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¿Podía sentir dolor físico cuando su cuerpo ya no le pertenecía? La respuesta es no y por ello, ni siquiera se inmuta al golpe, aunque por el sonido sabe que su piel quedará roja hasta el día siguiente. ¿Siquiera lograría contemplar el nuevo amanecer? El emperador está de mal humor, tanto que debatía el solo contestarle, pues entre antes desquitara su enojo con él, antes le dejaría solo para sumirse en la miseria. No quería huir, en realidad, cuando estaba todo listo se alejó de su prometido, retrocediendo para buscar al dragón y contarle todo. Deseaba, en parte, mantener la imagen de una familia donde pudiese crecer y ser protegido y por otro lado, el corazón comenzaba a mostrar cariño genuino hacia el alfa, a tomar su mano e ir juntos al jardín, beber té y disfrutar galletas mientras charlaban de cosas de poca importancia. Hanbin podía tolera cualquier comentario despectivo a su persona, cualquier insulto y humillación y aun así no replicaría, sin embargo, el alfa cruzó la línea que no quería presenciar: insultar la criatura más delicada y hermosa que amó en toda su vida. “¡No fue un bastardo!” los cuarzos rosados destellan un segundo, su lado protector y maternal, aunque ya no pudiese concebir otra vida, se hizo presente. “No dormí con nadie… te pertenecí desde el primer día que puse un pie en tu reino... ¿Recuerdas?” Esa noche donde solo usaba una camisa blanca y ropa interior, donde se entregó por primera vez a alguien que no amaba y juraba jamás hacer debido a todas las pérdidas, por su familia, su prometido, su reino caído de flores. “¡Era tu hijo, Junseong, nuestro cachorro, un pequeño de ojos rojos!” no necesitaba verlo, desde el primer segundo lo sabía: sería alguien de cabellos negros y iris rojizos, igual que su padre. “¿Por qué… por qué tuvo que marcharse tan temprano?”
Junseong se ríe, como un maniaco, como un loco envenenado por un amor que le profesaron y fue fingido y ahora el único bálsamo que encontraba era despertar la misma rabia, el mismo odio y desdén por parte de Hanbin hacia su persona. Y lo ve, claramente en como esas dos piedras rosadas vuelven a tener el mismo brillo que alguna vez conoció cuando iban a los mismo bailes y cenas, mismos ojos que le miraban sin cautela mientras se lo llevaba a la cama. Algo en él se ablanda sutilmente, propio de ese sentimiento y esa piedad que sentía solo con Hanbin, su lobo interior se derrite ante las palabras que escucha y le cree, ingenuo y estúpido le cree lo que le dice y por un segundo, piensa en perdonarlo. Quiere sostenerlo, besarlo y abrazarlo, decirle que todo estará bien. Pero el monstruo de los celos, la rabia y la desconfianza, le hacen fruncir el ceño y soltar el brazo del otro con brusquedad, dejándolo caer al pasto. - —Entonces querías quitarme a mi hijo, querías arrancármelos de las manos para irte a revolcar con el malnacido de tu ex prometido — -la sola idea de que otro hombre cuidase de su omega y de su cachorro, le hacen hervir la sangre de nuevo, el resentimiento comiéndoselo desde adentro. Cruel y despiadado, baja ligeramente a la altura del otro, tomándolo del mentón para tener contacto visual. - —Tu lo mataste, nadie tiene la culpa de esa noche más que tú. Si no te hubieses escapado, si no hubieses decidido abandonarme y verme la cara de estúpido, ese bebé estaría aquí. Pero no fue así, me quitaste lo que más ansiaba… — -un hijo, un cachorro. - —Y yo — -sus ojos bajan hasta ese vientre, donde Hanbin aseguraba no había nada y solo una fea cicatriz se asomaba. - —Y yo te quité lo que más querías.
