"El polvo de sus ancestros y mierda de ratas, ¿hm? Adecuado," gesticula con parsimonia, y si palabra huye de cuerdas vocales con más animadversión de la intencionada, no se da cuenta. Poco le interesa, en ese momento, pretender que está allí para presentar sus respetos. Para eso está su sire, que seguro debe estar adulando a los antiguos de la Camarilla en el exterior, intentando mantener favores y los tratos que ha tenido por años con aquella secta en territorio nipón. Además, la distracción que le presenta el Ventrue es bienvenida, en especial en un lugar que detona la estimulación de su mayor disciplina tanto como lo hace un cementerio. "Sólo por las razones adecuadas. Soy un hombre que cumple su palabra," responde con una calma bien ensayada en la tersa voz del Assamita, y una sonrisa ladina comenzando a aparecer en los llenos labios, clara señal de que sabe algo que el francés no. "Oh, pero estoy seguro que eso no te gustaría. La última vez que guardé mis emociones, me quedé con tu camioneta," no tiene reparo en recordar aquella rabieta, en la que el no obtener lo que Milo quería a la primera fue motivo para que terminara quedándose con las llaves de su auto hasta la noche de año nuevo. De todas formas, no niega gusto por la presencia del de la Camarilla. "Hmm..." sonido vibra en su garganta discreto, iris clavándose en los ajenos cuando el roce en sus labios que se entreabren un poco deja un cosquilleo que ya resulta casi familiar. "Lo doy por hecho, pero ¿quitarme esta desdicha? No será fácil," dramatiza con un suspiro silencioso que precede la mirada cómplice que le dedica a su contraparte. Ya se podría decir experto en aquella dinámica que sostiene con el contrario, pero no deja de crear una anticipación que ebulle en su interior, in crescendo con cada segundo que pasa frente al más joven. "Vaya... ¿Te has confesado últimamente? Podrías necesitarlo," que si realmente existe ese pasado creyente, está seguro que es así. Nunca fue un hombre de fe, por mucho que su abuela intentó inculcárselo, o por mucho que realmente quiso creer que había una fuerza superior que velaba por su bienestar. Nunca tuvo una razón para rezarle a un Dios, si es que había un paraíso, porque el paraíso parecía ser inexistente para él. "Tengo recuerdos un poco diferentes," debate en murmullo ante una cercanía que no requiere que eleve su voz, ladeando ligeramente su cabeza para dejar que sus labios rocen la mejilla masculina. "La verdad, me gusta más cuando no lo eres," porque si algo le gustaba del contrario era lo combativo que podía ser. Sonido que quiebra lo que era casi silencio le hace levantar la mirada hacia la puerta cerrada, antes de volver su mirada hacia el francés, una ceja arqueada con la interrogante puesta en facciones. "No me preocupa. ¿Debería preocuparme por la tuya?" pregunta con genuina curiosidad, dejando que dos de sus dedos delineen alrededor del cuello de su acompañante, hasta detenerse en su manzana de Adán y descender con deliberada lentitud por encima de su camisa. "Yo también valoro tu cabeza pegada a tu cuello." [@milcw]