Tengo una rabia que no controlo transcribiendo mis ideas, ensuciándolas, dandoles el sentido sincero de lo que soy todos los días.
No se qué hacer con ella, me la saqué de la cabeza y descubrí que había estado nublándome la vista, apagándome la voz, invadiéndome el cuerpo.
Estaba viviendo en mi estómago, se había anidado en mi espalda, adelgazó mis piernas, me endureció el cuello. Vivió toda mi vida entre mis días, entre mis suspiros, entre mis venas.
Hoy me duele, el cuerpo me duele de rabia, de enojo, de coraje. Rebota en mi pecho con fuerza, endurece mis movimientos, me tensa, a veces ni siquiera me puedo mover. El enojo me asfixia, ahoga los gritos que tengo atorados en el pecho, los detiene en la garganta, los encierra en mi cabeza y me vuelvo loca de rabia.
Estoy enojada y tengo miedo, lo siento en la cabeza, en la mirada que busca soluciones sin parar todos los dias, en los habitos que no controlo y me destruyen, en la mujer que pierde la noción del tiempo y se pierde, lo olvida, se lo reclama a si misma.
Tengo kilos de rabia estorbándome cada mañana, nunca supe donde ponerla, siempre intenté no proyectarla, hoy vive aquí adentro y no la puedo correr.
Estoy desesperada, quiero salir corriendo, quiero desaparecer y llenar el vacio de lo que fue mi presencia con justificaciones que suplan mi ausencia y la perdonen por no poder, por huir, por correr.