Sus acciones fueron impulsivas pero no alcanza a disculparse cuando la temperatura disminuye. Sin soltar el agarre, Taeyong se acomoda para poder apreciar las facciones del otro mejor. Los iris ajenos eran hermosos, fue lo primero que llamó la atención y cautivó a su lobo. Luego vino la sonrisa que apenas mostraba y finalmente, esa alma que seguía en pie a pesar de tanto dolor. Podía verlo, incluso si Sakmin no quería hablar sobre su pasado, el dolor que lleva en lo más profundo de su ser. “No te culpes, estoy bien, quedarme a tu lado es mi elección.” Aún si eso significaba que sus sentimientos jamás fuesen correspondidos, el solo hecho de ayudar a completar su misión le hacía feliz. Da un pequeño vistazo de reojo a los familiares, asintiendo por si preferían ir a otro lugar hasta que el calor regresara. “Hey, escúchame…” murmura, la mano libre no alcanza atrapar la lágrima pero sí a deslizar el pulgar por sus mejillas, con cuidado, tocándolo como si fuese de cristal. “No has roto nada, ¿De acuerdo? Lo que sea que pasó en la ciudad… no es tu culpa. En esta y en todas las que existan en el futuro… siempre podrás contar conmigo, Sakmin.” Era una promesa que se hizo a sí mismo antes de dejarlo todo y partir hacia un mundo desconocido y del cual su clan permaneció alejado por años. Si alguien se entera que aquellos con la capacidad de manipular con la voz aún caminan por el mundo, las cosas podrían complicarse para ambos. “¿Quieres hablar de… tus problemas? ¿O prefieres que cante para que duermas?” pregunta, aumentando su esencia para reconfortar.
Un calor recorre su cuerpo, como una ola del mar en un día de verano, tibio y refrescante cuando el otro menciona que su elección, era Sakmin. ¿Cuántas personas lo habían elegido en su vida? Realmente no lo recuerda, su sangre y su apellido eran cosas que le abrieron puertas al igual que se las cerraron, pero nunca nadie había decidido hacer de él una prioridad. El corazón le late cálido en el pecho, su esencia controlándose ligeramente y una risa acuosa, propia del sentimiento, abandona sus labios. - —Mírame, siempre haciendo todas las conversaciones acerca de mi cuando estábamos hablando de ti… — -el dolor de Taeyong era tan valioso como el suyo, merecía ser escuchado y cualquier tipo de pensamiento que tuviese acerca de su familia, su casa, y la manada que probablemente le daría la espalda al volver, era algo que Sakmin quería escuchar y reconfortar. Toma la mano que tocó su mejilla, llevando la palma de lleno a su rostro y se acurruca en ella como un cachorro buscando la tibieza del sol, su aliento más frío que el de los demás, choca con la extremidad. - —Si estas bien, entonces estoy bien… — -vuelve a ofrecerle un espacio para desahogarse, compartir sus pensamientos y buscar consuelo. El gris de sus ojos vuelve a buscar al contrario, sintiendo las mejillas teñirse de un rojo sutil. - —¿Puedo… recostarme en ti? — -tal vez era una petición impropia, un alfa y un omega sin una relación clara no deberían acurrucarse juntos, no obstante, ellos dormían así, comían donde mismo y a veces se duchaban en el mismo lago dándose la espalda. Su relación, era impropia de pies a cabeza. - —Puedes decir que no…
Las palabras de Junseong lo paralizan porque, quizás sin quererlo, menciona lo que el omega añora desde que su existencia entera se quebró sin retorno alguno. Morir de una vez, ser acunado por la parca hasta que sus pupilas perdiesen el color característico de un reino convertido en cenizas, importándole poco si el cielo o infierno existían. Agotado y débil, es obligado a encontrarse con el rubí más lindo y cruel que existe. “N-No me mire…” suplica, los ojos comenzando a picar, clara señal que lo poco que mantenía unido comienza a despezarse. El príncipe cae de rodillas, sus latidos se aceleran del miedo y pánico, aceptando cualquier adjetivo pues, en su cabeza, merece cada palabra de desprecio por no ser la persona sumisa que el alfa merecía. “Todo es mi culpa, lo sé… ódieme tanto como quiera, majestad… ” su poder inútil para proteger, su reino demasiado pacífico y la falta de alianzas con otros gobernantes le llevaron a caer en las garras de un animal. Aunque, ¿Había alguien capaz de desafiar y salir ileso del fuego? Lo desconoce, demasiado preocupado por cortejar y ser cortejado por alguien que ya no existía. “Pero… ¿Q-Qué culpa tenía… mi dulce dragón?” zurda va al estómago, a ese vientre que le fue arrebatado tras perder la conciencia al presenciar cómo su amado era cruelmente asesinado mientras la rosa roja dejó de expandir sus pétalos, cerrándose y marchitándose. “Quería un heredero… ¿No es así?”
