o las ciudadanas que salieron a la calle el 8-M muestran que hay una exigencia social de mayor solidaridad y colaboraciĂłn. Solo les falta saber que lo que buscan es el federalismo (se rĂe).
¿En qué medida la reforma del Senado es clave?
Es clave en un sentido, aunque no es âlaâ clave. Hay una situaciĂłn paradĂłjica: los partidos nacionalistas o regionalistas estĂĄn mĂĄs presentes en el Congreso que en el Senado. ÂĄEsto es un disparate! El Senado tiene que ser la cĂĄmara territorial. Y no lo es porque representa a las provincias, y no a las comunidades autĂłnomas. AdemĂĄs, la CĂĄmara alta no tiene la Ășltima palabra en las decisiones presupuestarias que afectan a las comunidades. El Senado debe ser el lugar donde los miembros del club se reĂșnen para resolver sus problemas. AndalucĂa y Madrid disputan hoy a distancia mediante declaraciones en ruedas de prensa, cuando lo que deben hacer es discutir en torno a una mesa, con lĂĄpiz y papel.
ÂżCĂłmo puede un eventual sistema federal ayudar a luchar contra el lĂo catalĂĄn?
Buena pregunta. En parte, un sistema federal se basa en la confianza recĂproca entre los territorios mismos y entre ellos y el todo, España. ÂżPor quĂ© fracasĂł la posible cooperaciĂłn entre AragĂłn y Cataluña para gestionar las obras de Sijena? Por desconfianza.
Se dejĂł en manos de los jueces.
Incluso para divorciarse es mejor hacerlo de mutuo acuerdo antes que ir a los juzgados. En Cataluña ha habido siempre un componente de independentismo, que era del 10% o el 15% de la poblaciĂłn. Se basaba en un argumento que utilizaba Pujol: âYo soy independentista, pero sĂ© que es imposible y por tanto no insistoâ. De repente, alguien dijo que sĂ era posible, que era viable, fĂĄcil y gratuito, sin costes. Y la gente se apuntĂł, con una percepciĂłn errĂłnea. En segundo lugar, si hubiese unas ofertas claras del Gobierno central en clave de reconocimiento de derechos culturales, de clarificaciĂłn de financiaciĂłn y de inversiones pĂșblicas, el independentismo se verĂa reducido a lo que eran sus tĂ©rminos tradicionales. Lo peor que ocurre ahora es que la inflamaciĂłn nacionalista estĂĄ eliminando del paisaje polĂtico las opciones partidarias del diĂĄlogo y el acuerdo.
El mismo Iceta consiguiĂł un resultadoâŠ
... muy modesto. La oleada de populismo ha dado mĂĄs presencia a las plataformas que a los propios partidos. Lo cual es una mala noticia, porque los partidos son los que canalizan y hacen funcionar la maquinaria. En ese sentido, yo creo que el conflicto estĂĄ lejos de resolverse. Los independentistas promueven su intensificaciĂłn.
ÂżAyudarĂa un reequilibrio del cupo vasco y navarro?
Lo del cupo vasco y navarro es clamoroso. Son de los territorios mĂĄs ricos y prĂĄcticamente no contribuyen al mecanismo de solidaridad. En algĂșn año, incluso el cupo ha tenido valor negativo; es decir, que Madrid ha tenido que pagar  al PaĂs Vasco por su pertenencia a España. Lo cual es una demostraciĂłn de que necesitamos mecanismos claros, acordados y revisables para la distribuciĂłn de la financiaciĂłn. Yo creo que en Cataluña todo el mundo reconoce que cuando eres mĂĄs rico que el promedio debes aportar mĂĄs de lo que recibes. Pero eso tambiĂ©n se puede negociar, cifrar y revisar cada cinco años. AquĂ tenemos la impresiĂłn de que una vez que apruebas una ley ya es para siempre, y no.
A finales de marzo Cataluña sigue intervenida y sin presidente. ¿Qué salida ve?
No sĂ© si expreso una posibilidad o un deseo⊠Es necesario que se produzca una ruptura de la unidad polĂtica en el movimiento soberanista. En Escocia o QuĂ©bec hay un solo partido independentista, mientras que en Cataluña hay cuatro. Y el primero que dĂ© el paso hacia la moderaciĂłn serĂĄ tachado de traidor. La lĂłgica lleva a la radicalizaciĂłn. Pero, por ejemplo, las actitudes de ERC estĂĄn siendo mucho mĂĄs prudentes que las de Puigdemont.
ÂżLa esperanza es pues otras elecciones en las que Esquerra quede sobre JxCat?
No: que el grupo de Puigdemont se rompa. Porque se acercan municipales, y con planteamientos aventuristas no van a ganar. La clave es la reformulaciĂłn del sistema de partidos en Cataluña. Incluso la apariciĂłn de Podemos ha cultivado desde hace meses una ambigĂŒedad en torno a la postura rupturista en la que no puede vivir; Podemos ganĂł las elecciones generales en Cataluña y luego ha perdido dos terceras partes de sus votos; alguien deberĂa sacar conclusiones lĂłgicas de esto.











