Ley del Mono 2016: el "dejar hacer” ciudad.
A inicios de Febrero de 2016 se promulgó una nueva versión de la Ley del Mono, una Ley que desde su primera versión en el año 1987 ha tratado de resolver de una manera bastante permisiva la autoconstrucción de viviendas, con respecto al cumplimiento de la normativa urbana. Sin embargo esta permisividad con el paso de los años y sus múltiples versiones (revisadas en este artículo) ha ido disminuyendo paulatinamente hasta llegar la nueva versión que está vigente actualmente hasta el 4 de febrero del año 2019.
Aún así, quedó instalado en la mayoría de las personas que la Ley del Mono 1998, la más conocida a la fecha, es la misma que vuelve a promulgarse cada vez que las noticias hablan de este tipo de leyes, y así nos lo han consultado desde fines de diciembre a nuestra página, que fue cuando se anunció su futura promulgación en los noticieros.
En esa popular ley del año ‘98 el Arquitecto solamente “prestaba” su firma para firmar los croquis o “monos” hechos por los propietarios, lo que derivó en una mala praxis de la que muchos sacaron provecho dadas las facilidades que permitía la ley. Tanto arquitectos, como estudiantes de arquitectura o dibujantes vieron la oportunidad para tener un ingreso extra mes a mes, con el mínimo esfuerzo.
Por su parte los propietarios aprovecharon tal ventaja para obtener permisos de edificación por construcciones realizadas “a la diabla”, sin más asesoría profesional que la experiencia constructiva que puede tener un maestro o algún conocido para construir las viviendas, pero sin respetar las normativas urbanas como la rasante, distanciamientos, adosamientos, alturas o antejardines, sin respetar el entorno inmediato del barrio (uno de los propósitos de la normativa urbana) ni tampoco a sus vecinos, que rara vez realizan las denuncias por malas construcciones ante las autoridades respectivas.
La mayoría de las ampliaciones que se realizan obedecen a un deseo de mejorar la calidad de vida de la familia en viviendas que siempre son mínimas o para un estándar de grupo familiar de 1 hijo.
Esta es una de las principales falencias de este tipo de normativas, la calidad de vida de un barrio o de los mismo habitantes de la vivienda ampliada no es considerada cuando la ley permite sobrepasar las normas de habitabilidad: altura interior mínima, ventilación, acondicionamiento térmico. Si bien la nueva versión de la Ley del Mono hace mención a estos parámetros, en lugar de mantenerlos bajan su exigencia, de modo que la altura interior mínima que normalmente es de 2,3 mts. se permite de hasta 2,0 mts.
Por otro lado, la nueva Ley del Mono contiene una serie de excepciones respecto de las normas urbanísticas para edificaciones emplazadas en antejardines, estacionamientos exigidos, adosamientos, constructibilidad y ocupación de suelo, estos ultimos con ciertos requisitos que acotan su alcance en cierta medida.
Nuestros legisladores antiguamente hacían vista gorda a este tipo de situaciones de tanta relevancia, al seguir aprobando diversas versiones de esta Ley que de manera directa van destruyendo la armonía de la ciudad, la convivencia entre vecinos y la calidad de la vivienda en nuestro país, lo que en teoría es el espíritu tanto de la Ley General de Urbanismo y Construcción como de su Ordenanza. Esta nueva ley parece enmendar tímidamente este rumbo para tratar de elevar la exigencia respecto a temas fundamentales como ventilación, resistencia al fuego y calculo estructural, para que esta ley no se transforme en el abuso que antiguamente era y sea aprovechada por propietarios de viviendas de autoconstrucción hasta un máximo de 140 m2 construidos.
En otros países de latinoamérica existen programas de gobierno que educan a las personas respecto de la autoconstrucción, en nuestro país existen ciertos subsidios al respecto pero no son de conocimiento de la mayoría. Quizá el rol de los arquitectos en lugar de reclamar que se les pueda dejar fuera de la ley al permitir que se construya sin su “sapiencia”, sea adelantarnos a los hechos y comenzar a educar a las personas respecto a como debemos construir y como la normativa afecta a estas edificaciones para el beneficio de todos.
La Ley del Mono es una especie de laissez faire, aquel macabro principio de la economía que deja al mercado actuar por si mismo, sin regulación alguna. En este caso, un dejar hacer ciudad sin regulación alguna. Aquellas pequeñas obras a las que está dirigida la Ley del Mono, tal como las grandes obras, también son las que van construyendo la ciudad, esa ciudad por la que el común de nosotros transita y en la gran mayoría habita día a día. La ley debiese velar por que cada vivienda sea construida en las óptimas condiciones posibles, y no en las mínimas que la normativa permite pasar a llevar de cuando en cuando. Pero también como arquitectos debemos pensar en nuestro rol social y educador, para comenzar a corregir estas deficiencias y construir mejores ciudades en conjunto con la comunidad.
Miguel A. Pérez Arquitecto