Siente la rabia subirse por su garganta, destrozando sus cuerdas y apretando la faringe como alguna vez las manos de su padre solían sostenerlo del cuello. Junseong lo suelta toscamente, sintiendo el picor en su palma para darle una bofetada. La muerte, una constante que asechaba, parecía perseguirlos a ambos; almas desdichadas y rotas. Siente el odio más profundo en su ser entre más Hanbin le daba la razón, ¿qué esperaba? ¿qué peleara y renegara? Sabía que no había ego suficiente en ese cuerpo, no existía fuerza de voluntad porque el dragón había pasado por encima de él en incontables veces durante las semanas pasadas. - —¿Qué culpa tenía? Ninguna, la culpa la tenías tu y el maldito con el que pretendías huir. ¿Creíste que podías marcharte por la puerta trasera y no me daría cuenta? ¿Pensaste que porque me acostaba contigo y me tenías embelesado con tu belleza iba a ser tan ingenuo? — -una risa cruel, despiadada y gutural escapa de su boca. Sonaba como un loco, seguramente como un desquiciado y así es como se sentía de nuevo. Vuelve a llevar la mano hasta el mentón, su pulgar se aprieta en la mejilla y prácticamente bufa delante de su faz, como un animal rabioso. - —¿Era siquiera mío? — -Junseong mete los dedos en su propia herida, lastimándose a si mismo con las suposiciones de los verdaderos objetivos del otro. - —¿Ese bastardo que perdiste era mío o era del maldito hijo de perra aquel? ¿Se metía en tu cama cuando yo no estaba? ¡Contéstame!
La voz chillona del petirrojo es inconfundible, aún si el alfa todavía no termina de acostumbrarse a la tenue luz, respondiendo con otra carcajada más sonora. “Ni me lo digas, cuando come muchas frutas no despierta hasta la mañana siguiente, pero a cambio de eso puedes ver su barriga redonda, es suave si la tocas con cuidado.” Rostro gira ligeramente hacia donde están ambas aves, sacando la lengua antes de regresar su atención en el omega. La mano es suave, le gusta a pesar que sus temperaturas son diferentes. Con cuidado y elegancia propia de su personalidad, lleva el dorso a su rostro pero no deja un beso en el dorso, como le gustaría hacerlo, sino que lleva cerca de su nariz, rozando la piel hasta llegar a la muñeca, cerrando los párpados otra vez. Intenta desviar el foco de su persona, no obstante, Sakmin ya había hecho esa pregunta. No quiere mentir, jamás ha sido su fuerte. “Pensaba en el regaño que mi padre me dará cuando regrese.” Si es que lograban aceptarlo, por el rencor en las pupilas del actual líder Kwon, parece algo imposible. “No me arrepiento de acompañarte, lo sabes, ¿Verdad?” cuestiona, regalándole una enorme sonrisa. “Además, agradezco a Alcor de ser niñero, Juniper me estaba volviendo loco con sus canciones al amanecer.”
Sakmin solo puede sonreír ante la imagen del ave pequeñita, redondo como una canica. Alcor es un cuervo, por ende, es más largo y estilizado con un plumaje azabache que le da un aire intimidante, en cambio el petirrojo es adorable. No obstante, toda su atención se desvía hasta los movimientos de su acompañante, sintiendo el retumbar de su corazón, siendo el único latido de vida que albergaba su interior ahora que el lobo, seguía lastimado y dormido. No sabe si está expectante o simplemente a la defensiva, pero el nerviosismo propio de tener un alfa tan cerca de su aroma, era intenso. - —Lo siento — -no puede evitar disculparse por lo que sucede, sintiéndose culpable. - —Lo sé, pero si tienes que volver… sabes que nunca te culparía por ello — -al contrario, su conciencia quedaría tranquila de que no arrebató un hijo de un padre, un alfa de una manada. Sakmin es propenso a la melancolía, notándose en la esencia de nieve que cubre la fruta entera y se vuelve gélido todo alrededor. - —Mi familia está rota, mis acciones han quebrado otras familias, no deseo ser el responsable de destruir la tuya también… — -piensa en Jisu y Eunho, en donde estará Seongyeol y su hermano; pero sobre todo piensa en su ex pareja y el dolor se vuelve sofocante. Una pequeña lagrima resbala, congelándose para caer sobre el cobertor debajo de ellos y aprieta aun más la mano contraria. - —Eres demasiado bueno Taeyong, ¿habrá alguna vida donde merezca todo lo que haces por mi?

