A veces muero y nadie me busca
sólo las aves transitan mi casa
vuelan en círculos
como en el muelle de Ancón
rondando las vísceras humeantes que echan al mar
los pescadores, ese es todo el mar que se me viene a la memoria, el sol que crecía, el auto de tío Richard atravesando Lima, yo tratando de imaginar el océano, las olas, las otras orillas; mis ojos, atormentados por el sol del verano en el polvo de las avenidas, desaparecieron, atravesaron miles de kilómetros, embarcaciones, un avión que luchaba contra una tormenta, un deseo implacable por arrojarse al mar, una ola me estalló en la frente y sólo entonces volví, muerto, tía Nelva ha despertado y ha puesto cumbia, mis primos ríen y pelean, tengo una visión, veo y oigo a Josué con un táper en la mano rebosando de comida, alegre, veo a Jhon caerse, a Josué burlándose de Jhon, a mi tía gritando, a mi padre con el torso desnudo, señalándome con el dedo una isla que no alcanzo a ver, pidiéndome que no vaya a esa isla, que no muera, soy feliz, en este recuerdo nadie me encuentra, pero mi primer mar olía a sangre, el primer pelícano que vi dejó caer un caballito de mar sobre mis pies, en las láminas que uno pega en el colegio, nunca se ve a un caballito morir
una línea de casas se peleaban por la vista, el mar parecía un pez muerto y sin vísceras
los niños jugaban en el agua oscura, tenía dieciocho y aún no podía soportar mi corazón
la palidez de las sombrillas, por eso huí
me alejé todo lo que pude para poder fumar, mi padre me encontró y me pidió un cigarrillo, me señaló el mar, él no tuvo que hablar, sus ojos suplicaban y me amaban
es tarde, hay que volver ¿Tienes hambre?
en este recuerdo nadie me encuentra
aquí voy a parar cuando muero y nadie me sepulta
siempre en este día
siempre el avión que lucha
el caballito muriéndose
el auto de tío Richard atravesando Lima
yo escapando de todos para poder fumar
siendo encontrado una y otra vez
por mi padre
que me busca.