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El aroma ajeno, que solía encontrar encantador cuando descansaba con el rostro apoyado sobre su pecho durante las noches, ahora le causa nauseas producto de las malas memorias que le atormentan incluso de día. Las suyas ni siquiera se asoman, completamente apagadas a pesar de que como omega, podía intentar calmarlo y rogarle que le dejase ir… Pero ese derecho lo perdió cuando decidió quebrar lo que entre ambos estaba floreciendo con esmero. “P-Pensé que podía…” no tiene fuerzas para pelear, por lo que es jalado con gran facilidad y del miedo, cierra los párpados. Sabe que no soportaría ver aquel rojo enfurecido con su persona. Solía odiar ese tono que, junto a un aroma feérico, se volvieron parte de sus memorias tras ser capturado por el Cinabrio. El destino es cruel, pues con un poco de paciencia, aprendió amarlo, acariciarlo, a querer sujetarlo entre sus brazos. Y ahora, todo eso no es más que una ilusión. “L-Lo siento, mi señor, regresaré a mi habitación de inmediato si lo permite…” murmura, mirada bajando hacia el suelo, mordiendo su labio para no gritar. “Por favor…”
El odio le consume rápidamente, no puede siquiera evitarlo cuando esté hierve como una toxina corriendo por su torrente sanguíneo y sus ojos de per se, rojizos, se vuelven de un color demoniaco al escucharlo, al tenerlo cerca, al simplemente percibir la sombra de la encantadora flor que alguna vez comenzó a sostener entre sus manos con cautela y amor. La mano libre se alza para sostener entre los dedos, de forma tosca, el mentón del otro y prácticamente obligarlo a que lo viera a la cara. - —Las rameras como tu no tienen derecho de siquiera pensar, deberías agradecer que te permito respirar el mismo oxigeno que entra por mis pulmones — -es injusto, es cruel hablarle de esa forma a un príncipe; pero ¿qué más daba ahora? Junseong había conseguido la conquista entera de su reino, teniendo como su calentador de cama al príncipe, la joya más costosa de su amplio repertorio. Bruscamente suelta aquel rostro, apretando un más el brazo con toda la intensión de hacerlo arrodillarse, humillarlo, maltratar un ego completamente destruido. - —Mírate, no eres más que una criatura inútil y ridícula. Esto es la razón por la cual tu familia murió, tu prometido cayó y lo que engendraste desde tu podrido vientre, no germinó. Eres débil, patético.
Ha cometido uno de los mayores errores de su vida, es lo que padre le gritó con el rostro ardiendo de la rabia al enterarse que él, su único hijo y quien debía liderar el clan cuando se casara con una omega, dejaría todo para acompañar a alguien roto sin salvación, una vida que no podría siquiera darle un hijo en el futuro. El golpe en la mejilla aún se siente fresco, la mirada de decepción de quienes lo vieron crecer y depositaban sus esperanzas en el joven de cabello largo y los llantos de los cachorros al ver partir a quien solía cantarles una melodía de cuna, son cosas que persisten incluso en sus sueños. Sin embargo, cada despertar intenta esconder cualquier dolor en el rostro, tomándose uno minutos para repetirse que está bien su decisión, que no podía quedarse de brazos cruzados mientras alguien más lloraba en silencio por un pasado que jamás regresará. La voz del omega irrumpe su pequeño ritual, sacándole una risita suave pero grave en tono, sacudiendo la cabeza. “Juniper nunca se ha quejado del tiempo que lleva durmiendo a mi lado, ¿No estarás mintiendo para dejarme mal, Sakmin?” la esencia ajena lo rodea y se siente tan familiar y acogedora que, de no ser por el familiar nombrado quejándose en algún lugar, volvería a sus sueños. El café propio responde igual de meloso, extendiendo una mano hacia el otro. “¿Descansaste?”
Sakmin no indaga en el dolor del otro, porque como Taeyong respetaba el suyo, el mayor había decido hacer lo mismo. Cada persona era un mundo, cada cabeza albergaba un pesar que solo podría salir a flote cuando decidieran sanar esas heridas y el omega, sabía que tenía que ser al ritmo que quisiera cada uno. Sakmin sonríe más amplio cuando Juniper le da la razón de que Taeyong roncaba suavemente, Alcor uniéndose al parloteo y el muchacho de hebras oscuras y ojos grises apaga ese ruido extra. - —¿Cuál podría ser mi intensión en levantar calumnias contra ti? Tal vez Juniper no lo había notado, porque cae rendido como una roca — -vuelve a escuchar una queja del familiar, resoplando una risa antes de observar aquella mano que se extendía en su dirección. Duda, como siempre que se genere un contacto, pero termina tomándola para proporcionar algún tipo de confort a los demonios dentro del alfa. - —Honestamente, no mucho. Escuché un ruido y no pude volver a dormir, aunque aun nos sobra noche y oscuridad para descansar — -los cristales iluminaban la cueva, pero afuera seguía el manto de Morfeo sobre ellos. - —¿Qué hay en tu mente?
Los días de apreciar el paisaje por su ventana u horas cuidando el jardín, aquel lugar que no era suyo al mismo tiempo, fue lo más cercano a su hogar y ansiada libertad, habían desaparecido, aunque continuaba frecuentando el Edén como ahora. Con el corazón en pedazos y un vacío en su interior de aquella vida que no consiguió siquiera admirar la belleza del mundo que él había preparado, se queda a un lado de las flores, sin ganas de contar historias como lo hacía tiempo atrás y siendo mínimamente consolador por sus aromas mezclados. Sus manos estaban más delgadas que antes, el apetito desapareció, dando lugar a un deseo de querer partir con la persona que una vez amó y el pequeño dragón que solo vivirá en sus sueños.
‘Salvé tu vida, deberías estar agradecido.’ Son las palabras que recuerda con mayor claridad por parte del emperador, mismo alfa que, por mucho que quisiera evitarlo, terminaba encontrándolo en el momento más vulnerable. Hanbin apenas consigue ponerse de pie, sacudiendo sus ropas y haciendo una torpe reverencia. “Buenas tardes, su majestad…”
Las pisadas del emperador resonaban contra el mármol de los pasillos, su capa negra con detalles en dorado y carmín se ondeaba como una bandera que indicaba peligro, completo y absoluto terror. Sus propios empleados y servidumbre, agachan la cabeza al verlo y se inclinan con reverencia ante su poder, siendo conscientes que desde esa fatídica noche donde Hanbin había intentado huir y el príncipe del Opalo murió bajo su bota, las cosas volvían a ser justamente como cuando su padre vivía, como cuando Junseong estaba amargado. Es un alma que lleva el diablo, notándose en como sus expresiones no flaquean al ver al otro en el jardín, pero si su esencia se vuelve potente, el ébano quemándose sobreponiéndose a cualquier otra nota. - —¿Qué crees que estás haciendo aquí? — - Junseong es consciente de como su fisionomía ahora era más grande, arrebatadora, imponente. Su mano se enreda sobre un delicado brazo, apretando el mismo para obligarlo a chocar contra su pecho. - —No recuerdo haberte ratificado tu permiso de estar aquí. Los omegas como tú, no se lo merecen.
La cueva se iluminaba con aquellos cristales que caían desde el techo, algunas flores y hongos mágicos crecían de estos dándole un toque aun más maravilloso y claramente, romántico a todo ese momento. Sakmin claramente no podía pensar en el romance y el amor, ni siquiera cuando este era tan claro como el agua viniendo de un Taeyong que, a estas alturas del partido, había prácticamente renunciado a su clan y decidió acompañarlo en la búsqueda de la verdad, perseguirlo hasta el fin del mundo como si el hechicero de hielo fuese lo más importante, lo más increíble que había visto en su vida. Sakmin aun lloraba una relación fallida, una marca que, si bien no es física, es emocional y ahora se encontraba cercenada, rota, muerta como el fruto de ese mismo amor que había tenido que enterrar y como el lobo que débil, lloraba constantemente en su interior. No obstante, la esencia de nevada y granada se endulza ligeramente cuando en aquel pequeño nido donde dormían a lo largo de su viaje, los ojos del castaño se abren al mundo. - —Roncas ligeramente cuando estas dormido, ¿lo sabías? — -pregunta, adorando sus labios con una pequeña sonrisa.
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aespa 'KISS N TELL' #NINGNING
karina ✦ lemonade
SEND ME A SHIP and I’ll tell you:
Who said “I love you” first
Who would have the other’s picture as their phone background
Who leaves notes written in fog on the bathroom mirror
Who buys the other cheesy gifts
Who initiated the first kiss
Who kisses the other awake in the morning
Who starts tickle fights
Who asks who if they can join the other in the shower
Who surprises the other in the middle of the day at work with lunch
Who was nervous and shy on the first date
Who kills/takes out the spiders
Who loudly proclaims their love when they’re drunk
‘Monstruo’ podía ser una ofensa a otros pero Bulyeong ha escuchado aquella palabra muchas veces desde que era pequeño, cuando sus padres lo entregaron sin problema a la Ciudad Luminosa, cuando los mismos científicos estaban impresionados de la resistencia que tenía ante los experimentos o también, cuando muchas personas que intentaban acercarse a él solo encontraban una expresión gélida en su rostro que no se inmutaba a las cosas que pasaban a su alrededor. Ahora no era una excepción, aún no aprendía a dejarse llevar por sus emociones del todo, sin embargo admite que su pecho duele un poco al ser llamado de esa forma por Suyeong. “No es mi deber tocar ese tema y tampoco estoy seguro que quieras saberlo... pero Sooan no pudo hacer esto solo, que estés aquí es totalmente mi culpa.” No se refería solo a rescatarlo, sino también al cómo ese órgano tan peligroso llegó a manos de María, aún así prefiere ser el único responsable de la resurrección del más bajo y quitar esa carga de los hombros de su persona especial. Bulyeong escucha, inseguro de qué decir exactamente, había hecho investigaciones sobre el círculo cercano de Suyeong y complementado con información que Sooan ya poseía, encontrándose con una familia, amigos y vínculos románticos que lo dieron por perdido, algunos habían detenido la lucha mientras que otros continuaban el legado del chico de ojos redondos. “Has tocado y empatizado con otros, quizás más de los que crees, te convertiste en la esperanza de un nuevo mundo que muchos dieron por perdido ante la indiferencia de quienes lo gobiernan… Es una enorme responsabilidad que probablemente nunca pediste, pero que estás aquí por ellos, Suyeong, porque crees que merecen algo mejor y estás dispuesto a dárselos.” Sus oídos son sensibles a los ruidos por lo que percibe de inmediato el cambio de respiración y le aterra la idea de verlo saltar. La zurda se alza para tocar el hombro, mientras la diestra se posiciona frente al pecho ajeno, sin tocarlo directamente pero dándole un posible agarre en caso que siga las ideas que rondan su mente, inclinándose hacia el lado para hacer contacto visual y hacerle entender que no tiene que pasar por esta situación solo. “No importa la forma que tengas, para ellos siempre serás Suyeong, serás el Sully a quienes aman y que les ha brindado cientos de memorias felices…”
El corazón sangrante era un artilugio complejo y difícil, un corazón mecánico que había existido en el cuerpo de la primera mujer creada por la ciencia y quien, cuando se le quiso pisotear por el Adán y ser obligada a ser menos que él, ella reaccionó como cualquiera lo haría: con ira y resentimiento. Suyeong recuerda a su jefa, Lilith, una mujer irreverente y llena de poder, y ahora ese mismo corazón que alguna vez le pareció tan idóneo para una persona que manejaba un conjunto de piratas cibernéticos, le parecía poco practico para una persona que presumía de humanidad y que tenía que dirigir al mundo entero en una rebelión que se había enfriado con su muerte. Su corazón rechaza al otro inmediatamente, reconociendo al recipiente beta del Adán en Bulyeong, tensándose cuando lo tiene cerca y sus ojos se entrecierran, observándolo de reojo con una oscuridad no propia de Suyeong, como un gusano que carcomía sus órganos y drenaba a sus venas un liquido negro y espeso. - —No debí estar ahí, en el momento incorrecto en el tiempo erróneo. Si no fuese por mí tampoco ninguno de ellos tendría que sufrir, vivir así; con la carga de una misión que nadie nos encomendó y nadie bajará del cielo luminoso a salvarnos porque no somos más que gusanos, larvas de fácil producción y desecho… — -pero eran tantas las coincidencias que era inevitable que su destino fuese este, aunque nunca hubiese corrido detrás de quien era su mejor amigo, aunque nunca se hubiese unido a los piratas de Nimda Rouge, Suyeong presiente que la sangre que corría por sus venas y aquella que Sooan envió a su distrito cuando estuvo muy enfermo de niño, eran la prueba de que su destino estaba en ese camino doloroso y lleno de un dolor punzante que se desencadena directamente desde su órgano central, el cual bombea una sangre roja que ilumina todos los tatuajes de su brazo mecánico. Se tensa cuando la mano cae sobre su hombro y no puede evitar girar su cabeza para observarla con desconfianza, frunciendo los labios con descontento, siguiendo el trazo por el brazo hasta la cara del otro quien buscaba motivarlo, o al menos evitar que cayese en ese lago de aceites y objetos corroídos por el tiempo y el espacio, donde sería consumido y consumido como un trozo de metal cualquiera y encontraría por fin la paz que ahora, anhelaba. - —Padre… ¿por qué me has abandonado?— -su frase escapa de su boca, lúgubre y oscura, sus ojos sin vida se posan sobre los ajenos y aunque no hace el atisbo de alejar aquella mano, tampoco cede ante el sentimentalismo. - —Tú, madre, ¿por qué hicieron esto conmigo? ¿acaso no merecía un final como humano luego de todo lo que tuve que entregar por una causa que está completamente perdida ahora? Mi fuerza se escurrió como agua y tengo todos los huesos descoyuntados. Mi corazón se derrite como cera; mi fuerza se ha secado como una teja quemada por el sol… rescátame de la vida que me has obligado a vivir.
A pesar de que hace tiempo dejó la adolescencia y no mucho que reclamó al delta como suyo con una marca, Minsu aún mantiene la energía de un joven lobo y que le distingue de los otros tres mates de Sakmin con facilidad. Era el segundo más alto además, cosa que contrarresta con su personalidad juguetona y cualquier forastero podría decir que es más joven de lo que aparenta, en especial al encontrarlo jugando con los cachorros de la manada en ambas formas. Sin embargo existen ocasiones donde se siente como un hombre, un adulto y un animal con instintos, estas son claramente relacionadas al mayor y sobretodo, cuando los deseos de poner una vida en su interior aparecen en su cabeza. Ama a Micha con su vida, la pequeña parece ser igual de inquieta que él, terminando ambos con pétalos y hojas secas sobre sus pelajes en cada aventura o juego de escondidas y recibiendo a cambio besitos del más bajo. La presencia de la niña había cambiado su vida por completo, esperando ansioso su turno para darle a Sakmin otro destello de luz. “Noona~” canturrea al ingresar a la cabaña, había dejado a Micha con los otros alfas antes de ir con su mate, los brazos se mantienen estirados hasta que encuentra el cuerpo ajeno, sujetándolo de la cintura. “¡He vuelto! ¿Me echaste de menos? ¿Sí? ¿Cuánto? ¡Apuesto que un montón!”
La tranquilidad de su hogar era algo que Sakmin, hace mucho tiempo, no añoraba como solía hacerlo ahora. Como un Delta, su misión siempre fue viajar y conocer, traer a su manada diferentes objetos y artilugios humanos interesantes que pudiesen mejorar su vida y hacer sus actividades más simples y siendo una criatura sociable y naturalmente extrovertida, claramente su trabajo era más como vacaciones. No obstante, desde que su omega enlazó no con uno o dos mates como era habitual entre los de su raza, sino con cuatro alfas diferentes, y había traído a la vida una pequeña criatura de exuberante energía y hermosos cabellos marrones, marcharse se volvía más complicado. Sus instintos se encienden cuando detecta una esencia en el aire, chocolate valiente con un toque de la picante canela, es que deja su actividad de doblar prendas diminutas y una sonrisa se dibuja en su faz. - —Bienvenido, pup — -habla con ese deje suave de voz que indicaba que estaba contento de verlo, su esencia nevada y la granada se vuelve dulce, jugosa e irresistible como lo fue para la reina del inframundo en algún punto. Sus manos se apoyan en un pecho ancho y fuerte, subiendo por las clavículas, acariciando un cuello marcado por sus dientes y entrelaza sus manos detrás del mismo, dejando un beso sobre los labios del otro. - —Muchísimo, ¿qué tal fue la cacería? ¿trajiste la liebre de la cual tenía tanto antojo para comer? — -sabía que no había un motor más motivante que sus deseos, al menos para sus cuatro alfas, haciéndole sentir poderoso. - —¿Tu extrañaste a tu noona, cariño?

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¿Entonces no va a hacer nada de lo que le dijo? Entonces tampoco usará los cosplay que le prometió(?)
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